Columna Palabra empeñada mayo 2021

Cuando empezamos a sentir de manera severa el efecto de la tercera ola de la pandemia por culpa del coronavirus, vivimos tal vez el reto más grande de la humanidad en las últimas décadas.

José Emilio Yepes

Y es que todo se ha puesto “patas arriba”.

Un enemigo tan diminuto e imperceptible se convirtió en el un reto tecnológico y medico con una muy lejana solución.

Nuestras costumbres nos han cambiado de manera drástica, y muy a pesar de percibir un aire más limpio debemos mantener puesto un tapabocas en nuestro rostro, a pesar de mantener nuestras manos limpias y desinfectadas no podemos saludar de manos o abrazar a nuestros amigos y conocidos, y muy a pesar de entender que las ciudades prestan mejores servicios públicos y de consumo, añoramos vivir en el campo.

Pero nuestro añorado y necesario campo colombiano necesita unas políticas públicas que dinamicen sus actividades y logre mejorar el notable desequilibrio que se siente en cada una de las fincas del país.

Organismos como NACIONES UNIDAS están desarrollando e incentivando programas que recomiendan la repoblación y el desarrollo en las zonas rurales del mundo. Un campo con alternativas reales de conectividad es viable y necesario para ayudar a la educación on-line, la telemedicina, los agro-mercados con encadenamiento productivo, y si además se promueve el aprovechamiento de los recursos naturales para obtener energía limpia y se insiste en el mejoramiento de las condiciones de vivienda y vías terciarias, se llegaría exitosamente a posibles condiciones de inversión en el sector rural y de que muchas personas que hoy habitan y alimentan los cinturones de miseria en las ciudades, retornen al campo.

La seguridad alimentaria es y será una prioridad de todos los gobiernos del mundo, y para esto es necesario establecer una hoja de ruta que entregue reales herramientas a nuestro campesinado, generando alternativas de trabajo decente y remunerado en nuestra patria agrícola, reduciendo así las desigualdades sociales y mejorando la vida de nuestros campesinos.

Si logramos armonizar la habitabilidad en el campo reforzando las políticas medioambientales, si nos muestran reales alternativas de reactivación económica agraria y mejoramos las condiciones de conectividad tecnológica y terrestre, tendremos muchas personas interesadas en habitar y cultivar las fincas, dándole de paso, un gran respaldo al gobierno de turno.

Y aunque el mundo este “patas arriba” gracias a la pandemia, si hay cambios de costumbres y hábitos que mejoran enormemente nuestro diario vivir y aunque ella, la pandemia, ha representado un duro golpe en muchos aspectos para toda la humanidad, en otros aspectos, nos ha abierto los ojos a nuevas oportunidades.

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