Seguramente ha sido la única soprano coloratura notable que hemos tenido en Colombia. Una voz que estuvo a la altura de Yma Sumac del Perú, de América Crespo en Cuba o de Lilly Ponds, la soprano francesa. Desafortunadamente el sino de su vida fue cruel con ella porque un cáncer tronchó su vida prematuramente, pero nos quedó impresa su voz en varias grabaciones que siguen recordando las enormes posibilidades que tenía su hermosa voz.

Libia Lucía Agudelo Rebolledo era su nombre de pila y nació en el hogar que formaron Jesús María Agudelo (llamado “el negro”) y Petrona Rebolledo, el 6 de febrero de 1923, en la ciudad de Medellín. De su padre que cantaba muy bien, seguramente recibió esa herencia musical, que a muy temprana edad comenzó a demostrar. Pero su padre falleció cuando ella estaba muy pequeña y una tía la acogió a su lado y la educó. Primero en el Colegio Central Femenino y luego en María Auxiliadora y advirtiendo en ella notables condiciones vocales la puso al cuidado del maestro José María Tena para que le diera formación musical. Posteriormente estuvo estudiando con el maestro Pietro Mascheroni que la involucró en los programas de ópera y zarzuela.

En el mes de junio de 1945 hizo su debut profesional en el Teatro Junín interpretando el papel de Gilda de Rigoletto y en Bogotá realizó una gran temporada en el Teatro Colón. Por el año 1952 también estudió con el maestro José María Bravo Márquez e hizo parte en su compañía de la más grande agrupación coral que existía en Colombia en ese entonces «El Orfeón Antioqueño».

Cuando regresó a la capital antioqueña grabó su primer L.P. en el año 1958 y tuvo mucho éxito con “Noche china”, “Piscina de Buda” y el vals “Volverás”. En su segundo L.P. que fue realizado con arreglos y la dirección del maestro Jorge Camargo Spolidore tuvo mucha popularidad con “Plegaria al sol”. Otros temas que quedaron grabados con su voz fueron: “El botecito”, “Siboney”, “India” y con Evelio Pérez grabó “El día de la fuga”.  En 1963 grabó su tercer larga duración que también tuvo mucha circulación.

La Compañía Colombiana de Tabaco organizó un concurso en Medellín con el objeto de buscarle un nombre a Libia Ochoa, nombre artístico con el que entonces se le conocía y fue seleccionado el de Alba del Castillo que siguió utilizando en su vida profesional. En compañía de grandes voces de la canción colombiana como Carlos Julio Ramírez, Régulo Ramírez, Jairo Villa y Julio César Alzate y del argentino Alberto Podestá, que vivía entonces en Medellín, realizó una gira extraordinaria por las principales ciudades colombianas recibiendo inmensos aplausos.  Varios países de Sudamérica la oyeron cantar en una gira que realizó con gran éxito hasta Argentina y que extendió también a Europa.

Desafortunadamente cuando su voz se consolidaba recibió la fatal noticia de que un cáncer minaba su organismo. Adecol, la Asociación de Cantantes de Colombia la puso inmediatamente en tratamiento médico. Seis meses estuvo hospitalizada. Cuando salió se pensó en la posibilidad de que su mal había sido curado. Volvió a cantar en un beneficio que se hizo al Hospital San Rafael, pero ya su voz no era igual. La enfermedad la agotaba lentamente hasta que su vida se extinguió el 2 de junio de 1971. Vivía en unas condiciones de pobreza humillantes.

Cuatro días antes José Ignacio Pinilla, autor de la obra Cultores de la Música Colombiana, consiguió entrevistarla y consciente ella de que su vida llegaba al final reconoció, entre lágrimas, que era la última entrevista que le hacían. ¡Qué momento más cruel! De ese excelente reportaje me he valido para hacer su semblanza biográfica. Libia contrajo matrimonio en dos oportunidades, desafortunadamente fueron dos fracasos completos de los que le quedaron dos hijos: Ricardo, el mayor y William de su segundo matrimonio. No fue muy afortunada en el amor. También tuvo un romance con el cantante argentino Hugo Romani que fue un completo fracaso.

En la década de los 80s. el sello Rodven editó un L.P. con sus mejores temas: “Vírgenes del sol” (que hizo tan famosa a Yma Sumac), la “Danza Húngara N° 5”, el vals “Volverás” de Guillermo González, “Madrigal” (no es el de don Felo), “Déjame llorar”, “Sentimiento indio”, “Noche china”, “La piscina del Buda”, “Al compás del río Kwai”, “Azul pintado de azul”, la “Serenata de Malats”, “Tesoro mío”, el fox “La hija del penal”, el bolero “Canción del alma” de Rafael Hernández, y dos canciones que cantó a dos voces con el manizaleño Hernando Muñoz: (en el disco figura equivocadamente el nombre de Hernando Escobar) el vals “Dos palabras” del ecuatoriano Alberto Guillén y la danza “La negra noche” de Emilio D. Uranga. Varias de las autorías están equivocadas en el disco y una total desinformación ofrece el mismo.

// Foto Alba del Castillo

Alba del Castillo interpreta “Vírgenes del sol”

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