Historias de vida

Eran  tiempos de navidad y como  todos los años, siguiendo las antiguas costumbres, todo comenzaba con la consecución de los materiales para hacer el pesebre que casi siempre se construía con  las bancas y la mesa de madera de la cocina, sobre las cuales se colocaba un  papel grueso, forrado de aserrín  teñido de verde, que reemplazo  el musgo, que durante muchos años fue el verde de los pesebres y que cuidadosamente estuvieron  guardados  dentro del armario  de la abuela o de la mama, en cajas o envueltos en bolsas de papel con  las casitas de cartón, la iglesia,  las ovejitas de plástico y muchas otros animalitos, perros gatos, caballos, camellos, patos, gallinas y muchas otras figuras que cada año aumentaban, porque  cada navidad el pesebre de la casa debía ser el mejor de la cuadra, elegido por los niños y las mamas que venían a rezar las novenas de aguinaldo. Para hacer el árbol de navidad, mi padre organizaba en compañía de varios amigos, el paseo de hoya al rio, Volga o al San Marcos, para conseguir los chamizos, que luego forrábamos con algodón y les colocábamos las bolitas de colores y las luces, que salían del armario cada navidad para darle alegría a la fiesta de navidad.

La natilla y los buñuelos, no podían faltar, no solo por la tradición sino por lo que representaban frente al vecindario, que para la navidad intercambiaban entre todas las casas de la cuadra y con los más allegados, acompañados en algunas ocasiones con otras viandas que elaboraban en las fincas de los vecinos y que se complementaban con el marrano de Diciembre, el guaro y los músicos en el predio familiar.

En las novenas, los villancicos se cantaban acompañados de los cascabeles, hechos con tapas de cerveza o de gaseosa que salíamos a recoger en las tiendas y cantinas del pueblo y posteriormente machacábamos en la piedra de partir la panela, hasta dejarlas totalmente planas para hacerles un roto en la mitad con un puntillón y luego colocarlas en un alambre grueso y así fabricar el cascabel, con el que nos acompañábamos para cantar. Al finalizar cada novena aparecía la mama con las bananas y una bandeja con tiples, casadillas o cualquier otro tipo de parva dulce, que eran parte de la ocasión y por cual, los niños, íbamos a rezar y a cantar, además para aumentar el puntaje para que el regalo de navidad fuera el que se había pedido. 

Manejarse bien, era la condición más común en aquellos tiempos, cuando la fantasía nos permitía disfrutar con alegría  de la navidad, que comenzaba  cuando los papas nos hacían acostar temprano, después de la novena, para que a la medianoche, se produjera la magia del regalo de navidad, traído  por el niño Dios.  Un minuto después de destapar los regalos, comenzaba el disfrute, cuando poníamos en movimiento el juguete de pilas, nos montábamos en el triciclo, la bicicleta, los patines y pateábamos la pelota o balón de futbol, mientras las hermanitas cargaban la muñeca, hasta que dos horas después, nos mandaban a dormir, para que nos levantáramos temprano y nos colocáramos el estrene,  los zapatos, el pantalón, la camisa. La chaqueta o la prenda que había llegado en el regalo de navidad y nos fuéramos a la casa de la abuela y luego a la de tía, para destapar los regalos que habían llegado por ahí.

Los tiempos cambiaron y hoy, de la Navidad y todo lo que era motivo de alegría y unión familiar y social, se fue convirtiendo en una rutina comercial. Quedaron sembrados en el alma los recuerdos de todo lo que tuvimos oportunidad de vivir en una infancia feliz y una juventud construida con valores y aprecio por lo tradicional familiar. Por allá en el fondo de mi memoria alcance a recordar el poema de algún nostálgico navideño que escribe bajo el seudónimo de Sonoro y que trascribo para complementar esta crónica de lo que ya fue:

NOSTALGIA EN NAVIDAD,

El cruel calendario objeto insensible,

puntual como siempre Navidad traerá,

y no es el frio lo que yo más temo

sino la nieve que a mis sienes vendrá.

Navidad entrañable la del recuerdo,

mis padres y hermanos en el tierno hogar,

todos unidos en la dulce fecha

familia adorada que no volverá.

Navidad que vuelves llena de nostalgia,

queridos ausentes que no volverán,

familias realizadas, hijos que no están.

Mi madre preside la abundante mesa

surgen las palabras y me pongo a pensar…

Que gran artista y escultor el tiempo,

que cambió aquellos niños regalando edad,

por estos maduros que están en la mesa,

que lo que fueron quieren imitar,

con gestos cansinos y voz ya pausada

dicen como antaño. ¡¡Feliz Navidad!!

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