Quienes tenemos ese amor profundo por el tango, heredado de nuestros mayores provenientes de la Antioquia grande y aprendido por nuestros ancestros en la antigua Caldas, escuchar tango, entenderlos, cantarlos y transmitirlos, hace parte de nuestra cultura, de nuestra forma de ser: nostálgicos, enamorados, de buen oído para saber si esa melodía puede llegar a conmover al ser humano. Así tengamos voz desafinada y carrasposa, cantamos con el alma recordando a Gardel (el más grande de todos), a Corsini, al gran Alberto Gómez, a Libertad Lamarque, en fin, a tantos que trajeron desde el sur sus voces y canciones para mantener una tradición de buen gusto por letras inmortales, como las canciones de Santos Discépolo y la icónica Cambalache, Yira, Desencanto, en fin, cientos de canciones que han quedado en nuestras mentes, en nuestras almas como impronta del buen gusto.


Son muchas las anécdotas, historias y mitos que se han construido acerca de Gardel, el más grande de los intérpretes en la historia del tango, aunque poco se ha conocido por el ingenio de sus apuntes, cuentos y chistes que contaba a sus amigos más cercanos. Con la que más gozaba y hacía reír era con cuentos sacados de lo cotidiano, de los chascos que pasaban sus acompañantes, especialmente sus guitarristas.
Cierta vez, alguno de ellos tuvo una relación con una mina, esto es, con una chica de la calle, preciosa y que prestó sus favores carnales al músico. Ella fue a despedirlo al puerto, pues zarpaban para una larga gira y el músico le gritó desde el barco:


– Hola, si nace niño, ponle Carlitos (como homenaje al gran cantor) y ella, a grito tendido, palabras que escucharon todos, le respondió:
– ¡Si tenés noticias mías ponéle permanganato…! La risa cundió entre todos los presentes y el chistoso voló a meterse en su litera. (el permanganato, en aquella época, lo utilizaban para curar enfermedades de transmisión sexual).


Sin lugar a dudas, el tango Caminito, con letra del gran poeta argentino Gabino Coria Peñaloza y música del gran Juan de Dios Filiberto es uno de los tangos más famosos en la historia del género, Uno de quienes lo grabó fue Carlos Gardel.


De Filiberto, el compositor, se decía que su cara no le ayudaba para nada, que no era un hombre atractivo y que sólo atraía a las mujeres por la música en cuanto a compositor, ejecutante de la guitarra y el piano, en síntesis, era un hombre feo.


Cierta vez una maestra llevó a sus niños a conocer la calle donde hay un busto como memoria al gran músico. Un niño se quedó observando detenidamente la figura de bronce y preguntó a la maestra:


– ¿Porque le hicieron acá en Buenos Aire una estatua a Frankenstein?


Otro gran cantante de tangos, Edmundo Rivero, excelente intérprete de Sur, un barítono bajo que sobresalía no sólo por su bella y potente voz sino, también, por su inmensa figura y sus manos descomunales, fue objeto de burlas constantes de sus compañeros músicos (esto me recuerda la maldición gitana que oí alguna vez en Madrid, España; “¡entre músicos, te he de ver!”


– Edmundo Rivero, decían, tocaba castañuelas con tapas de inodoro”, otra, campeona: “Riveros toca su guitarra muy bien, aunque las cuerdas de la misma no son las normales sino las de un contrabajo”.
Alberto Gómez, uno de los cantantes más reconocidos del tango en la década del 40 del siglo 20, intérprete de Ahora no me Conocés; Garúa, Charlemos, Noche de Abril, entre otras muy famosas, era objeto de burlas por su enorme cabeza.
– “Una vez a Gómez le pidieron para el pasaporte una foto con fondo blanco y …..¡se la tuvieron que sacar en la Antártida!.


En próxima edición de Arrierías estaré refiriendo otras anécdotas de muchos músicos y cantantes famosos. Hasta la próxima, amigos. Un abrazo.

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