CUENTO SOBRE EL CORONAVIRUS

María Isabel Serna Marín

13 años – Grado 7

Sede La Consolita

Ema es una mujer de 32 años y no cumple sus normas de protección que debe tener por la pandemia de la Covid-19 que se está presentando.

Ema se iba para el pueblo y no usaba tapabocas y salía cuando quería escondiéndose de los policías porque la podían multar. Ema saludaba de beso y de mano a sus amigos que tampoco les importaba contagiarse. Ema llegaba a su casa y no se cambiaba su ropa y se encerraba en su cuarto. Ema vive con su mamá y su esposo. Su mamá es de edad avanzada y a Ema no le importa contagiarse del coronavirus. Pero ella no pensaba en su madre ni en su esposo. Ema no tiene hijos porque cuida de su mamá quien tiene enfermedades respiratorias.

Cuando Ema salía le decía a su esposo que cuidara a su mamá mientras ella regresa. Un día Ema salió como siempre sin ninguna protección y se escondía de la policía. Saludaba a los amigos de beso. Ellos conversaron y después de un rato Ema regresa a su casa, no se desinfecta ni se cambia de ropa y fue a saludar a su madre y a su esposo. Los saluda de abrazo y beso. Pasan dos semanas y Ema no salió en esas dos semanas porque se podía enfermar. Tenía gripe y le dolía su garganta. Ema decía que tenía la Covid-19 y Ema afortunadamente se recuperó. Ahora ella se lamenta y hoy en día viven los dos Ema y su esposo y con todas las medidas de precaución.

Ema entendió que cuidarse no cuesta nada.

Sé consciente y cuida de ti y de los tuyos en esta cuarentena.



EL DINOSAURIO DINO

Juan Diego Manquillo Cardona

8 años – Grado 3

Sede Celio Baena

Había una vez un dinosaurio llamado Dino que era tan grande como un castillo. A pesar de su tamaño era un dinosaurio bueno y muy feliz y amaba tanto la naturaleza que no le hacía daño a nadie. Se pasaba el día tan contento que saltaba y bailaba por todo el bosque saludando a quien veía. Hasta que un día ocurrió una tragedia. Toda su especie empezó a desaparecer y poco a poco se fue quedando sólo. El pobre Dino caminó y caminó hasta perderse en el bosque y jamás se supo de él.

EL TRAVIESO JUAN

Había una vez un niño que era muy juguetón y le gustaba hacer cosas peligrosas. La mamá le decía “hijo pon cuidado que te puedes lastimar”. Un día el travieso Juan decidió subirse a un muro alto a jugar sin medir el peligro, de repente Juan se cayó y se dio cuenta que de su cabeza salía mucha sangre.

A Juan lo llevaron al hospital. Con esto Juan aprendió que no podía hacer juegos peligrosos y que debió ser más obediente con su mamá.



EL CABALLERO VALIENTE

Vanesa Ramírez Quintero

16 años – Grado 9

Sede La Consolita

Había una vez un caballero que le gustaba mucho los riesgos y las batallas. Un día que el papá estaba muy enfermo le dio a su hijo una espada y al pasar el tiempo el padre murió y el caballero quedó muy devastado y empezó a explorar en lugares desconocidos por el mundo.

Fue a una isla y encontró una casa abandonada y el caballero se acercó y de la casa salió un mago que en la mano tenía una barita mágica.

El mago le dijo al caballero que entrara a la casa para pedirle un favor de que había un dragón en una cueva en el bosque y se le estaba comiendo el ganado que el mago tenía, y si mata al dragón le daba un Pegaso para que conociera el mundo y lugares desconocidos más rápido. El caballero aceptó la propuesta del mago e inmediatamente fue a la cueva del dragón, y el caballero tenía un poco de miedo pero necesitaba el Pegaso para facilitar los viajes. Y de repente el dragón salió de la cueva muy confiado porque se encontraba en su propio territorio y el caballero aprovechó la oportunidad y se lanzó hacia ese extraño ser e intentó matarlo, una y otra vez, hasta que al anochecer logró derrotarlo y volvió a la casa del mago y en la puerta estaba el Pegaso y el caballero empezó a viajar y ayudar a las demás personas con sus problemas y al final el caballero se volvió un héroe en el mundo.



EL PALACIO DE DIAMANTES 

Alejandra Ibarra Vélez

14 años – Grado 6

Sede La Consolita

Había una vez un rey que tenía un palacio de diamantes, y una tienda hecha de perlas y un rebaño de elefantes, y un quiosco de malaquita, un gran manto de tisú, y una gentil princesa, tan bonita, que todos se querían casar con ella, pero su papá era muy estricto y todo el que le pedía la mano para casarse con ella lo sacaba a patadas. Hasta que un día por ser tan grosero con la gente le robaron lo más sagrado que tenía: sus diamantes y sus perlas.

 Desde ahí entendió que su hija tenía que tener todo el derecho del mundo a tener sus propias decisiones y no su papá porque por ser tan machista con su hija y la gente que la quería, lo robaron y le cogieron mucha rabia.

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