
Arrierías 106
Francisco A. Cifuentes S. Miembro Academia de Historia del Quindío.
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Para todos es sabido que el lunes 25 de enero de 1999 a las 13:19 sucedió el Terremoto del Eje Cafetero, que ha pasado así con mayúsculas a la historia de la geología, pero sobre todo a la historia social e infraestructural de la región con implicaciones muy importantes primero por la degradación del entorno y posteriormente para el desarrollo de la región; pero también produciendo una serie de investigaciones, escritos de diverso género y reflexiones que la mayoría de la población no conocen y que es importante darles visibilidad en esta nueva fecha de conmemoración.
El duelo individual y colectivo en parte se ha realizado y esto pertenece más al ámbito de la emocionalidad y la espiritualidad del ser humano; puede ser un proceso corto o muy largo, máxime cuando se han perdido seres humanos que hicieron parte de una familia en especial, incluso cuando fallecieron familias enteras quedando atrapadas entre los escombros. Las imágenes de cuerpos destrozados aún quedan en el cerebro de muchos ciudadanos y este trauma post terremoto no cesará así de simple por mucho tiempo; ya que esto quedará en la huella individual, familiar y colectiva.
Pero pasando al terreno intelectual, existen unas implicaciones de orden investigativo, académico y narrativo que también hacen parte de esa catarsis, claro, desde otros ángulos y perspectivas, y que es necesario visibilizarlas promoviendo así un conocimiento público, ojalá con efectos positivos para ciudadanos y administraciones, al valorar estas trágicas enseñanzas; por ejemplo, en la prevención de riesgos y en la planificación integral del territorio.
El evento cuyas coordenadas se ubicaron a 4,29 grados de latitud norte y 69 grados de longitud oeste, a una profundidad de 17 kilómetros, en las montañas del municipio de Córdoba (Quindío), es el producto del movimiento telúrico acaecido en la llamada Esquina de la Placa Sudamericana donde convergen las placas de Nazca y del Caribe. Pero sobre estos tópicos la mayor y mejor información se puede hallar en el Observatorio Sismológico de la Universidad del Quindío. Al respecto, en octubre de 1988 el PHD Armando Espinosa Baquero ya había realizado unas predicciones con base en las frecuencias de sismos de intensidad 7 en la región. Posteriormente el Doctor Espinosa consignó sus reflexiones en un trabajo titulado “Algunas enseñanzas del terremoto en el Quindío”. Este profesor del la Universidad del Quindío y Miembro de la Academia de Historia del Quindío fue nombrado Miembro de Número de la Academia de Ciencias Exactas y Naturales en 2010 y reconocido como Investigador Emérito por Colciencias en 2016.

Sobre la temática de estudios sísmicos es importante destacar que es la Universidad del Quindío por medio de la Facultad de Ingeniería la encargada del denominado “Estudio de Microzonificación Sísmica del Departamento del Quindío”, del cual el 10 de diciembre de 2025 ya fue entregada la parte correspondiente al Municipio de Armenia, su capital, pero que ya existen adelantos sustanciales sobre el resto de los municipios; lo que permitirá, entre otros aspectos, determinar las áreas aptas para vivienda, agroindustria, comercio e infraestructura dentro de los Planes de Ordenamiento Territorial, en la medida que se caracterizan los suelos y se prevén las zonas de mayor riesgo; entre otras cuestiones de interés para la sociedad, los planificadores y las administraciones municipales.
Ahora bien, acerca de el fenómeno en si y sus consecuencias existen los siguientes trabajos dignos de mencionar: “La catástrofe del Eje Cafetero en un país sin memoria” (1999) de Gonzalo Duque Escobar y María Rosario Saavedra y del mismo Duque “Amenaza Sísmica en el Eje Cafetero” (2021). “Diagnóstico del Sismo del 25 de enero de 1999” de J.D. Arango y B.E. Quintero (2000). “Lessoning Seismic Engineering and Disaster Prevention” de O.D. Cardona (1999). “Estudio de caso: el terremoto del Eje Cafetero. Colombia, 25 de enero de 1999” por el venezolano Antonio Aguilar.
Existen otros documentos que hablan propiamente del fenómeno y de la reconstrucción a que dio lugar, como de las falencias en este proceso: “El terremoto contado desde adentro. La tragedia continúa” de Oscar Escamilla y José Luis Novoa. “Desastre en la ciudad” del periodista y escritor Apher Rojas Carvajal en el cual se centra en el discutido tema de las donaciones internacionales y los manejos presupuestales para la reconstrucción del Eje Cafetero. Cabe resaltar el magnífico trabajo del escritor y periodista Alejandro Valle Betancur “Volvimos a nacer (El terremoto de Armenia)”, publicado en 2001 por el Fondo Mixto para la Promoción de la Cultura y las Ates del Quindío, con abundante material fotográfico de Luis Fernando Herrera Zuluaga, Franklin Rodríguez Forero y Orlando Quiceno López.
La academia ha continuado con sus aportes: A partir de este fenómeno han surgido en la región especializaciones y maestrías en patología desde la ingeniería, en gestión del riesgo desde varias disciplinas, derecho urbano e inmobiliario desde las ciencias jurídicas.

