Por supuesto que hemos tenido muchos compositores en Latinoamérica, pero muy pocos son los que han tenido una gran fecundidad en la producción de sus canciones. Un Agustín Lara en México nos dejó unas 500 canciones, Rafael Hernández en Puerto Rico nos dejó más de 2000 composiciones, Francisco Paredes Herrera en Ecuador compuso unas 800 canciones y Carlos Vieco en Colombia nos dejó más de 2000 composiciones. Alfonso Esparza Oteo en México también fue otro prolífico compositor.

Carlos Vieco

La inspiración, la facilidad para componer música es una condición que les da la naturaleza a muy pocas personas. Rafael Hernández y Carlos Vieco se dan la mano.  Carlos Vieco tomaba una letra escrita por cualquier persona o poeta y en media hora escribía la música de una canción y cada canción es completamente diferente en su melodía. Fueron personas privilegiadas por la naturaleza, porque muchos compositores tardan algún tiempo en escribir la música de una canción. Fueron cerebros diferentes, como el poeta Luis Carlos González que tenía encuadrado en su cerebro el soneto y los escribía con la facilidad de estar conversando. Esas facultades no se dan con frecuencia.

Carlos Vieco le aportó a la canción colombiana más de 800 canciones con letra (de otras personas) más de 1300 temas instrumentales en el pentagrama. Y algunas veces no necesitaba el piano para componer la música. Muchas personas fueron testigos, los amigos del café La Bastilla, como sacaba la libreta de papel pautado y en media hora escribía la música de una canción. Su piano lo tenía incrustado en el cerebro y no necesitaba el sonido físico del instrumento. Y así nacieron “Hacia el Calvario”, “Cultivando rosas”, “Tierra labrantía”, y cientos de canciones más ante la actitud silenciosa de sus amigos que ya no se asombraban de lo que hacía el maestro porque lo hacía con la facilidad de tomarse el tinto.

Pero han ido pasando los años y se va perdiendo la memoria de su vida y de su música. Por eso es muy importante mantener el recuerdo escrito de su vida y cantado de todas sus canciones. Desafortunadamente hoy muchas se desconocen porque de una gran mayoría no quedaron grabaciones y aun cuando quedó escrita su música hoy no son muchas las personas que tienen interés en cantarlas. 

 La evolución de la música a través de modas extrañas para nosotros se ha ido incrustando en las últimas generaciones y cada día que pasa se pierde más el sabor de nuestro cancionero ante la estupidez musical de lo que ahora llaman música. La ignorancia y el mal gusto de la gente actual es inaudita y ahora andar con los pantalones rotos es de buen gusto. Así está la música actual con los pantalones rotos.

Esta obra tiene la finalidad de tratar de recuperar la memoria de este maravilloso personaje como fue Carlos Vieco, y de sus canciones, a pesar de lo difícil que fue sacar alguna información de su vida por el temperamento silencioso que marcó su existencia.  En la vigencia de sus mejores años hubo varios periodistas que escribieron excelentes artículos en la prensa local sobre su vida, por supuesto ya han pasado muchos años y hoy nadie los recuerda.  En este libro los volvemos a evocar para que las generaciones actuales recuerden quien fue Carlos Vieco y su maravillosa obra musical.

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