Una joven empieza a leerle a su madre una carta escondida, en el tatuaje no dibujado, cerca del corazón.  La carta está dividida en dos fragmentos.

Primer fragmento:

Dices madre que durante el embarazo te dio por comer mango con sal. También por comprar libros, cosa que normalmente no hacías y escribir más que cuando eras adolescente. Leer revistas prenatales y al octavo mes aprendías acerca del parto. Parecía todo, una preparación realizada por la energía del embarazo o así lo sentías. Me comentas todo, cuando he elegido el camino. Creo que por eso nací, crecí y existo para escribir.

Cada vez que veo un árbol lleno de flores amarillas y rosadas, ahí está tu sonrisa. Sonrisa eterna de mi alma, tienes más de un poemario exclusivo para ti mamá. Siempre me he preguntado ¿Qué motiva al infante a hacer dibujos y cartas para mamá y papá? ¿Cuál es la primera emoción del destinatario? ¿Son los crayones suficientes ante la mentalidad de los grandes pensadores? Tenía dos años, en el nacimiento de mi hermana. No tendría más de cuatro años y sentía que la puerta tenía vida cada vez que él con su uniforme aparecía, la vida y mamá escogieron el padre que era.

Madre, caer a los cinco años de la nada como si alguien me hiciera zancadilla por desobediente. Daba miedo. O cuando se me caía toda la crema de helado por no compartir con papá, esa alcantarilla se tornaba fría y con sabor a vainilla. Las calles y los cines de la capital eran una travesía junto a mi padre. Siento mi descortesía en los cines cuando dejaba caer el perro caliente al suelo y mi papá asumía la responsabilidad, mientras secaba las «lágrimas de cocodrilo» de una chiquilla.

No fui la niña valiente, muy pequeña para entender la frase: protege a alguien más. A veces de la nada había ropa mojada en todo el patio.

Recuerdo mi primera cartilla y mis pies siguiendo tu dedo que me señalaba la silla mecedora, esa donde los abuelos descansaron. Leer lento, mientras los sentidos se agudizan e inconsciente memorizaba el pedal de la bicicleta, los pasos lentos del vecino, el césped que hizo llorar al niño, sin montañas una llanura infinita, el olor a tierra cada vez que la lluvia caía y la lectura se detenía.

Ves todo me fue llevando a la escritura. La primera vez que escribí un cuento, que nunca olvidé, fue en tercero de primaria. Creo, ni mi padre, ni la maestra, ni tú lo leyeron, pues aún con los dibujos a color, era oscuro… Lo sé, porque nadie me preguntó cómo se me ocurrió tal pensamiento.

Madre a mí también me causa curiosidad tu frase «Hija, no sabía que llevabas en tus libretas, pero hacías todas las tareas» A veces mi mayor consuelo es que me diste coraje, la vida misma es una lucha interminable. Las madres de mis amigos eran de lo más alcahuetas. Una primaria muy curiosa, sabía cuándo ellos estaban celosos. ¿Qué niño regala el tiempo de mamá con otros? A mí me da risa. A veces se ríe incluso al estar triste.

Amabas escribir, creo, más de lo que imagino. Pues solo a mis veintiséis años me confiesas la pasión por escribir y esas cosas extrañas que suceden al crear universos. El alma del escritor siempre será extraña. Mi mamá escribía y dibujaba rostros, los rostros más hermosos que una niña de diez años pudiera ver y admirar.

A esa edad conocí por primera vez el mar y la angustia de ser madre, una mujer gritaba: ¡mi bebé! ella misma se lo había pasado a otra señora para poder bajar de la lancha. Las olas sintieron la firmeza de una mujer desesperada. Luego una chiquilla venía por la orilla caminando tranquila, minutos antes mis padres discutían de responsabilidades; miraba el mar y me preguntaba ¿Se habrá ahogado?

Parece que algunos pensamientos se van entrelazando. Siempre he pensado en lo variable de la escuela como mi gusto por el chocolate “dulce y amargo” En las aulas hay burlas que aparentemente nadie puede detener; ser la última en la pista de baile, quería aprender, pero mi cuerpo no daba y miraba el stand de los libros como suplicando que me salvara. Sin contar como desde un cuarto piso veía a unos seres despreciables, en todos los sentidos y no me refiero a mis compañeros. Creo que algunos niños no son tan bondadosos, ni tan buenos, no cuando los miras en detalle, tampoco los podemos culpar. Mejor dejemos el pasado en su forma y avancemos. Madre no generaba problemas, pero cuando se trataba de escribir, ni te cuento.

Madre pagaron un curso de arte para dos niñitas. Recuerdo las esculturas en jabón de otros estudiantes, al chico solitario tocando una guitarra y ver el salón vació cuando todos se iban. Hay personajes que definitivamente viven en mi memoria, unos reales otros ficticios.

¿Tenía doce o trece? Esa tarde de julio no tenía una pizca de calma. En medio de mi felicidad y el apuro no me di cuenta de que toda la bebida se estaba regando. La versión de caperucita con los personajes invertidos, en este caso fue mi abuela quien me pidió llevar la comida. El camino hacia el hospital era atravesar el parque, una piscina, un supermercado y tomar el atajo. Tenía la mente completamente en blanco y el lobo nunca apareció. Se supone que llevaba la comida para una mujer que acababa de parir. Madre ¿Qué edad tenía cuando mis manos acariciaron tu sol, o, era a un pequeño lobo?

En este punto, pensar que la infancia no influye no viene al caso, solo que vamos dejando la carga con los años. La razón y el método no lo sé. Dicen que algunos no lo logran. Muchos niños crecen para tener múltiples monólogos, hasta que ya no tienen más que confesar.

Confieso que escribía cartas a Santa… Por el solo gusto de pedir y saber que de esas catorce cosas no llegaría sino lo necesario. Con el tiempo los regalos dejaron de aparecer debajo de la cama, aparecieron pequeñas pirámides debajo del árbol navideño. Un día las cajas se volvieron cada vez más pequeñas y un abrazo era suficiente.

Me queda otro fragmento que pronto te leeré.


Angie Vanessa Ramírez Castillo

Nacida en La Dorada Caldas, radicada en Jamaica desde el 2019.

Es normalista Superior, tecnólogo en Contabilidad y Finanzas, licenciada en Español y Literatura.

El 17 de abril del 2020 ganó el concurso de relato corto realizado por “Cabaret literario”

Ha publicado poemas y cuentos en revistas nacionales.

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