Edición 106

LA IMPORTANCIA DE LA ENSEÑANZA DE LA HISTORIA

By 7 de febrero de 2026No Comments

Arrierías 106

Guillermo Escobar Baena

Justo en este momento en el que se inicia un nuevo año escolar, resulta interesante, pertinente y necesario indagar y reflexionar un poco acerca de las nuevas orientaciones que llegan desde el Ministerio de Educación Nacional a directivos, docentes, estudiantes y padres de familia, acorde con los nuevos enfoques que se van dando en la educación en nuestro país. En tiempos en los que también se expresan serias preocupaciones por varios factores que afectan la tarea de formar las nuevas generaciones.

Una de tales preocupaciones se refiere a los bajos rendimientos académicos de los estudiantes de todos los niveles, quienes al parecer cada vez más pierden el interés y el gusto por el estudio; situación que contrasta con el afán que muestran los niños y los jóvenes,  por consumir tecnología y asimilar casi de manera compulsiva los contenidos que de manera fácil y rápida se les suministran a través de los dispositivos, celulares, tabletas o computadores con la internet, sumados a los medios informativos, y que  parecen saciar su apetito de información digital que los ilustra a su manera, sin comprensión ni análisis.

Esta preocupación aumenta al registrar cada año el cierre de escuelas, de colegios y de aulas y, de desplazamientos y traslados, e inclusive despido de maestros, que ven cómo baja la matrícula por diferentes factores y crece la deserción escolar, la cual, según estadísticas, se registra en mayor volumen en la transición de primaria a secundaria y, de manera especial, en los grados 7, 8 y 9, que corresponden a edades críticas entre 12 a 15 y 16 años.

Se suma a ello el poco interés que demuestran un buen número de bachilleres para ingresar a la universidad, justo ahora cuando hay más oferta de carreras y también mejores posibilidades de estudio con mayores oportunidades en las regiones, y se ofertan con las facilidades en cuanto a costos, incluida la matrícula gratis y, en algunos casos, hasta con ayudas económicas para el sostenimiento en universidades públicas.

Todo esto nos debe llevar a pensar sobre el rumbo y el destino que le dan a su proyecto de vida esos jóvenes desertores que han perdido el interés en la formación académica; en el papel que juegan los educadores, la escuela, el colegio, la universidad, en general, todas las instituciones educativas en la formación de las nuevas generaciones y que tienen en sus manos la responsabilidad de contribuir a perfilar para el país, los nuevos ciudadanos en este siglo XXI.

De manera especial, resulta entonces necesario dar una mirada al enfoque del currículo educativo, partiendo de concebirlo como el conjunto estructurado de objetivos, contenidos, métodos pedagógicos, recursos y criterios de evaluación que guían el proceso de enseñanza-aprendizaje en una institución o sistema educativo. Su propósito de lograr la formación integral del estudiante, organizar la progresión escolar y definir qué se enseña, cómo se enseña y cómo se evalúa.

A través de los tiempos, en la historia de la educación, tanto a nivel mundial como en nuestro país, son muchos los modelos y enfoques que se han dado en la educación. En cada momento histórico, acorde con las condiciones sociales, económicas y políticas, se han estructurado diferentes tipos de currículos que se corresponden con los intereses de los gobernantes, de los industriales, comerciantes y organizaciones, tratando de responder a las demandas del modelo económico y de gobierno y de la sociedad, en su momento. Colombia no ha sido la excepción, casi que a cada período de la historia le ha correspondido también un ideal pedagógico, es decir, un tipo de perfil de estudiante a formar, con sus correspondientes énfasis que se reflejan en el tipo y número de materias o asignaturas a orientar y en los métodos que impone el modelo educativo.

