Columna palabra empeñada.

Para la mayoría de nosotros, y después de las festividades navideñas e inicio de año, además, de los abrazos familiares y los buenos propósitos, experimentamos regularmente una fuerte resaca al inicio de año nuevo: no solo por el efecto de los traguitos de celebración, sino también por los retos que debemos enfrentar gracias a las alzas de fin de año, al efecto internacional por falta de contenedores, a los efectos devastadores del paro nacional, al invierno que parece interminable y a las variantes del coronavirus entre otros.

No solo para los colombianos, sino también para el mundo el despertar del 2022 estuvo lleno de sinsabores y retos. Un año donde la salud se vio tan comprometida por el COVID, donde la reactivación económica apenas se está empezando a sentir, un año con cambio de hábitos especialmente en oficinas, banca y educación, nos obliga a replantear el modo de enfrentar nuestra vida.

Y para los campesinos y agricultores sí que va a ser difícil…se puso el dulce a mordiscos!

El alza del dólar y la escases de agroinsumos importados por la crisis mundial en el suministro de contenedores ha hecho que muchos productos suban a mucho más del doble (o por faltantes en inventarios o por especulación de los mayoristas), lo que inmediatamente se ve reflejado en el encarecimiento del costo de producción y por lo tanto en la reducción de las utilidades para los campesinos. Con unas floraciones bien malas debido al invierno y con los altos costos para la implementación o sostenimiento de huertos se siente el desánimo para iniciar el año en este importante renglón económico.

Pero la agricultura no es el único renglón económico que se ha visto perjudicada por la pandemia y las políticas de estado. La aparición de variantes del COVID ha demostrado que vivimos y viviremos en un mundo cíclico, de expansiones y contracciones, de libertades y aislamientos, de normalidad y anormalidad de acuerdo a los niveles de contagios y muertes.

Hay que reconocer que las innovaciones tecnológicas y sus aplicaciones sociales han transformado la manera de comunicarnos, trabajar, hacer negocios, presenciar citas médicas, estudiar, comprar artículos necesarios y de lujo, entre muchas otras aplicaciones. Pero el desempleo y empresas quebradas se siguen presentando a diario, y si los estados persisten en la misma estrategia de mitigar este impacto con las políticas asistencialistas contra el gasto público, veremos con seguridad un alza en los índices de inflación, de los intereses….y al final….nefasto porvenir en la estabilidad social.   

No quiero ni pretendo sembrar sentimientos pesimistas para enfrentar el 2022, pero necesariamente tendremos que entender que el reto de seguir conviviendo con el COVID y sus variables es inevitable, y que esta situación traerá un fuerte impacto en la economía pública y privada, y que…..requeriremos mucha capacidad propia para innovar y adaptarnos a esta nueva forma de vida.

Para los que creemos que el campo y sus bondades es la salvación del mundo y que aquellos que tenemos la fortuna de vivir en un municipio pequeño tenemos hoy algunas ventajas frente a los que viven en las urbes, pondremos toda nuestra capacidad y gestión para ayudar a fomentar estrategias como la asociatividad agropecuaria y encadenamiento productivo, la conectividad para nuestras veredas, mantenimiento de las vías terciarias y la seguridad habitacional entre otras sentidas necesidades para las personas más honradas y trabajadoras de nuestro país: nuestros campesinos.

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