Edición 106

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By 7 de febrero de 2026No Comments

Arrierías 106

Trovador

“Yo adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno. Son las mismas que alumbraron con sus pálidos reflejos hondas horas de dolor… Pero el viajero que huye, tarde o temprano detiene su andar”. Tango Carlos Gardel y letra de Alfredo Le Pera.

Empiezo esta columna —en este nuevo año—, luego de estar fuera de mi tierra por varios meses, tiempo en el cual estuve siempre al tanto de los aconteceres de mi país y leyendo, como es habitual, la revista Arrierías donde sus directivas me abrieron otra vez el espacio para lograr expresar mis análisis sobre una de mis grandes pasiones, la música. He ahí la razón de iniciar esta nota con uno de los tangos más famosos en la voz del inmortal Gardel.

A pesar de infinidad de problemas de todo orden, Colombia es uno de los países que podría tener un desarrollo económico muy avanzado pero las condiciones de manejo político han impedido ese ideal; es claro que la política y la administración pública han sido permeadas por la corrupción, cáncer que no ha podido frenar el desarrollo artístico de los colombianos —en todos los ámbitos—, especialmente en el campo de la música.

Las canciones, sin excepción, tienen un sentido, una historia, un relato; vivencias que los poetas escriben y los músicos le integran unas notas, una composición que, regularmente, queda en la memoria si esa historia toca otra vivencia, la de quien escucha, la canta con sentimiento especial y la asume como propia.

Son muchas las obras escritas que hacen referencia al sentido que tienen las canciones, partiendo investigaciones, anecdotarios o vivencias de autores y compositores. Recuerdo que alguna vez en Arrierías se hizo mención a una obra, que luego compré, con la autoría de un escritor nacido en Sevilla, Valle, el economista Ernesto Pino, obra que leí con demasiado interés por los datos acumulados en años de lectura del doctor Pino: ¡Canta Conmigo, Canta! Editado por Sakuras Ediciones, cuyo lanzamiento se hizo en agosto de 2022.

Tengo también varios libros, uno de ellos del recientemente desaparecido musicólogo caldense Jaime Rico Salazar, en el cual destaco Cien Años del Bolero, en fin, obras que son un descanso espiritual en medio de tanta noticia que llevan a los colombianos a la desesperanza.

Iniciando este año y agradeciendo a las directivas de Arrierías, inicio mi regreso haciendo referencia a uno de los músicos, poeta, guitarrista, compositor y cantante, don José Benito Barros, nacido en el Banco Magdalena (1915-2007), una especie de Agustín Lara, pero nacido en Colombia, con más de 500 obras musicales en su maravilloso historial artístico, de las cuales recordamos al Gallo Tuerto, Las Pilanderas, El Pescador, Pesares, entre todas la inolvidable Piragua que se internacionalizó en la voz de Gabriel Romero; en fin, obras inmortales.

Pues el maestro José Barros hizo una canción que nos marcó a muchos de los colombianos por el tema relacionado con el sufrimiento del pueblo por sus muertos, los desplazamientos, el hambre: VIOLENCIA tituló este gran genio de la música popular a esta, en mi concepto, una de las obras más sentidas para la historia de la expresión musical colombiana:

“Oigo el llanto que atraviesa el espacio para llegar a Dios/ es el llanto de los niños que sufren y lloran de terror/, es el llanto de las madres que tiemblan con desesperación       es el llanto, es el llanto de Dios/. Violencia, maldita violencia, ¿por qué te empeñas en teñir de sangre la tierra de Dios/, por qué no dejas que en el campo nazca nueva tu floración/. ¿Violencia, por qué no permites que reine la paz?, que reine el amor? / que puedan los niños dormir en sus cunas sonriendo de amor? / violencia, ¿por qué no permites que reine la paz? /.

Grabada a comienzos de la década del setenta, este tema en formato cumbia sigue vigente y es el ruego de millones de seres humanos que en nuestro país han sufrido pérdida de familiares, amigos, bienes y tranquilidad por insanos armados que han hecho de la guerra un negocio. Triste realidad que el maestro plasmó en su composición musical. Inolvidable José Benito Barros, un grande en la historia de nuestro país.

PD: En la próxima edición me referiré a la ópera como expresión popular y no exclusiva de la élite intelectual o política.

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