
Arrierías 106
José Emilio Yepes Rivas
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Mucho se viene hablando del efecto en todos los renglones económicos del país por la reducción del precio del dólar y por consiguiente del fortalecimiento del peso colombiano.
Este tipo de comportamiento obedece a factores financieros globales y a decisiones macroeconómicas internas e inciden y afectan directamente la competitividad y rentabilidad de muchos renglones e indicadores económicos, y en general, de muchos negocios en el país y en el exterior.
Felices los que importan, los que deben en dólares y los organismos que controlan indicadores como la inflación, pues en este escenario de dólar barato, se gana competitividad.
Pero en cambio los que colocan nuestros productos en el exterior como los que hacen manufacturas textiles y de cuero, como los que exportan productos agrícolas como café, cacao, frutales, cárnicos y otros, están viendo su rentabilidad reducida a niveles peligrosos o de quiebra, porque los negocios se vuelven poco competitivos.
Unos ganan, otros pierden……vaya lío.
Las políticas económicas del presidente de Estados Unidos de Norte America que busca tener un dólar devaluado para poder venderle al mundo todo lo que produce el coloso del norte, asociado con las políticas públicas locales donde el gobierno va a traer un gigantesco ahorro de los fondos de inversión en dólares y el endeudamiento que adquirió en el exterior, tiene la tasa cambiaria como la vemos hoy: el dólar a la baja.
El efecto que vemos en un sector como el agrícola es devastador: el margen de rentabilidad en nuestra microeconomía del campo va hacia la quiebra, la bonanza verde se esfumó (aguacate y limón), y la recuperación en los precios del café se está acabando, entre unos pocos ejemplos de la producción agrícola.
¿Dónde queda la estabilidad macroeconómica del país sin perder de vista la productividad?
Nos preguntamos con asombro donde va a quedar la política agrícola del país cuando se socava la rentabilidad y sostenibilidad de manera tan evidente y se aumentan los costos de producción en la mano de obra con los que se evidencia, por ejemplo, con los salarios de hoy y la falta de política y crédito accesible para los agricultores.
Lo que es evidente es que la inseguridad en el campo, sumado al enrarecimiento del orden público y las proyecciones económicas cambiarias, están desestimando la inversión de los que creemos que la producción agrícola es el principal motor de desarrollo, paz, estabilidad y bienestar para la mayoría de los colombianos.

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