Comienza, en este mes de enero 2024, la posesión e iniciación del trabajo administrativo de alcaldes, gobernadores, diputados y concejales elegidos en nuestro país en las convulsionadas elecciones pasadas. En esta campaña, nacionalmente sobresalió la suciedad argumentativa, la compra no disimulada de votos, las presiones indebidas por parte de gobernadores, alcaldes y las promesas de un mundo mejor y nunca visto en Colombia de candidatos respaldados por los titiriteros del poder en nuestro país quienes, tras bambalinas y con gran poderío económico, siempre han sido los dueños de este pequeño, fantástico y bello universo con que nos dotó la naturaleza.

No pinta nada bien el futuro de nuestro país, pues la polarización, la corrupción y la violencia han crecido en forma desmedida. Quienes tuvieron el mando por tantas décadas hacen hoy oposición a quienes asumieron el mando con la misma dialéctica de quienes se oponían a sus mandatos. Nada cambia. Pues se comprometen a cambiar para que nada cambie mientras el pueblo raso, el trabajador y el productor agrícola o los pequeños empresarios sudan la gota gorda en medio de una asfixiante ola de impuestos y carestía. Para nadie es un secreto que más de 5 millones de colombianos se acuestan con hambre y casi 20 millones sólo disfrutan de una o dos comidas al día.

Así es la política nacional, pero quienes tenemos utopías de un mundo mejor caminamos, con la esperanza de un cambio positivo, de un paso hacia adelante y creo que se puede lograr si erradicamos la rampante corrupción y violencia que nos aqueja. Gobernadores y alcaldes tienen que sacudirse de las palancas politiqueras dominantes que no permiten el cambio. Para el caso particular de los municipios, partir de ciudadanos correctos y no corruptos que no han tenido una oportunidad. Todos los partidos los tienen, aunque es difícil lograr esas metas de una Colombia cuyo camino sea la dignidad -como claramente expresa nuestro Ordenamiento Jurídico en su preámbulo- si no cambiamos para aplicar y lograr el mayor valor y principio ético que debe guiarnos.

En Caicedonia podemos llegar a un futuro promisorio si la nueva administración, en manos hoy de una joven profesional, se asesora bien, llama a los otros participantes en elecciones diferentes a su partido, a dirigentes cívicos sin pretensiones económicas y los compromete a trabajar conjuntamente para lograr la prosperidad que nos merecemos. Tenemos medios, tierras, voluntad y una comunidad trabajadora y solidaria que mucho puede aportar si logramos, entre todos, sacudirnos de la politiquería barata que tanto nos ha afectado por décadas. Sólo así lograremos consolidad nuestro lema nacionalmente reconocido: Caicedonia, EL MEJOR VIVIDERO DEL MUNDO.

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