Después de las acostumbradas fiestas navideñas, de fin de año y de reyes, inicio deseándoles un próspero año 2024, lleno de salud, dinero y amor (como dice el tema musical).

No pretendo con esta columna convertirme en adivino o pensar que tengo virtudes y dones de clarividente, pero lo que sí es posible, es esperar que algunas actividades económicas tengan un comportamiento naturalmente esperado.

Si el trimestre final de 2023 mostro una desaceleración económica en la mayoría de las actividades comerciales en nuestro país y de manera notoria en el área de la construcción, por tanto es esperable que toda la dinámica económica continúe paralizando al país, hasta que por ejemplo, se rebaje de manera considerable las tasas de intereses bancarios, hasta que el ministerio de agricultura y desarrollo rural ofrezca programas de alivios y fomento a los agricultores, hasta que la DIAN mejore sus plataformas para dinamizar las importaciones, hasta que la confianza de inversionistas se recupere frente a las políticas públicas gubernamentales entre muchos factores que nos afecta el diario vivir.

Con los anuncio por parte de las autoridades correspondientes del aumento del costo de la energía y demás servicios públicos, de la gasolina, de los impuestos, y en general de la canasta familiar, el futuro inmediato compromete el hacer rendir la plática, lo que impacta negativamente la inversión en todos los sectores de nuestro país.

Con el inicio de los nuevos periodos para gobernantes locales y departamentales, es de esperar que la operatividad y dinámica de estos nuevos gobernantes sea lento y solo se concentren en la programación social y presupuestal de sus políticas públicas para los próximos cuatro años.

En muchas ciudades del sur-occidente de nuestro país terminaron el 2023 e iniciaron el 2024 con fiestas y ferias, lo que hizo posible que el turismo se convirtiera en un rubro importante de ingresos, sin embargo se pudo detectar que los connacionales no visitaron y celebraron con tanta abundancia y jolgorio como en años anteriores.

Esperamos, aunque no soy optimista, que el tema de inseguridad y alteración del orden publico empiece a dar respiro y disminuya la violencia, dejando que las comunidades vivan en paz y armonía.

Se dé la capacidad de aguante y resiliencia de los colombianos, sin embargo, el sentimiento de pesimismo se siente entre muchos. Ojala solo sea pasajero y podamos rectificar a mediados de este año estos augurios para el 2024.

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