“Quiénes son estos jóvenes que hoy alzan su voz?  Son la voz de un país descubriendo su dignidad, reclamando por fin lo que le deben hace ya varios siglos; la patria que todos merecimos, la felicidad que nos robaron, los muertos que se llevaron los ríos, el pan que aquí no pusieron sino en unas cuantas mesas, la educación que les pintaron como un lujo cuando han debido dársela como el mayor derecho” *.

Por estos días de pandemia, de encierro y de aislamiento, de paros y de convulsión social, me refugio en la lectura y haciéndole un poco el quite al bombardeo de mensajes e imágenes que circulan por las redes, abordo entre otros el libro “La tercera Ola” de Alvin Tofler quien también escribió “El shock del futuro”, asícomo otrostextos de historia universal y de nuestra historia Patria, y de nuestro insigne escritor William Ospina, tratando de entender el momento presente.

Que el mundo está cambiando y cambiará, eso nadie lo puede negar y que nuestro querido País Colombia también está cambiando de eso no nos queda la menor duda. Sin embargo, paradójicamente aún quedan personas que no lo creen o, no lo quieren aceptar y prefieren caer en la “negación”, en la “injuria” o en la “difamación”, como mecanismos de defensa o de distracción.

A un buen número de personas les cuesta pensar sobre el futuro y mucho más imaginarse una forma de vivir diferente. Se dan cuenta que las cosas a su alrededor todos los días cambian, pero creen ingenuamente que los cambios que están sucediendo no les afectará y por ello prefieren no pensar en aspectos complejos como la política, la economía y las formas de gobernar; prefieren bajar la cabeza como el avestruz o mantenerse en su zona de confort para que nada les afecte, conformándose a que le den “más de lo mismo”.

Hay otras personas en cambio, que también como mecanismo de defensa se apegan a relatos bíblicos, mítico-religiosos, con interpretaciones místicas que les dan un mensaje apocalíptico que creen basados en su fe ciega y les muestran los hechos como el “fin del mundo”, como el gran “Armagedón”, término bíblico que varias religiones y culturas emplean para referirse al fin del tiempo como la gran catástrofe.

Afortunadamente también existimos personas, al parecer ya la mayoría, que al tratar de comprender los hechos, los cambios y lo que  actualmente está sucediendo en el mundo y en especial en Colombia,  no asumimos una actitud pasiva ni contemplativa y mucho menos “de rogativa” al no caer en la trampa del miedo y del pánico que nos quieren infundir con el supuesto “Armagedón” o con su  equivalentemito  de la “Revolución Molecular Disipada”, ni mucho menos  nos conformamos con “más de lo mismo” para seguir en las mismas eternamente.

Por el camino del racionalismo crítico, de la lectura reflexiva  y no del “pensamiento ingenuo”, con una actitud propositiva, constructiva y bajo un enfoque transformador para mejorar las condiciones actuales, asumimos el mañana con una visión optimista y esperanzadora, pero lo más importante, con un compromiso de contribuir activamente a construir un futuro más digno con  las nuevas generaciones actuando de manera decidida para cambiar desde ya, en el presente y superar el Statu quo de injusticia,  inequidad y pobreza.

Aunque se sabe que los cambios que se avecinan no serán nada fácil y que las décadas venideras serán agitadas socialmente, con turbulencia y hechos violentos probablemente, no podemos olvidar, sin embargo, que lo que hoy tenemos en cuanto a derechos, se ha alcanzado también bajo el rigor de las luchas. Somos una suma de generaciones que ha sobrevivido a todas las formas de violencia que se han dado en este país durante los siglos diez y nueve y veinte y también en estas primeas décadas del siglo veintiuno. A nuestros Abuelos les tocaron las guerras civiles, a nuestros padres las dos guerras mundiales y la de los mil días y a nosotros la violencia partidista, la guerrillera, la de los paramilitares y la de los narcotraficantes; violencias que aún persisten por la obstinación de quienes todavía creen que la solución está enmantener la guerra y no enalcanzar la paz.

Pertenezco a una generación que se formó bajo las premisas de “Dios y Patria”, “libertad y Orden”, formado en una educación de régimen en el que se aplicaba como principio “la letra con sangre entra” y a punta de regla y de “formación” diaria nos instruyeron  con voz de mando en donde nos decían: “o se mantiene la disciplina o se acaba la milicia” a “formar ….ar”; sin embargo, nos tocó aprender a subsistir  en un mundo de caos, de desorden; a sobrevivir no sólo ante la viruela y el sarampión; también ante la  delincuencia común, ante las fuerzas oscuras y ahora, ante el virus y  nuevas formas de violencia,  de las disidencias y de otras formas  cada vez más ingeniosas de corrupción y delincuencia.

