Edición 41 Arrierías

INDISCIPLINA SOCIAL

Para nadie es un secreto los estragos que está causando en la humanidad el letal Coronavirus, pandemia de la cual, hasta el día de hoy, no se conoce su origen y las especulaciones, fórmulas, fármacos salvadores de la cultura popular y demás pululan a través de las redes, medios de comunicación y la voz a voz entre familias, comunidades.

Las autoridades han establecido una normatividad, estricta si se quiere, que de hecho ha afectado a grandes ciudades en la mayor parte de los países del mundo donde se restringe la movilidad, algunos derechos fundamentales y, especialmente, la economía.

Hay países donde la cosa se ha tomado en serio: Japón, Australia, Korea entre otros, pero la mayoría han tomado esa mortal pandemia como algo usual, como un resfriado y no cumplen lo básico para evitar el contagio. Este mal desesperanzador de la indisciplina, ha tomado un auge inusitado en Colombia: gente en aglomeraciones sin tapabocas, sin condiciones mínimas de aseo en sus manos y, por supuesto, nos hemos convertido en uno de los Estados que en Latinoamérica es de los más afectados estando por delante Estados Unidos, Brasil y Méjico.

En Caicedonia han existido normas estrictas al respecto cuando comenzó la enfermedad: controles para entrar y salir de la ciudad, pico y placa, exigencia de protocolos mínimos y luego…. la consabida indisciplina social. Jóvenes en fiestas rurales y urbanas evadiendo el control policial; algunos bebiendo y escuchando música en la calle con equipos de alto sonido en sus carros de alta gama. La gente se pregunta: ¿dónde está la autoridad?

Pues las normas están, pero ni la alcaldía ni la policía dan abasto en esos controles. Aún en restricciones de toque de queda después de las nueve de la noche están estos jóvenes de parranda desafiando la autoridad establecida.

La segunda pregunta: ¿dónde está la autoridad de los padres?, el control sobre sus díscolos hijos? He ahí la raíz del problema: no hay falta de autoridad administrativa, hay falta de autoridad paterna, familiar. Mientras esto ocurre, los hospitales están saturados y el personal médico no da abasto. Quienes desafían la normatividad no están incursos en un delito leve. Son criminales en tanto que la irresponsabilidad al desafiar normas permite el contagio de sus familias y sus allegados. He ahí un problema de conciencia social del cual carecen la mayor parte de colombianos pues los saraos, las reuniones “familiares”, las parrandas y bebetas son un mal nacional en plena pandemia. Cuánta razón tenía el maestro Daría Echandía cuando expresó, en medio de su desazón, la frase inmortal: “Colombia, país de Cafres”.

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MONTENEGRO

Sin lugar a dudas, el turismo, la recreación y el deporte son las actividades que más jalonan turismo en Colombia, pero, también, las más perjudicadas respecto de las restricciones por la pandemia.

El Eje Cafetero, con su reconocido Paisaje Cultural Cafetero al cual pertenecen Sevilla y Caicedonia, es de las zonas más golpeadas.  Muchos municipios han expuesto y presentado varios planes para mitigar un poco la falta de turistas: venden artesanías, organizan pequeños grupos para visitas guiadas, alquilan algunas casonas de la tradicional arquitectura de colonización antioqueña; otros presentan planes novedosos para sus hostales y hoteles, en fin, la gente moviéndose, planeando actividades con la esperanza fija de pronta normalidad.

Montenegro, Quindío, es uno de los municipios más conocidos en Colombia y el exterior por sus parques temáticos. Prácticamente en una población de paso hacia el Parque de la Cultura Cafetera y Panaca, entre otros. Los turistas, con excepción de unos pocos, seguían derecho a sus destinos inmediatos y el beneficio comercial o económico para el pueblo ha sido poco.

Días atrás, quien esto escribe, integrante del Comité editorial de Arrierías, visitó el bello municipio. El impacto positivo fue inmenso. En la mayoría de las casas de la bella población, artistas locales pintaron murales de vivos colores en las paredes y portones de las casas recreando la tradición rural y cafetera del Quindío, sus arrieros, yipaos, pájaros del entorno pintados en forma tan real que parecen aletear o tener vida real; flora, campesinos tradicionales, en fin, un verdadero espectáculo visual.

Al preguntar sobre el proyecto, lo describieron como la Galería de Cielos Abiertos. Una maravilla. Meses anteriores unos pequeños y futuristas empresarios del municipio, la familia Chacón Zuluaga habían presentado su maravilloso y reformado hotel Las Veraneras, en Pueblo Tapao -corregimiento de Montenegro-, destinado a personas que quieran tener una estadía corta, mediana o a largo plazo con toda la atención y servicios personales de salud, alimentación y recreación. A todo el frente de este hotel, uno de los mejores restaurantes populares del caserío Restaurante California. Otra maravilla gastronómica manejada por personas del bello municipio quindiano. (Pueblo Tapao está ubicado a 10 minutos de Montenegro en cuyo trayecto está el famoso Parque del Café).

Bien por Montenegro, por el Quindío. Mezclaron el arte con turismo y gastronomía. Vienen tiempos insuperables. Felicitaciones a nombre del grupo editorial Arrierías.

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