Para este nuevo año escolar del 2026, el Ministerio anuncia la implementación de cinco (5) nuevas cátedras que se plantean como 5 inserciones curriculares, supuestamente para fomentar valores en el sistema educativo: Educación Cívica, Ética e Integridad; Educación Socioemocional; Educación para el Desarrollo Sostenible; Educación para la Seguridad Vial y Movilidad Sostenible. Ya en años anteriores se había también incluido la Educación Financiera en los colegios, buscando empoderar a los estudiantes para tomar decisiones informadas sobre el manejo del dinero, permitiéndoles comprender conceptos básicos de economía, fomentar el ahorro, la inversión, el emprendimiento y desarrollar habilidades para su vida cotidiana y futura.

Sin desconocer la importancia que cada una de estas áreas tiene para la vida y los grandes problemas que la sociedad actual enfrenta en cada caso, el interrogante que surge es en lo relacionado con la manera como cada institución va a resolver lo referente a la malla curricular en cuanto a los objetivos, los contenidos y los métodos de trabajo tanto de estudiantes como de los docentes y, lo más complicado en términos prácticos, lo referente a los tiempos y los horarios. Y, de la manera como resuelva esta situación, dependerá también en gran forma a que en sus estudiantes se recupere el deseo de estudiar, el afán de investigar y evitar así que continúe la creciente deserción.

No quisiera pensar que se repita lo que está sucediendo en algunas instituciones educativas,  que deberían dar  aplicación a lo contemplado en la Ley 1874 del 27 de diciembre de 2017 y el Decreto 1660 del 2019, para implementar las nuevas   cátedras de Paz y también la  de historia,  y hasta la fecha no han dado cumplimiento, diluyendo las temáticas de manera desarticulada, integrándolas en el área de ciencias sociales sin permitir que los estudiantes desarrollen la capacidad crítica de las situaciones y condiciones que se dan en nuestro país para tener una mejor comprensión de la realidad económica, social, política y ambiental, lo que les permita como futuros ciudadanos asumir un papel protagónico en el seno de sus comunidades, en cada territorio.

Es allí en donde cobran importancia el método y la lógica curricular,  y también  la manera didáctica y creativa   como  directivos y  docentes,  logren definir las formas de abordar las diferentes temáticas de estas nuevas cátedras y de  las  de historia y de la Paz, y los derechos humanos,   desarrollando  el pensamiento crítico, mediante  un enfoque dialógico, participativo y sobre todo, de manera práctica recurriendo entre otros  a la enseñanza basada en problemas (EBP) y en la formación por proyectos pedagógicos integrados (PPI), con los cuales se pueda abordar inclusive de manera trans e interdisciplinar,  los diferentes problemas  y orientar procesos de investigación acción participación (IAP), que como lo enseñara Orlando Fals Borda, permitan conectar la teoría con la práctica en la relación directa con la comunidad en sus propios territorios. No podemos olvidar la frase según la cual “quien no conoce la historia está condenado a repetirla”.

De esta manera se puede empezar a eliminar uno de los graves problemas que tiene nuestro sistema educativo como es el del  asignaturismo sin sentido, con el que se fracciona la realidad y se estudia de manera desintegrada e inconexa, perdiendo el sentido de unidad que tiene y dicha dispersión,  es la que lleva a que el estudiante muchas veces no entienda la importancia por ejemplo que tienen las matemáticas en la aplicación de la vida real para resolver problemas de la cotidianidad; lo mismo pasa con materias como física, química, álgebra y trigonometría, entre otras y qué decir de las ciencias naturales, la biología y el estudio de nuestra lengua castellana; ésta última que cada vez se desprecia más, lo cual se refleja  en las forma ordinaria  de escribir y de expresarse que caracteriza a muchos de nuestros jóvenes, instruidos sólo por las pantallas digitales.

Ojalá que por lo menos las noticias de lo que pasa hoy en Colombia y  en el mundo en estas nuevas circunstancias de la geopolítica internacional y que tienen amplio cubrimiento a través de los medios digitales, motive a nuestros niños y  jóvenes en este nuevo año escolar, no solo a estudiar la historia de nuestro país y del mundo entero, sino a asumir una postura crítica frente a lo que pasa, lo cual, para algunos, solo es materia de “estudio” a través de trabajos plagiados mediante la inteligencia artificial (IA).

En Sevilla, desde Walkiria, enero de 2026.

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