José Repiso Moyano

Lo que no se merece nadie de ti es todo lo que puedes hacerle injustamente o lo que tú le das de una manera injusta. He ahí que haz de ser siempre justo, ¡siempre!, o intentarlo con todos modos posibles.

Ser lo más justo con otro semejante o con otro ser humano significa siempre no aplicarle una sobreprotección ni aplicarle una infraprotección con respecto a su condición de humano y con respecto a sus aportaciones a la sociedad de bien.

Ser justo, como capacidad, es ya tener una gran conciencia y sabiduría; sí, conlleva un saber mucho de la dignidad descuidada o vetada u olvidada de cada cual, conlleva un saber qué esfuerzos de bien se maltratan en la sociedad y cómo reconocerlos. En definitiva, es casi la sabiduría misma o, dicho más claro, una virtud generadora de solo ejemplaridad y de un buen hacer.

Un ser humano, para ser justo, tiene que dejar de ser un títere (influenciable) en seguir a prejuicios o a tendencias sociales, tiene que mantenerse no cómplice de tantas y tantas estupideces e injusticias y malas valoraciones que se realizan en la sociedad.

Por ello, él ha de basarse siempre en un auténtico sentido crítico suyo para todo y en una flexibilidad mental muy sana para cualquier alineación o cerrazón que le llegue.

El que es justo, asimismo, cuestiona o duda de que se haga una justicia de verdad en cualquier sitio, y no le da así credibilidad, a no ser que pase ya todas las pruebas de la misma demostracción práctica (eso que le evidencia una coherencia).

El que es justo no se deja llevar por repentinas emociones solamente (en inmadurez) ni por fáciles sentimientos de culpa o de victimismo, sino procura ser moderado o fuerte (no autoderrotado) en todo, por supuesto, manteniendo su capacidad de valoración firme y lo menos arbitraria o inestable.

El que es justo tiene además un sentido especial para advertir o un darse cuenta de quiénes en la sociedad son los más débiles. Siendo esto muy importante, porque siempre se demuestra un hacer al fin justicia solo sobre los que reciben más injusticias. ¡Claro!, es siempre el que aguanta más injusticias el que precisa (en prioridad) sin demora o sin excusas una justicia digna para él. Ser justo tiene la prioridad siempre de dar ayuda antes al que no la tiene.

En eso, requiere el ser justo el que tú vayas reconociendo a los demás sus sufrimientos, las carencias que tienen (de las cuales ellos no son responsables) y requiere también el siempre ponerte “en sus pellejos” o, en fin, un acercarte en humanidad a lo que padecen injustamente o de una manera evitable.

Requiere empatía o el que te salgas al fin de tu egocentrismo.

Por último, en equilibrio, el que es justo no puede amparar (de ninguna manera posible) a alguna mentirijilla o indecencia o injusticia. ¡Eso no!

El que es justo, no puede serlo a media jornada o por temporadas, sino siempre ha de ser justo en todo momento (en todo sitio) y ante cualquier presión social, irracional o no justa. ¡Siempre!

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