
Arrierías 106
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La Libertad de Expresión es el derecho fundamental que se refiere a la opinión, a la facultad que tenemos todos los seres humanos, dentro de la concepción moderna de Estado de Derecho, para pensar y decir lo que se piensa, para informarse y abstraer de esa información lo que pueda servir para ejercer su derecho como ciudadano de negar, aceptar, discutir, escribir o negar toda acción que tenga que ver en su búsqueda de la dignidad para ejercer sus derechos. Es un derecho fundamental que tiene límites cuando entramos en contacto con otras personas, límites que parten de la veracidad de lo que se expresa o de la utilización que hacemos del conocimiento de un hecho cuando puede afectarse la dignidad de otra persona. Usted, amigo lector, tiene todo el derecho de opinar, pero no puede hacerlo cuando afecta o lesiona los derechos de otra persona.
Otra de sus limitaciones está cuando, a través de su criterio, expresa públicamente acciones como inducción al delito o la apología del mismo. Podemos sintetizar, en razón de espacio en un editorial, que los límites a este derecho que está dentro de nuestro Ordenamiento Jurídico en el artículo 20 y se complementa con el artículo 21, se refieren a la honra y el honor de todas las personas. En la Libertad de Expresión su límite está en el honor y en la Libertad de Información en la veracidad.
En este editorial queremos resaltar la importancia de la Libertad de Expresión ante la avalancha de noticias, falsas muchas de ellas, que están inundando todos los medios de información; las llamadas bodegas que se utilizan en internet, las declaraciones y ataques personales que en público se están utilizando como manera nefasta de llegar al poder en este año de elecciones en Colombia. Medios, políticos, adláteres oficiosos de campañas sin convicciones o idearium político de organizaciones partidistas quienes desempeñan su trabajo negativo mediante pago. Lo importante, en esta locura invasiva de informaciones negativas, es captar votos mediante el odio, la presión o el terror de lo que, aseguran, “vendrá si no votan por nuestros líderes, por nuestras listas”. La típica política del miedo para lograr un fin último: la toma del poder para que burocracias partidistas manejen presupuestos, contratos y entren a saco en el presupuesto nacional alimentado por una carga impositiva infame. Esta política perversa no es atribuible a un sector político en particular. La aplican organizaciones de derecha, izquierda o de centro. La historia nos da la razón pues esa constante institucional de asalto a los impuestos de los colombianos viene desde las primeras décadas del siglo 20, para no ir en este análisis desde la incipiente formación de nuestro Estado republicano después de las guerras de independencia.
En la actualidad hay en Colombia más de 30 partidos políticos reconocidos y en vigencia, con la particularidad de que las diferencias doctrinarias se confunden y cuando no se confunden fuerzan alianzas que llevan a risa al análisis de estudiosos de la teoría política, con un agravante máximo: casi todos utilizan la desinformación, el ataque personal al honor y la intimidad de las personas. Para estas mentes criminales, recordando a Maquiavelo, hay que llegar al poder como sea, sin ataduras éticas o morales, violando códigos de comportamiento social o ciudadanos. Su doctrina es el FIN, justifica los MEDIOS.
En Arrierías, sus directivos y asesores invitamos al ciudadano colombiano a votar. Puede hacerlo escogiendo a quien llene su esperanza de vida, de oportunidades legales hacia un futuro mejor; a votar en conciencia y/o negarle el voto o votando en blanco cuando los inscritos provengan o hagan parte de estructuras delictivas, corruptas o sin ideas de lo que es, en esencia, COLOMBIA como un Estado Social de Derecho.
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