
Arrierías 107
Umberto Senegal
—
PAÑITOS DE AGUA TIBIA
Shara Bueno
Poesía
Biblioteca de autores quindianos
Edición y prólogo:
Natalia Barriga Gómez
Imágenes interiores:
Shara Bueno
Asesoría virtual:
Laura Hernández
Diagramación e impresión:
Graficas EDA
Diseño de cubierta:
Olga Lucía Jordán
106 páginas
—
“Mis pañitos de agua tibia fueron el descubrimiento del cuidado y la paciencia cuando un dolor sin nombre habitó mis manos después del COVID”, confiesa Shara en la introducción al existencial desfile de los 42 poemas que componen este su libro primero. Poemas rebosando malestar y furia. Pañitos, no de agua tibia, sino de ácido sulfúrico, o nítrico, clorhídrico o fluorhídrico cuando el lector tropieza con lo crudo de sus temas; con la mujer desgarrándose en público sin temores ni prejuicios, porque sabe que circula a diario por una ciudad igual o peor con sus desgarraduras de toda índole: “Un sol ácido y desdentado ilumina/las calles de Armenia/y en ella los finos acabados de la corrupción”. De una u otra forma, para ecografiarla y diseccionarla como lo hace con sus poemas, sin ninguna corrección social, política o cultural, la escritora debe haberla vivido para poder contarla en su poesía, y aplicarse y aplicarnos a sus lectores tan corrosivos pañitos. La ira la identifica cuando los lee dentro o fuera de su ciudad. O cuando comienza a escribirlos. Y se le vienen encima no solo la ciudad real, de cemento y acero y podredumbres, sino esa otra ciudad que ella misma construye en su interior, territorio urbano salvaje y cruel, conformado por arquitecturas de su alma y sus sentimientos, de sus hábitos cotidianos: “…no entienden mi ruta/y aun así confían en que llegaré/con el vino o/cualquier cosa/que sirva de pasante/para la amargura…”
El primer libro de esta joven poeta (1999), quien junto con Anid Jocabed, Angie Vanessa Ramírez Castillo y Sara Marian representan la más nueva y genuina poesía quindiana femenina, es brillante testimonio dentro del panorama poético contemporáneo del Eje Cafetero. Su voz, reciente pero madura en sensibilidad, nace entre raíces profundas del horizonte urbano. A la poesía de Gustavo Rubio describiendo la Armenia urbana, se suma la voz de Shara Bueno, acompañándole con intensidad semejante en sus recorridos poéticos críticos. A través de una confrontadora conciencia y uso moderno del lenguaje, en cada poema se percibe la respiración del territorio, ya no con idílicos temas de los cafetales, los campesinos o el rumor de los ríos; ni con el paisaje ni con los valores conservadores, sino con el señalamiento de sus cicatrices y vergüenzas. Su mala gente. Las anomalías de cuantos componen la ciudad: “Naufrago por el cadáver de una ciudad estallada por/ un dolor palpitante y creciente”. Su escritura rehúye la imitación y busca, aunque presionada en alto porcentaje por formas y temas propios del poeta quindiano César Cano, en particular los extendidos y expresivos títulos de los poemas, una forma propia de hablar observando y describiendo la ciudad con asombro y lucidez, transformando lo cotidiano en símbolo y lo íntimo en territorio universal.
Testimonio del poder de la poesía en las nuevas generaciones del Quindío, con su escritura este libro se abre al mundo literario regional y nacional mostrándonos una voz fresca, honesta y valiente que presagia una trayectoria capaz de seguir creciendo porque en estos poemas vive una vocación verdadera que nombra y comprende la vida a través del dolor: “Estoy cansada de tener fe, /de creer en un país sin esperanza”. En la poesía de Shara Bueno, Armenia es un organismo enfermo respirando a través de los cuerpos de quienes la habitan. Sus versos cargan la zozobra del tránsito y el tedio de los días y la rabia de saberse joven en un país que ofrece cada vez menos esperanzas; no disfrazan el dolor con metáforas hermosas, lo dejan visible con la valentía de quien aprende que la poesía también puede ser una herida abierta. En sus 42 poemas, algunos cercanos a la prosa poética, Bueno cimenta una radiografía citadina desde la angustia y la lucidez. Títulos como Ventana artificial, Juventud, Dudo que pueda escribir poemas tan malos como los míos o La colada más salada del mundo, evidencian una mirada irónica y dolida frente a la vida urbana y familiar, la pérdida de sentido y el desgaste de la esperanza levantándose como bitácora íntima donde el dolor personal y la crisis social se entrelazan. Con mezcla de ternura y desesperanza, la poeta observa y describe la cotidianidad suya y ajena, consciente de que la realidad social y económicamente convulsa del país atraviesa la piel y la palabra. Sus poemas son resistencia emocional, “pañitos de agua tibia” que no curan, pero sostienen: “El enojo llegó de muchas formas, entre ellas, por medio de los obstáculos constantes que enfrentamos los artistas al intentar crear espacios para la vida y el arte”.

Escritura de mujer que afronta el desencanto sin renunciar a la belleza mediante versos que duelen al explorar la angustia de vivir en una ciudad herida, donde rutina, ruido y soledad son vuelven símbolos de una crisis más amplia, la social y económica que atraviesa el país, producto de gobiernos ultraderechistas corruptos. El volumen se enriquece con frases manuscritas e ilustraciones elaboradas por la autora, elementos artísticos que amplían la experiencia estética y remiten al espíritu libre del fanzine, medio en el que Shara ha experimentado con la mezcla de texto, dibujo y confesión. Tal dimensión visual aporta cercanía y honestidad. El lector no solo lee, ve y siente el pulso de quien escribe.
El tono desesperado y rabioso, conecta a Shara Bueno con una genealogía de poetas contemporáneas que hacen de la ciudad su campo de batalla. En Estados Unidos, autoras como Eileen Myles y Anne Boyer escriben desde la marginalidad y la precariedad urbana, cuestionando los sistemas que oprimen los cuerpos y las subjetividades. En los poemas de Myles, como en los de Bueno, se siente la rabia contra la normalidad social, la pobreza, la soledad; un mismo impulso de escritura como supervivencia. En América Latina, el diálogo es aún más cercano. María Auxiliadora Álvarez, Venezuela, y Cristina Peri Rossi, Uruguay, representan la ciudad como territorio hostil donde la mujer intenta no desaparecer. Raquel Lanseros, España, y Begoña Callejón, también escriben desde un malestar urbano en el cual el cuerpo se desintegra frente a la modernidad que promete felicidad, pero solo entrega desamparo. Aconsejable para el desarrollo poético de Bueno, acercarse a la obra de escritoras jóvenes como Sofía Sánchez, México; Selva Almada, Argentina, o Elisa Díaz Castelo México, quienes trabajan una escritura de la incomodidad, donde lo íntimo y lo social se confunden. En todas estas, como en Shara Bueno, la palabra surge como resistencia ante la precariedad material con poemas que si no ofrecen escapatorias, por lo menos son registros del temblor y del miedo, del deseo por romper las máscaras de una sociedad retardataria y fascista que, hoy por hoy, en Colombia se derrumba. Las frases manuscritas e ilustraciones que acompañan el libro reafirman esa necesidad de ensuciar la forma, de hacer visible la cicatriz, gesto que recuerda los fanzines feministas y la escritura punk urbana. Pañitos de agua tibia se inscribe en la corriente poética femenina contemporánea que entiende la poesía como grito de dignidad frente al caos. En medio de la ciudad dolida, Shara Bueno levanta su voz para decir, sin adornos, que la desesperanza también puede tener belleza.

Comentarios recientes