Memoria histórica

Mario Ramírez Monard

Las imágenes no han podido ser más apocalípticas. Miles y miles de hombres, mujeres y niños montados en barcazas, canoas, barcos, otros nadando en el mar Mediterráneo tratando de llegar a Europa o hacia una colonia o protectorado español en el norte de África. Seres humanos que miran como última esperanza una acogida, un espacio en el rico continente al norte de su territorio en busca de comida, de una vida más digna y lejos del hambre, la explotación, las guerras, la desesperanza.

A la vez que millones de seres humanos en otras tierras miran con pavor esta tragedia humanística, en los sitios adonde alcanzan a llegar muchos de estos seres luego de viajar a la deriva varios días después de arrojar en el mar a personas que mueren en el viaje o mirar cómo al lado cómo sehunden las frágiles embarcaciones, reciben algo de amparo por organizaciones humanitarias,pero es mucho másel rechazo de los cómodos habitantes de la poderosa región continental a la que quieren llegar.

Europeos y norteamericanos se beneficiaron del trabajo de los negros africanos durante décadas y esto no es un secreto. Es la historia amarga, pocas veces contada o tergiversada por intereses personales y/o económicos que la generación actual de seres humanos desconoce. Sobre los hombros sangrantes de millones de africanos, se construyó la riqueza del continente americano y, por supuesto, del poderoso continente donde han surgido los más grandes y poderosos imperios que han dominado el mundo: Europa.

Portugueses, españoles, ingleses, franceses, belgas, holandeses y siglos más tarde los norteamericanos, saquearon, explotaron y esclavizaron al gran continente africano. Primero lo recorrieron a lo largo de las costas occidentales en plan de búsqueda de una salida o un camino hacia el ancestral continente asiático, especialmente la China. Exploradores, comerciantes ávidos de riqueza y posesión fueron construyendo su poderen pasos sangrantes, depredando y dominando toda la región que pisaban en su demoledor camino hacia la riqueza.

En anterior escrito de Arrierías, ya habíamos hecho un acercamiento sobre la evolución histórica del África cuando comenzó la exploración y circunnavegación de grandes nautas europeos. (1)

La invasión europea rompió en mil pedazos la unidad ancestral que tenías los africanos a través de sus clanes, las etnias. El africano es profundamente religioso. Antes de la ignominiosa invasión de exploradores y conquistadores, este continente de casi 30 millones de kilómetros cuadrados, era recorrido a pie en cuanto a la carencia de caminos o carreteras en su interior. Cuando los nuevos “conquistadores” descubren sus riquezas, empieza una masiva invasión a sangre y fuego. Legalizan el criminal asalto a través de la Conferencia de Berlín (1883-1885) y se reparten todo el territorio entre Inglaterra (la gran potencia decimonónica), Francia, Bélgica, Alemania y, por supuesto sus primeros exploradores, los portugueses.

Esa invasión colonial desde el siglo XV permitió el comercio de esclavos por casi trescientos años. Al dividirse por partes el inmenso territorio, dividieron, también, la estructura de clanes y la unidad étnica de grandes comunidades negras. En el piadoso, ingenuo y espiritual negro africano fueron creando la conciencia de la supremacía blanca enseñando e implementando su dominio a látigo o con otros medios violentos a quienes no se sometían. Que el blanco era superior y el negro inferior, decían y propagaban. Toda una ideología de dominación.

El negro y sus clanes tenían un sentido colectivo de la vida aprendido a través de la convivencia de miles de años. Para ellos la tierra era de todos, sin excepción y podían, organizadamente, utilizarla entre todos.

Revisando mi pequeña pero especializada biblioteca, encontré un libro que había leído hace ya varios años. La pandemia, ese mal que asuela el mundo actual, me permitió, por el encierro obligatorio, volver a revisar y releer libros importantes por su información y la concepción teórica del respeto por los seres humanos, por la igualdad y la libertad.

Retomé la lectura y análisis de La Tragedia del Congo, (2) narrativa de varios investigadores e investigadores, entre ellos Mark Twain y el Irlandés Roger Casement, siendo este último un diplomático quien, a través de su diario y sus memorias escritas, denunció la criminalidad de su gobierno inglés y, especialmente del genocida belga, el rey Leopoldo II.

En la contra carátula del libro, aparece un escrito que resume, apenas en parte, la denuncia de esa historia oculta o desconocida: “cuando en 1876, Leopoldo II de Bélgica creó la Asociación Internacional Africana y financió luego la expedición de Stanley al río Congo (1879-1884), se estaban sentando las bases para una de las mayores tragedias de la humanidad”.

En edición 48 haremos un análisis más puntual sobre el genocidio, la violación de mujeres, el esclavismo y la inmisericorde explotación de seres humanos bajo la dirección de poderosos reinos europeos más la participación norteamericana y española imponiendo el esclavismo a lo largo de todo el continente americano. He aquí un adelanto: “Al principio, tanto Europa como Estados Unidos apoyaron lo que creyeron que era una misión humanitaria y civilizadora. Pero en realidad se estaba permitiendo que uno de los peores monstruos de la Historia diese rienda suelta a sus ansias de riqueza sin que nadie supiera lo que estaba de verdad ocurriendo en el “corazón de las tinieblas”: el exterminio cruel de los habitantes de la región”. (3)

POST SCRIPTUM: No se debe glorificar el asesinato, la guerra, el abuso de poder como justificación del una política o una filosofía de ese poder.

  1. Véase Racismo. Historia de una ignominia, en Arrierías 30, publicada el 15 de junio 2020, donde hacemos un acercamiento general al esclavismo.
  2. La Tragedia del Congo, en Alfaguara, diciembre 2010.
  3. Véase, complementariamente, El Sueño del Celta de Mario Vargas Llosa, el peruano Premio Nobel de Literatura en 2010
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