COLUMNA PALABRA EMPEÑADA

Arrierías 84.

José Emilio Yepes Rivas

Colombia es un país extraordinariamente biodiverso, alegre, simpático y con el café más suave y aromático del mundo. Y con toda esta maravilla de perspectiva, hoy sus gentes viven en continua contrariedad por el rumbo en que nos ha sumido su dirigencia política y por el rumbo social, económico y ambiental que se vive día a día en cada uno de sus departamentos.

Hoy tenemos un presidente que quiere cambiar el modelo económico y social del país, utilizando métodos que en algunos momentos son demasiados controvertidos, con una notoria presencia de ideas políticas irracionales que tratan de distraer la atención del público sobre las graves acusaciones de corrupción, lo que genera incertidumbre, miedo y desconfianza. Hoy vemos un gobierno que con argumentos de “justicia social” e “ideas populistas” ha logrado incrementar la inseguridad, aumentar los impuestos y rebajar la credibilidad e inversión extranjera, con el obvio reflejo de fuga de capitales (económicos y humanos) que generaban trabajo y sostenibilidad.  

Sin embargo, y a pesar de hacer notar todas las dificultades que se viven y se ven venir, lo que más pesa al momento de tener una opinión del gobierno actual, es el ingreso que se recibe en el bolsillo de cada uno de nosotros, la percepción de inseguridad y la falta de oportunidades para el crecimiento personal y familiar, entre otros muchos factores.

Otro indicador económico que preocupa y se experimenta notoriamente en nuestro país, es el de la amenaza que tiene hoy negocios como el café, el banano, el limón y el aguacate, todos productos exportables y muy cultivados en nuestro eje cafetero, y que muy a pesar de ser productos agrícolas reconocidos en el mundo y de ser exportables, pasan por un momento difícil debido a la revaluación (menor valor del precio del dólar) y el incremento de los costos laborales.    

El café por ejemplo, producto insignia de Colombia, es uno de los renglones más exportados, pero la percepción de los caficultores en cada una de las fincas cafeteras, y en general de los agricultores y campesinos de nuestro país, es que la falta de garantía en políticas públicas genera intranquilidad en todos los sectores agrícolas y que corresponde a uno de los renglones que más genera estabilidad social y económica. Y si a esta precepción le sumamos el recrudecimiento en el orden público por parte de grupos irregulares, vaticino un grave desestimulo en el campo y su desafortunado impacto como motor de desarrollo.

Pero existe también otra preocupación en el gremio agrícola del café, porque desde el nombramiento, hace ya un año del gerente de la federación Nacional de cafeteros por parte de los caficultores sin el visto bueno del presidente de la república, se nota la fractura entre el gremio privado y la presidencia. Se siente la presión por parte del ministerio de hacienda pública para relevar al gerente German Bahamon y hasta la misma Federación Nacional de cafeteros, atizando por todos los medios la ruptura gremial y desestimulando el cultivo del grano, que en el último año, se ha visto influenciado por la crisis en el precio interno, y últimamente, por la amenaza del gobierno para el manejo del fondo parafiscal de estabilización del precio del grano.

Ojala el rumbo de la agricultura en un país como el nuestro, ubicado en el triángulo de oro del mundo por sus condiciones de fertilidad de suelos y de hidrografía, pueda cambiar, para lograr ver desarrollado el renglón económico y social que más estabilidad  genera a un país necesitado de empleo y paz.

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