A las 3 en punto de la tarde se prende el bafle con el desgarrado sonido de la canción  popular de turno, se abren las puertas y las ventanas del pequeño recinto que mide tan solo tres metros de ancho por quince de fondo y al unísono se escucha a Luis Alberto posada pidiendo al cantinero que le sirva una copa bien llena del trago fuerte que alivia corazones. El pequeño ventilador de la esquina superior ha sido encendido para despejar la atmosfera, que huele a cerveza chorreada y a cigarrillo consumido, que abruma el lugar; es una tarde de sábado y el ritualque dará inicio al desfile de la testosterona está completo.

Uno por uno: trabajadores, conductores, corteros de caña, ayudantes de construcción, maestros de obra, entre otros, comienzan a desfilar y a llenar las pequeñas mesas metálicas de cervezas frías que siempre dejan hueco en la nevera, mientras van pidiendo las argollas para el juego del Sapo. El sonido fuerte del primer aro de acero golpeando el cajón lleno de hoyos avisa del inicio de la jornada para la cantinera y los personajes más inusuales, machistas y don Juanes que posee todo pueblo; arriban como moscas a la miel para distraerse de sus pesadas obligaciones, y encontrar en sus compinches la paz que a veces escapa de sus hogares.

En este festival no hay lugar para las mujeres, excepto para la pequeña y delgada cantinera que con cara de escopeta, (una fachada para que la respeten por lo que me dice) atiende cada una de las peticiones más exigentes de aquellos a los que la cerveza va borrando el sentido y que tienen para ella tanto halagos a su belleza como vituperios a su desdén cuando el sentido y la razón amenaza con abandonarlos.

La industria de licores del país representa para la economía nacional el 4.4% del ingreso anual, fuera de los impuestos que por su comercialización, expendio y consumo la DIAN cobra a las industrias y a sus distribuidores.

Solo en el 2020 Fedesarrollo reporto un estimado de ganancias de $1.205 mil millones de pesos. Esto lo hace un negocio, que aunque no llega a ser redondo porque requiere bastante inversión, si puede representar para personas como Yong Jairo la esperanza de obtener independencia económica y la ilusión de tener un negocio propio que ayude a solventar las cuentas, sin necesidad de  “matarse tanto” como él mismo dice y nos explica “tuve que invertir realmente poco para las ganancias que me deja, fui despacio. Al principio, eran solo ciento ochenta cervezas las que vendían en un fin de semana, ahora son más quinientas las que se venden; claro que depende de muchas cosas, el sitio, el ambiente y sobre todo la atención por eso busco una persona bonita, porque usted sabe qué mujer bonita jala y pues, parce, realmente en este pueblo el licor es lo que más da”

Sagradamente cada fin de semana, como iglesia que espera feligreses, “LICORES BEDOYA”, abre sus puertas a estos hombres devotos a su patrona la cerveza que al menos si les cumple el milagrito de hacerlos sentir felices. Se comienzan a contar historias, desventuras y hazañas en cada una de las mesas del recinto, cada uno se levanta a cumplir su cita con la rana y apuestan el tan anhelado chico (ronda de cerveza) que en ocasiones confunde a la cantinera pues no llevan una cuenta, un orden o tan siquiera le avisan la cantidad de rondas jugadas y chicos pendientes por servir, lo que la disgusta mucho al punto de tener que esforzarse por dibujar una sonrisa.

Pero: ¿quién es ella en este festival?. Quizá la más importante. Su función va más allá del servir, debe mantener el lugar alegre, la cerveza fría, los borrachos a raya y el carisma en activo para mantener a la exigente clientela, le va muy bien por lo que me comenta, fácilmente en una noche puede obtener de la cerveza y la propina unos cien mil pesos de más, fuera de lo que es su salario, porque si, consentir y llenar de detalles a la cantinera también es un costo que se incluye dentro de los gastos de aquellos que pretenden asistir a esta festividad patriarcal. Pero no es importante, ya que como dice el dueño del chuzo, “mujer bonita jala” y al parecer eso es lo único que les importa, que su pequeño encanto de la barra este feliz, ella comenta.

“Aquí se mueve bastante efectivo, pues lo que llega a gastarse una persona en  sola noche de trago, (ríe burlonamente) me alcanzaría fácilmente para pagar un semestre en la universidad o para comprarle a mi hijo esa pista que tanto quiere, todos quieren enseñarte como hacer tu trabajo, más de uno aquí, según ellos, ha tenido un negocio de estos me dan tips, consejos y vainas que yo en ocasiones ignoro, las peleas no son frecuentes, pero siempre busco estar acompañada de un amigo por si la cosa se pone tensa, ese ha sido uno de los pocos consejos que he acogido”.

Nadie sabe de la vida de los festivos una vez que ponen un pie fuera del recinto muchos serán padres, hermanos, hijos, trabajadores o simples gendarmes de la calle, lo que si es cierto es que en más de una ocasión según la cantinera “Me ha tocado presenciar como vienen mujeres con niños chiquitos a sacar a sus maridos que están borrachos de acá,  una vez llego una gritando que porque se había gastado la plata de la leche de los niños y el arriendo, casi lo mata ese día, le dio con una botella tocó  llamar a la policía, sentí muchísimo pesar por la muchacha, yo tenía con lo que sus hijos comerían en el canguro, pero no podía dárselo, era ella o yo, llore ese día de ver la desesperación en el rostro de ella”.

Así funcionan las cosas en el festival de la testosterona, es un pacto con el diablo que se representa en un Juego de Sapo, el licor inhibe los miedos de aquellos que lo consumen, los deja sin voluntad para pensar en lo que hay más allá de estas cuatro paredes, solo importan sus colegas, la demostración de su hombría y uno que otro guiño de ojo para la jovencita que no les para ni bolas. Pero mientras algunos sufren  por la existencia de estos lugares, otros como Yong se alegran porque cada fin de semana no falte la materia prima de su negocio, estos personajes, los borrachos, aquellos que gastan hasta que su masculinidad se reafirma y que son el motor principal de la absurda industria licorera.

Al final de la jornada, la música baja volumen, la cantinera cierra las puertas, recoge las botellas vacías y comienza a sacar a cada uno de los necios que aún quedan en el lugar. Ha cesado el despacho de cerveza por más urgente que este sea y entonces se da paso a los números del festival (los que realmente importan), observo atentamente y sin musitar una sola palabra, ha sido la petición de ella para no desconcentrarse,  saca el dinero y poco a poco, apunte tras apunte, cuenta el dinero; casi media hora ha trascurrido cuando de repente sale de su ensimismamiento con la siguiente cifra $2’587.000 en total, “ha estado flojo hoy” me sorprendo y río ¿Cómo así? pregunto “si, esperemos que mañana lleguen más”


Acerca del autora

Lucero Botina

Lucero Botina, es estudiante de octavo semestre de Licenciatura en literatura de la Universidad del Valle, en sus escritos siempre busca retratar la realidad del contexto social en el que habita pues para ella los principales nichos sociales de una comunidad son su principal fuente de inspiración además de ser fuentes inagotables de historias que anhelan ser contadas. Sus principales inspiradores son escritores contemporáneos, literatura por la que siente fascinación; Rubem Fonseca, Laura Restrepo, son solo algunos de los autores que más avivan su espíritu creador.  Le gusta producir diferentes tipos de textos pero en la actualidad se prefiere la escritura de crónicas y ensayos literarios. Otros títulos de la autora son: “retrato de una buena persona” (crónica) y “entre dios y yo”.

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