Para: Revista digital Arrierías 44

Enemigo que soy de los eufemismos, escribo esta columna con la seguridad del malestar que puede causar en algunas personas que, bajo premisas equivocadas, pretenden integrar una sociedad o convivir dentro de ella abusando de su poder, de su dinero, de la preminencia de un cargo como funcionario público y/o privado.

Se puede catalogar a una persona o ser humano como antisocial, no sólo porque comete delitos atroces o punibles que se castigan dentro de un código penal, sino, también, aquella que viola las normas más elementales de convivencia dentro de una comunidad plenamente establecida y reglada por normas aceptadas que se aplican para todos los habitantes de una aldea, un municipio, una región o un país, sin excepción. De hecho, no hay discriminación por asuntos de género.

Estos personajes, antisociales, según el título de este escrito, sobrepasan esas conductas, el orden establecido. “Se pasan de la raya”, se dice coloquialmente. Pueden encajar como criminales, si violan el código penal, por ejemplo, pero, también, pueden ser antisociales, si atentan contra la convivencia de la sociedad en la cual desarrollan sus actividades cotidianas. De hecho, los criminales son antisociales.

En este sentido, no sólo son criminales o antisociales quienes asesinan, roban, están inmersos en la corrupción, constantes, sino todos aquellos destructores del buen vivir, de su familia, de su comunidad y, por tanto, caben en el término que utilizamos al encabezar esta columna. He aquí un resumen de antisociales ocultos:

  • El machista, quien asume que por ser cabeza de familia o simplemente hombre, puede utilizar toda su fuerza, su poder para dominar completamente la mujer a la que considera un ser inferior. Estos sujetos se arrogan el poder de maltratarla física o mentalmente. En Colombia se han disparado los casos de feminicidios y estos delincuentes, además de antisociales son, por consiguiente, criminales.
  • Es antisocial, el político que a través de un supuesto poder dado por la “democracia” electorera, impone candidatos, acepta contratistas corruptos que convierten el presupuesto nacional en una alcancía a la que saquean constantemente contando con la anuencia de jueces, gobernantes y entidades privadas que ven al colombiano como un esclavo a quien pueden exprimir con impuestos para sostener la inmensa burocracia (otro género delincuencial que pulula en los puestos de mando del país). Las consecuencias: puentes mal hechos, edificios u obras públicas que fácilmente colapsan, carreteras o túneles en obras públicas que demoran décadas en terminarlas, y cuando las terminan, de hecho, muchas son deficientes, con materiales impropios y de duración pasajera. Total, más impuestos, más constreñimiento, más impunidad, más desvergüenza.
  • Antisocial lo es, también, quien evade impuestos y hace trampa con la anuencia de profesionales especializados, para engañar al Estado, al pueblo colombiano.
  • Lo es el Juez que prevarica, el Fiscal que no investiga a sabiendas del delito o el crimen que se comete. No en vano hay en nuestro país casos aberrantes de magistrados de altas Cortes que se encuentran presos por recibir dineros para torcer la justicia mientras otros antisociales que actúan como abogados, utilizan todo tipo de triquiñuelas para tratar de ocultar esos delitos, muchas veces amparados en el derecho fundamental del Debido Proceso que utilizan como comodín para violar la ley. No conocen estos antisociales de la ética profesional que, supuestamente aprenden en los claustros universitarios, o los principios morales que devienen de sus propias familias.
  • Es antisocial un gobierno que se escuda en una pandemia para imponer una carga impositiva atroz a un pueblo que ya no aguanta más impuestos mientras que los grandes potentados, los dueños del sistema financiero les ayuda en la elección para luego recibir la recompensa de beneficios tributarios. Enriquecimiento ilícito, diría yo.
  • Es antisocial y más que antisocial, criminal, tratar de acabar con la tragedia de la producción de cultivos a través de fumigación con glifosato, mortal elemento químico prohibido en la mayor parte de países del mundo solo para dar gusto a potencias donde pululan los consumidores mientras en esas zonas abandonadas por el mismo Estado se destruye la vegetación, animales endémicos, se afectan fuentes de agua y mueren o lesionan a pobres campesinos que no ven otra salida a su desgracia que aceptar el pago de grandes criminales que actúan como multinacionales del crimen.

Podríamos continuar en nuestro señalamiento de más hechos y personas antisociales, pero la necesidad de espacio en nuestra revista nos limita un poco continuar en este listado de personajes y hechos abominables en contra de Colombia, de su mayoría de gente buena, trabajadora, idealista y de gran capacidad de aguante. En escritos posteriores, estaremos precisando todas estas angustias que pueden convertirse en un mecanismo de cambio cuando la gran mayoría de colombianos puedan entender que por décadas hemos sido manipulados y que esos antisociales que han llevado a Colombia al borde del abismo, pueden ser derrotados con el señalamiento, los votos y el desprecio para que podamos despegar hacia una vida real y feliz donde prime, como reza nuestro ordenamiento jurídico, la DIGNIDAD.

POST SCRIPTUM: Usted, amigo lector de Arrierías, ¿conoce a fondo nuestro ordenamiento jurídico? ¿Ha recorrido el país, hablado con esos grandes colombianos que viven en zonas apartadas: campesinos, negritudes, indígenas y sabe de sus necesidades? ¿Verdaderamente cree que este país, con toda su riqueza natural y gran mayoría de habitantes que hacen del trabajo y la familia su fuente de inspiración para ser felices, merece una mejor suerte? Si responde negativamente, es necesario iniciar sus estudios de colombianismo y si lo hace positivamente, es hora de trabajar y luchar más por los derechos, la igualdad y el respeto del resto de mortales que habitamos en este bello país.

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