Maldita Guerra

Arrierías 85

Mario Ramírez Monard

Las imágenes no podían ser más impactantes y horrorosas. Un grupo de bandidos fuertemente armados que se hacen llamar guerrilleros trata de secuestrar un niño indígena en el convulsionado departamento del Cauca, al sur de Colombia. La comunidad ancestral con su arma de dotación, un bastón de mando hecho en madera enfrenta al poderoso grupo quien en un acto de cobardía extremo dispara y asesina a una lideresa de la comunidad. Los criminales fallan en su intento de llevarse al niño en su acostumbrada manera de engrosar sus líneas armadas, de incumplir una de las severas normas del Derecho Internacional Humanitario (DIH), el reclutamiento forzado.

El DIH se aplica entre combatientes en caso de conflictos armados internos y/o externos, pero excluye a la población civil de esos enfrentamientos y, taxativamente, prohíbe la utilización de niños en todo tipo de guerra. Entonces, ¿por qué ese ensañamiento contra la población civil, contra los niños?

Está comprobado que muchos de los combatientes armados muertos en combate con las fuerzas armadas en Colombia, son jóvenes, casi niños, a quienes los panzudos dirigentes ponen de punta de lanza en todo tipo de enfrentamiento. Rara vez cae un comandante porque mientras los jóvenes y algunos avezados guerrilleros sin mando mueren, estos seudodirigentes se esconden en sus madrigueras y cobardemente huyen a la llegada de las fuerzas del Estado. 

Muchas de las fotos que circulan a través de los medios de información presentan a los máximos dirigentes de los grupos armados -guerrilleros o paramilitares-, con uniformes nuevos, armas de avanzada tecnología y detrás de ellos el círculo de protección. ¿Quiénes conforman estos círculos que cuidan a los máximos dirigentes de tales grupos? Generalmente son jóvenes, casi niños de ascendencia indígena, afros, mulatos, mestizos. ¿De dónde salieron? ¿Loas parió la guerrilla? Pues no, generalmente son niños y/o niñas sacadas de su entorno, de sus familias, esto es, secuestrados, llevados a la fuerza.

Muy triste ver en vídeos o fotografías a gran cantidad de estos jóvenes en formación y adiestramiento para la guerra, cargando morrales y armas pesadas cuando sus vidas deberían transcurrir al lado de sus familias, en el campo, estudiando, socializando. Podríamos asegurar, sin riesgo de equivocarnos, que no saben por qué ni para qué luchan, con el agravante de ser quienes encabezan los enfrentamientos en contra de avezadas fuerzas del Estado. Esta situación de reclutamiento forzado va contra la normativa expresa del Derecho Internacional Humanitario. (DIH) que prohíbe la utilización de menores en todos los conflictos armados externos o internos y de la instrumentalización de la población civil para actos bélicos.

POST SCRIPTUM: Profundo agradecimiento a la clínica de La Sagrada Familia de Armenia por la inmejorable asistencia médica ante impase de salud reciente que afectó mi integridad física. Directivos, médicos, personal auxiliar y demás funcionarios tienen un trato especial de respeto y consideración con todos los pacientes. Además de la forma humanitaria de relación con quienes acuden al excelente servicio, es una clínica de avanzada tecnología en el Quindío. Gratitud eterna. 

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