Julio César Londoño

Como no soy creyente (me fue negada la gracia de la fe) no espero milagros. La reconstrucción del país depende de los colombianos, pero no pediré a los dioses que nos conviertan en superhombres, ni genios, ni santos. Los superhombres no necesitan milagros (y despiertan los celos de los dioses, que son criaturas irascibles, como nadie ignora). El mérito consiste en que los mortales hagamos hazañas que asombren a los dioses. Es posible. Basta activar ese átomo divino que todos tenemos, incluso el político más mañoso y el ciudadano más zurumbático.

Paréntesis. Nada es puro, ni siquiera la maldad. Conozco políticos que meten sus garras en las arcas públicas… ¡y también realizan obras maravillosas! A su lado, existen decenas de miles de políticos, líderes sociales, militares y héroes anónimos que no se roban un peso y trabajan con un fervor que ya lo quisiera Dios para sus curas. Tenemos, pues, recursos humanos de sobra. De los naturales ya se ocuparon con largueza los dioses y no debemos ser pedigüeños.

No pido que seamos Suecia ni Costa Rica en 2026, pero sería lindo que los suecos y los ticos y los extraterrestres vinieran a novelerear “el milagro colombiano”.

No pido que sean exterminados los demonios mayores: el hambre, el odio, la guerra, la ambición; solo pido que en los próximos cuatro años los demonios envejezcan rápido, que sufran raptos seniles de bondad y mengüe su poder. (Como no existe el dios de los columnistas, le pido este milagro a una minga divina de dioses negros, dioses indígenas y dioses blancos).

No pido lo imposible: la unidad nacional súbita, insólita y espontánea, ¡porque la minga divina se adelantó y la produjo antes del 7 de agosto! Los designios de los dioses son inescrutables y solo nos queda agradecerlos, o sufrirlos.

Es falso que todo está por hacer. A pesar del trabajo tenaz de los demonios y las garras de los funcionarios y la astucia de los privados, los colombianos hemos realizado decenas de prodigios sociales en los últimos 70 años. No los pongo aquí para no alargar el cuento, pero el lector incrédulo puede ver un resumen nítido de estos avances en Alguien tiene que llevar la contraria, un librito flaco y esencial de Alejandro Gaviria.

No pido que los dioses les den agua a los pueblos que mueren de sed: es suficiente con que los funcionarios y los mineros no les arrebaten el agua para lavar carbón.

Minga divina: ¡que no enturbiemos las aguas, que no tiznemos el aire!

No pido que resulte perfecta la gestión del Pacto Histórico y de los partidos que lo acompañan en la coalición de gobierno. Basta con que se den pasos firmes en la dirección correcta y en los tres ejes señalados por el nuevo gobierno: paz, medioambiente y justicia social.

Pido con fervor ateo que en los próximos años se respete la separación de los poderes y que recuperemos la majestad de la Justicia y el honor de la Policía y las Fuerzas Armadas. Ninguna nación ha sido realmente grande nunca sin instituciones fuertes y respetables.

Dioses zurdos: que los pistolocos y ciertos contratistas no atenten contra la vida de Petro. Sin Petro, el cambio seguiría adelante, esto no tiene reversa, pero sería muy doloroso que él no pudiera gozar del renacimiento del país por el que tanto ha luchado.

P. S. 1. En realidad, la intervención de los dioses es innecesaria; basta que refrenemos nuestros malditos demonios internos.

P. S. 2. Milagro de milagros: ruego al cielo que entendamos la hondura y la belleza de la “Ecuación FM”: Soy porque somos. Es decir, soy en el otro, con el otro, para ser un pueblo, una nación. Si entendemos esto lo habremos entendido todo y seremos una “potencia de la vida”. La fragmentación solo puede regresarnos al horrendo pasado.

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