A pesar de todo esto, conservo, gracias a la educación que me dieron mis Padres y también mis buenos Maestros, el amor por la lectura,  la capacidad de reflexión, del  pensamiento crítico y también conservo mi amor  por  Colombia con esa visión optimista y  esperanzadora pero NOingenua; fundada más que en la fe, en el conocimiento, en la lectura racional y crítica de la historia para encontrar la explicación de los hechos, los eventos y los fenómenos sociales, económicos y políticos  que  tanto  en lo universal como lo nacional y local, a través de los tiempos fueron marcando la historia que no es sólo la que está escrita o que mal nos contaron,  sino también la historia  que hoy se está escribiendo en las calles y que conocerán nuestros nietos.

Es esa visión optimista y esperanzadora,  contraria a la indiferente o a la negativa  y apocalíptica,   la que me permite vislumbrar las señales de los nuevos tiempos que se avecinan con mejores condiciones de vida; mucho mejores a las que les tocó vivir a nuestros abuelos y a nuestros padres, pero lo más importante, las nuevas formas de vida que tendrán nuestros hijos y las nuevas generaciones a quienes les corresponde ahora decidir y luchar por un mundo mejor, que SI es posible, no como algunos pretenden negarlo e impedirlo a base de represión.

Entre los cambios que estamos viendo actualmente, hay uno que personalmente destaco como algo alentador. Muchas personas, especialmente mayores,  con frecuencia se refieren a los “jóvenes de hoy” como una generación perdida, como “que no saben dónde están parados ni para dónde van” y los descalifican,  mucho más ahora que son protagonistas de estos hechos que se han dado en el marco del Paro Nacional, que a excepción de los hechos vandálicos con los que los han querido vincular y que en nada los representa en su mayoría, sí dan cuenta de un gran compromiso por asumir bajo su propio riesgo, la defensa de su presente y un futuro mejor con esperanza sobre el País que todos soñamos y respondiendo con claridad  para dónde vamos Colombia ¡ No podemos olvidar que fueron  jóvenes estudiantes quienes promovieron la séptima papeleta que dio origen a la Constitución actual del 91 y que muy seguramente todavía quedan personas mayores, mal llamadas “de bien” que quisieran estar viviendo aún bajo el régimen de la Constitución de 1886.

Ese liderazgo y gran protagonismo de los jóvenes,  lo destaco como alentador e inspirador porque reafirma mi visión esperanzadora  y no dejo de asombrarme cuando escucho a muchos de sus líderes jóvenes, hombres y mujeres, entusiasmados, con el arte y la cultura,  demostrar en las calles, parques y avenidas,  con valentía y gran orgullo de colombianos, que han  enarbolado las banderas de la justicia y de la equidad social para  lograr impactar con su mensaje en la conciencia colectiva inclusive en la de sus Padres y sus Abuelos pero ante todo, de la clase dirigente gubernamental, en los gremios  y en la sociedad civil e inclusive llamar la atención de la comunidad internacional.

 El mundo está cambiando y cambiará, Colombia está cambiando y ya no es la “patria boba” que unos pocos quisieron mantener. Colombia, mi País, su País, el País de todos,  vive un momento muy especial de su historia: un  proceso de despertar democrático de carácter cívico sin precedentes. Con el protagonismo de los jóvenes especialmente y con el accionar de los ciudadanos “de a pie” que expresan, en su gran mayoría de manera pacífica, el malestar social acumulado por tantos años, que no ha sido escuchado y en cambio sí reprimido históricamente, se ha dado un despertar de conciencia social inspirador de un mejor mañana para un pueblo que como el nuestro,  necesita derrotar  la corrupción,  superar la pobreza, la inequidad y la injusticia para fortalecer la familia  con el tejido social y recuperar la fe en sus propias instituciones, en el estado social de derecho, en defensadel medio ambiente  pero ante todo en aprender a vivir en paz y  con dignidad.

“¿Qué es lo que quieren estos jóvenes? Pues lo que quiere todo pájaro: poder volar y cantar; lo que quiere todo río, poder seguir su camino; lo que sueña toda vida, celebrar el mundo, merecer un destino, disfrutar de este breve tiempo que nos dieron sin sentir ese regusto amargo de que la tierra es de unos cuantos, de que la vida verdadera es de unos pocos, de que tenemos que dejar morir las ideas en nuestras cabezas, el talento en nuestras manos y el amor en nuestros corazones, porque el país es de cuatro dueños, porque los que tienen la tierra en vez de ponerla a producir la forran en alambre de púas, porque los que creen tener la cultura quieren guardarla en una caja fuerte”*

*William Ospina: “Una carta para puerto resistencia”.

Sevilla, mayo de 2021, del Siglo XXI.


El autor

Guillermo Escobar Baena

Educador, servidor público por cuarenta años, Ex-Alcalde de Caicedonia; fué Rector de varias instituciones educativas y también asesor de las Secretarías de Educación del Valle y de Cali. Dedicado actualmente a la investigación, a escribir y a la gestión cultural.

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