“Cuando elegía por un amor mis canciones

De esas que obligan a beber y recordar”

Darío Gómez

La vida y el desarrollo de todo municipio tiene diferentes etapas que involucran a sus pobladores y luego persisten en la memoria colectiva de las generaciones hasta cuando van desapareciendo sus protagonistas.

De la misma manera que los mexicanos tienen culto a la muerte y suponen que evocando los difuntos éstos, no desaparecen, aunque hayan muerto, recordar esos sitios, personajes y anécdotas de la vida arrabalera de Caicedonia tiene como propósito darle a conocer a nuestros lectores, que no lo vivieron, o no conocieron, el cómo sus padres y abuelos crecieron y se involucraron o evitaron los lugares comunes de la juventud pueblerina.

Los llamados burdeles tenían localización, nombres y propietarios. Se ubicaron en la diez, se denominaba “el barrio”, o zona de tolerancia. Era el lugar predilecto para buscar mujeres de compañía, para bailar o ver bailar a Héctor Iván o Evelio Mejía, fox, pasodoble y, milonga con el acompañamiento de los maraqueros Badel o Fanor, en los salones de la Mona Vale, La Cuca, La Tres Pelos, la Mirla, la Loca Carmen, Toña la Negra, la Zarzamora, la Pan Pelao, y muchas más. Y, en sitios de grata recordación para esas generaciones como el Balajú, Travesuras y otros. Además, en esos sitios se volvía hombre el joven que dejaba los cortos y comenzaba a usar los largos. Era llevado por amigos y, a veces por su padre quien patrocinaba el acontecimiento. Años después, Leonardo Favio, cantautor argentino describía este momento en su hermosa canción “la Rubia del Cabaret”

(74) La Rubia Del Cabaret – Leonardo Favio – YouTube

Las cantinas, otro sitio común en Caicedonia, famosas por sus asiduos visitantes y por la música de pasta que se podía escuchar, estaban ubicadas en diferentes lugares y con nombres del propietario o del negocio. Así teníamos la cantina de Chucho Sierra, la de pacho Mechas, La de Medardo Abaunza, El bataclán, la de Rosa pareja, casa de citas y cantina. La de Chucho Sierra era famosa porque él no sabía leer, pero cualquier disco que los bebedores pidieran, siempre lo colocaba pues la música la ubicaba de memoria. Estos lugares eran para rematar la beba que se había empezado en el centro y cantar a grito herido las canciones que mataban el despecho.

En la “calle del recreo”, estaba el café de “Pablito”, la cantina de marcos Zapata, y la tienda de Don Peregrino, sitios primeros en visitar los trabajadores que bajaban de las fincas.

Los bares, sitios de grata recordación, eran encabezados por la Samaritana, donde Evelio Mejía iniciaba los clientes colocándoles la música preferida por ellos. El Astor, El Polo, El Burila, El Real Madrid, El As de Oros y el Gato Negro, entre otros, eran por su ubicación, los lugares predilectos por las “barras” para las bebetas. Depende de la música que sonara con insistencia la gente podía saber que personas estaban tomando. “La venenosa”, “El ángel perdido” “somos Diferentes”, “nada soy”, “tu amor fue una ilusión”, “más vale tarde que nunca”, “solo y triste” y muchas más eran pedidas por personas asiduas de esos lugares.

In memorian a una de esas barras se menciona a algunos de sus integrantes. Díaz, Gutiérrez, Sabas y Arango. Este último, tal vez, el último de los bebedores, se pegó la tomada final de licor acompañado de Arbeláez y Quiroz, donde “Gazapera” y murió a los dos días siguientes, como dice el dicho, en su ley. Fue, de lejos la última barra de bebedores que pasaban dos o tres días bebiendo de continuo. Libando y pidiendo música ecuatoriana. Descansa en paz Octavio Arango, querido maestro, amigo, compañero y bebedor consumado.

Arrierías 68 está mencionando dos extremos de la música. El pornográfico, de moda y el romántico que permitió los primeros amores porque sus letras tocaban las fibras del sentimiento.

En épocas de estudiante era común adoptar una canción como himno del grupo, por ejemplo, la promoción del Colegio Bolivariano de 1966, asumió “AMOR”, del dueto de antaño como insignia y en serenatas para la novia de muchos pero el amor de uno solo, era el tema predilecto, así como para ser cantada en las tertulias conjuntamente con un montón de hermosas canciones que circulaban y circulan, hoy día en la memoria colectiva de las novias pasajeras y las esposas escogidas.

Muchos proyectos de vidas nacieron y se cristalizaron desde ese entonces en torno a una canción. Pues melodías, poemas, esquelas, serenatas, carticas de amor y razones con el amigo, eran la vía y camino para acceder a la mujer amada, platónica o verdaderamente.

Y cuando no se era correspondido, o se peleaba con el ser amado, estaba el desahogo cantinesco patrocinado y acompañado por los amigos.

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