Estudiante de licenciatura en literatura.Universidad del Valle, sede Palmira.

Periodismo literario.

En “punto de encuentro” restaurante que queda en la entrada al pueblo más maravilloso del Valle del Cauca, donde abundan cultivos de uva que lo hace tan famoso y visitado para conocer los viñedos,  también hay fritanga y una amplia gastronomía para todos los gustos, casas fincas hermosas y los mejores paisajes que desde sus montañas se pueden apreciar. Bueno, en este lugar se reúnen “los paisas” a desayunar empanada o papa rellena con cerveza, si la charla está buena y no hay compromisos en el momento, se quedan sin problema y a medida que sube la temperatura, sube también el valor alcohol en la bebida que van escogiendo; puede ser tequila, roncito, guaro o lo que haya disponible y la bella mesera Antonella les sirva en la mesa.

El día martes transcurre, con unos cuantos negocios bien hechos, terminados, con platica en el bolsillo, la bolsa inflándose y la cuenta creciendo. Es muy posible que Rafito compre un caballo de esos pura sangre que traen de Bucaramanga que solo vale sesenta millones. Todo depende del ánimo y si vende mañana la Toyota Prado que compró hace una semana y ya está negociando. Por otro lado está don Raffa, el dueño de todos los estancos del pueblo. Pueblo de tres mil habitantes que tiene ocho estancos y no se sabe cuál venden más, en el estanco de la esquina que queda frente a la policía se hacen los más adinerados, ese es el de los jefes donde llegan todos los gotereros a exaltar la gran labor de los paisas Ombe y a mendigar una que otra cervecita que sin pesar se las gastan a cambio del numero celular de alguna de las peladitas que pasan en moto Biwis y llevan la cola bien paradita y el pecho firme.

Hacen una cabalgata de reencuentro porque la cuarentena los tenía dispersos, dicen, cuando nunca hicieron aislamiento ni dieta de alcohol. En la cabalgata van mujeres muy lindas que por lo visto le temen a los caballos pero publican fotos y ponen “amando esto”. Se emborrachan, hacen desorden público, la policía los protege, cierran las vías, terminan a las 2:00 a.m en el parque y hasta los caballos están ebrios. Marcelita andaba a las 7:0 pm con Mario pero ya la vieron que se fue en la camioneta con Ruben. Bien dicen que son puro amor y que sus corazones son tan grandes como sus senos.

Es a los tres días de la cabalgata la fiesta del Coronel, gran hombre el Coronel que era novio de Natalia la hija de Carolina, pero como carolina quedó viuda, ahora el Coro (como le dicen de cariño) se está conquistando a la mamá. O sea, a la ex suegra.

En la fiesta ya Carolina es la novia oficial del Coronel, la fiesta es generosa a simple vista, muchos coroneles retirados y ya pensionados, algunos (muy pocos) con sus esposas, casi todos con las que dice doña Matilde la de las arepas que son las mosas, y puede que sí porque mínimo les llevan cuarenta años de diferencias ellos a ellas, todas muy bonitas y bien vestidas, eso sí, como dignas mujeres de un Coronel que recibe una pensión mensual de 16`000.000. El orgulloso de la fiesta es el homenajeado, el “Coro” que está en compañía de su ex suegra, una bella mujer recién operada, cabello largo, negro, de rostro muy angelical y una personalidad arrolladora y extrovertida, muy parecida a la de la hija que tiene 18 años y ahora está celosa porque su ex se nota feliz con su señora madre. A las 3:15 am cuando la fiesta ya va finalizando y todos se han embriagado, Natalia le dice “perra” a su madre y escupe al “Coro” muchachita grosera dice él, y las amigas se la llevan en un Ford fiesta rojo.

Domingo, día de desenguayabe, van muchos de los paisas y sus acompañantes a comer a uno de los mejores restaurantes, campestre y con una carta amplia y sabor exquisito. Está Camila, la prepago más fina y cotizada jamás vista con Juan Diablo. El prestamista más exitoso de todos los que se han ido a México o Brasil y han vuelto forrados en billete y ahora son los Pablito Escobar del pueblo. Bueno, llega Luisa Mejía, la potra de potras y mujer de Juan diablo, saca de su bolso blanco marca Mochino un revólver y sin pensarlo da tres tiros al aire, Camila, que ya saben quién es, saca de debajo de su chaqueta su revólver y se lo pone de frente a Luisa, todo el mundo que habitaba el restaurante corre, sin saber para dónde pero corren y gritan hasta que Juan Diablo saca su revólver y se lleva a Luisa. Camila guarda el suyo, se sube en su Audi blanco y nuevecito y arranca no en primera, sino como en quinta.

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