No es nueva, no es un capricho de momento, no es subversiva,  lo que sí sabemos es que siempre ha sido efectista para conseguir que los gobiernos del país atiendan sus reclamos, escuchen sus voces que vienen gritando la injusticia desde las épocas de la  “conquista española”.

Le llaman “minga”,  un vocablo que proviene del quechua y que señala una reunión de trabajo comunitario o colectivo con fines de utilidad social.

Hoy, vuelven a  visibilizarse mediante esta práctica que para ellos, los indígenas del país, es una forma de lucha contra todas las violaciones a los derechos de sus comunidades, contra el menosprecio por su cultura, por el arrinconamiento a que se han visto sometidos  y también en contra de los continuos asesinatos de sus líderes.

En un artículo que se titula “Soy minguero, no guerrillero”, se da cuenta que “En cuanto al asesinato de líderes sociales, las cifras son todavía más aterradoras. Hasta la primera semana de octubre, en 2020 han sido asesinados 225 líderes en Colombia. Si tenemos en cuenta que en los cuatro años entre 2016 y 2019 fueron asesinados 804 líderes, quiere decir que, desde el año de la firma de los Acuerdos de Paz hasta hoy, hemos perdido 1.029 líderes sociales” precisa el artículo.

Y agrega: “Los firmantes del Acuerdo también han sido sistemáticamente diezmados. Hasta octubre del presente año han sido asesinados 48 firmantes. Y desde el 2016 hasta hoy, han sido asesinados 231 excombatientes”.

“El desplazamiento forzado también ha tenido un aumento extremadamente preocupante. En relación con el año pasado, aumentó un 96,8%, con al menos 16.190 desplazados hasta inicios del pasado mes de agosto. Se estima que, para finales del año, en Colombia seamos 9.000.000 de víctimas del conflicto, la inmensa mayoría de ellos son desplazados por la violencia” denuncia el escrito.

El menosprecio hacia quienes se  denominan  las minorías del país se manifiesta en la discriminación racial hacia las comunidades indígenas y los afrodescendientes, la falta de oportunidades para ellos, el abandono estatal en las regiones que habitan que además son presa fácil de los distintos actores del conflicto armado que sigue padeciendo nuestra nación.

No nos preocupamos por conocer que en nuestro país existen 64 lenguas amerindias, diversas formas de organización social que en ocasiones dan ejemplo a “los occidentales”, y formas de gobierno mucho más efectiva que las aplicadas para el resto de colombianos.

Y estuvieron en Bogotá, hasta donde tuvieron que desplazar su inconformidad para que se les escuche y se tenga en cuenta sus inquietudes. 

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