Siempre ha sido una constante para la caficultura colombiana, y mundial, que después de una temporada de buenos precios, se viene la hecatombe: caída rápida de los precios del grano a niveles que no da ni para cubrir los gastos.

También nos ha tocado vivir la misma historia cuando, por el alza del precio interno del café, todos los productos básicos, de primera necesidad y los costos laborales se incrementan inmediatamente, pero cuando rebaja de manera abrupta este precio, jamás vemos rebaja en el costo los insumos, en el costo de la carne, en el precio de los servicios públicos y especialmente, no rebaja el costo de los jornales o de arrobeo en la cogida de café.

Hoy el ingreso de más de 550.000 familias caficultoras colombianas se ve amenazado porque el valor del grano colombiano en el concierto internacional, y que se conoce como café arábigo, ha perdido el atractivo en los consumidores al parecer por la recesión económica mundial, y el sobreprecio que venía teniendo, inclusive, en época de pandemia, ha pasado al recuerdo, y preocupa que los cafés robustas, que son los producidos especialmente en Brasil, Vietnam e Indonesia, son mucho más baratos que el nuestro, lo que ha aumentado el interés en el consumo internacional de un grano, que de lejos es de inferior calidad.

Creemos los que estamos en el gremio y conocemos parte de la historia reciente del desenvolvimiento del grano, que la situación se ve todavía más afectada, porque además de los motivos expuestos en el parágrafo anterior, la relación con el gobierno nacional al día de hoy NO es buena: las declaraciones de desaprobación del presidente de la republica frente a la elección del gerente general de la federación nacional de cafeteros por parte de los miembros del comité nacional de cafeteros augura tiempos grises y de poco apoyo para el gremio por parte del gobierno de turno.

Pero entonces que vamos a hacer para soliviar la penosa situación económica del renglón agrícola más importante del país y orgullo internacional como el café más suave del mundo?.

Lo primero, echar mano de ese merecido reconocimiento que hace el mundo al café colombiano, y buscar como lo hacen muchas familias y parte de la agro-industria cafetera, de colocar directamente el grano en el consumidor final: venderle el café tostado y molido a nuestros coterráneos, y de ser posible, al mundo entero. Y para lograr esto, debemos exigirle a la institucionalidad cafetera, al ministerio de agricultura, al ministerio de comercio exterior y a las secretarias de agricultura departamental y municipal un apoyo decidido para poder efectuar por nuestra parte la transformación de un producto que la verdad es fácil de vender cuando garantizamos su buena calidad.

Buenas prácticas agrícolas, diversidad en las variedades sembradas, innovación en el beneficio y secado del grano en las fincas, facilidad en la trilla, tostión y empaque, acompañada de un asertivo mercadeo, lograra que el pequeño y mediano caficultor que representan a más de 500.000 familias, puedan salir airosos de estos difíciles tiempos.

Vuelvo a reiterar, solo con la colaboración armónica del gobierno nacional y la institucionalidad gremial se puede enfrentar ”las épocas de vacas flacas”, como lo dicen coloquialmente nuestros campesinos.

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  • Ernesto Pino dice:

    Al buen artículo solo tengo preguntas: 1. Que piensa del nuevo gerente de la Federación no muy bien aceptado por el ejecutivo?2. Sin la FFNNCC, pueden los cafeteros medianos y pequeños, negociar el café en el mercado internacional con un grano con mayor valor agregado (café especial) ?. 3. Podrían los cafeteros de Sevilla y Caicedonia actuar juntos con un proyecto macro para el mercado internacional. 4. Puede el CC del Valle incidir de alguna manera en el beneficio de los cafeteros de ésta región?

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