Acerca del impacto del terremoto en la necesidad de abordar el fenómeno dentro de los futuros ordenamientos territoriales de la región y cada uno de sus municipios, es necesario mencionar que el Fonde para la Reconstrucción del Eje Cafetero (FOREC) patrocinó varios textos de investigación y prospectiva, tales como: “FOREC. Unidad de Ordenamiento Territorial, Desarrollo Urbano y Gestión del Riesgo. Un nuevo modelo de gestión territorial para el renacer de la región”; pues por esa época se iniciaban las discusiones y las primeras aplicaciones de la legislación sobre ordenamiento territorial (Ley 388 de 1997) y gestión del riesgo en Colombia y en sus regiones. “Quindío: Territorio y Planeación. Una construcción colectiva” libro producido por el Departamento Administrativo de Planeación del Quindío con un equipo humano interdisciplinario, en el cual se pasó del diagnóstico a la prospectiva en el proyecto “Quindío 2020”. Trabajos similares se realizaron para Risaralda, Valle del Cauca, Tolima, Pereira y Chinchiná y una primera “Zonificación de Amenazas” gracias al trabajo de INGEOMINAS.
Desde el punto de vista periodístico tanto El Tiempo como El Espectador fueron registrando la tragedia en detalle. Pero igual sucedió con los periódicos regionales como La Patria de Manizales, El Diario del Otún de Pereira y sobre todo La Crónica del Quindío. Al respecto, de este trabajo diario posteriormente surgiría el texto “Noticias del terremoto” (2024) del profesor Germán Rojas.

Además de los aportes científicos, narrativos y periodísticos aquí registrados es necesario llamar la atención para que a estas alturas ya es necesario construir un “Museo del Terremoto y de la Reconstrucción del Eje Cafetero” donde quede consignada la memoria fotográfica del hecho y la trazabilidad de la reconstrucción; los procesos y diseños arquitectónicos a que este fenómeno dio lugar; los documentos administrativos del FOREC, las ONGs, los departamentos y los municipios que hicieron parte de la gestión para dicha reconstrucción; los registros del trabajo de las comunidades locales y barriales, tan importantes y tan desconocidos; pero que hicieron parte de esa lucha diaria por salir adelante y que están en la memoria oral e histórica de sus habitantes, de sus Juntas de Acción Comunal y de sus Juntas Administradoras Locales.
Posteriormente trascendiendo el estudio del fenómeno en sí. el Programa para el Desarrollo de las Naciones Unidas (PNUD) patrocinó el Primer Informe Regional de Desarrollo Humano dedicado a la región titulado “Un Pacto por la Región” (2004), elaborado por el CRECE de Manizales, el CIR de Risaralda y el CEIR del Quindío, en el cual se realizó un diagnóstico y un análisis muy juicioso de la región desde las concepciones del desarrollo humano del premio Nobel Amartya Senn.
Más adelante, con la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero (PCCC) como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO (2011) se han producido estudios sociológicos, económicos, arquitectónicos, gastronómicos y ecológicos por parte de especialistas de las universidades de Caldas, Nacional de Manizales, Tecnológica de Pereira y del Quindío, destacándose entre nosotros los aportes del sociólogo Gustavo Pinzón. Aquí es importante decir que los dos últimos trabajos (PNUD y UNESCO) partieron de preocupaciones surgidas a la raíz del terremoto y buscando nuevas perspectivas de desarrollo para la región.
De parte de las ciencias sociales tenemos unas deudas temáticas por investigar y reflexionar al respecto: en boca de administradores y prácticamente de toda la sociedad se puso en moda hablar de “la reconstrucción del tejido social”, categoría que es necesario rastrear para ver cómo se concibió desde el poder, cuáles fueron sus aplicaciones reales, cómo ha sido su impacto en las comunidades; pues en la vida cotidiana sigue existiendo el conflicto, la intolerancia, la falta de cultura ciudadana, el feminicidio y el maltrato infantil entre otras falencias que aquejan la sociedad.
El estudio de las migraciones regionales, departamentales, municipales y barriales está por realizarse; pues ha sido evidente que llegaron muchas personas de otras partes buscando los beneficios de la reconstrucción; además, que hubo por órdenes del mismo FOREC traslado de casi barrios enteros a otros municipios y lugares donde aún no se han acoplado estas comunidades como se puede ver en Armenia, Calarcá, Montenegro y La Tebaida.
En esta misma dirección de la preocupación urbanística no es posible que aún existan asentamientos ilegales, cuya solución no se dio en el proceso de reconstrucción; pero que además hallan aumentado en zonas de riesgo en laderas, al lado de las cañadas y quebradas que circundan o están por dentro de la ciudad capital y los cascos urbanos. Y sería muy interesante evaluar el estado actual de esos barrios, de sus viviendas, de los servicios públicos y en general de la calidad de vida y de la empatía entre sus habitantes.

Las ciencias de la salud, en particular la psicología debería abordar el impacto psicosocial del sismo en los habitantes; porque las áreas de salud mental se llenaron, el consumo de alucinógenos se disparó, los habitantes de calle ya coparon toda la ciudad, el síndrome postraumático fue evidente, los suicidios son casi normales. Aclarando que todo lo anterior es causa de múltiples variables, pero que por lo menos en el Quindío ha aumentado desde el terrorífico sismo del 99.
Cabe registrar nuevamente todas las ventajas infraestructurales y en general los avances físicos e inmobiliarios para el desarrollo del departamento y sus municipios, como se puede apreciar en la infraestructura educativa, las instalaciones de la policía y el ejército, los cuerpos de bomberos, algunos centros hospitalarios, las iglesias y sus templos aunque algunas sigan mendigándole a sus fieles para embellecerse, muchísimos barrios nuevos y bonitos, los edificios públicos y otras conquistas que hace que el departamento nos orgullezca y permita la visita de oleadas de turistas para apreciar su naturaleza y su desarrollo.

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