Hacia una ontología metafísica del bolero

Arrierías 82

Por Francisco A. Cifuentes S.

Ensayo – Entrega 1

“Ese bolero es mío

Desde el comienzo al final

No importa quién lo haya hecho

Es mi historia y es real

Ese bolero es mío

Porque su letra soy yo”

(“Ese bolero es mío”. Mario de Jesús. 1924-2008)

Para Mario, mi bolerista insigne. 

PALABRAS CLAVES: Música, bolero, amor, luna, locura, Latinoamérica, baile.

PRESENTACIÓN

“Amar es empapar el pensamiento/en la fragancia del edén perdido/ Amar, amar es llevar herido/Con un dardo celeste el corazón. (Amémonos. Manuel María Flores y Carlos Montbrun Ocampo)

En este ensayo no pretendo hacer una historia del bolero; además, si no es la intención, la bibliografía al respecto es prolífica, y en la investigación que se realiza para ello se restringe a pesquisas aleatorias para justificar unos gustos personales y unas argumentaciones apropiadas a la perspectiva del escrito.  Tampoco tiene un hilo cronológico coherente; algunas fechas se citan en la medida que sean estrictamente necesarias, para aclarar ciertos asuntos.  Igualmente, no se trata de una discografía completa; ni más faltara en un mundo tan vasto como la música romántica iberoamericana; pero algo de ello se haya, cuando así lo requieren las alusiones escogidas. 

Muy libremente se acude a una cierta hermenéutica para tratar de interpretar algunos títulos de canciones y versos escogidos, acorde con los subtítulos que delimitan la estructura de este escrito. Se trata de interpretar el significado de algunas palabras y enunciaciones, de buscarle sus intenciones humanas y sus relaciones con algunos pensamientos filosóficos y poéticos; para solaz de mi persona como escucha y amante del bolero. 

Nos atrevemos a decir que en esta especulación personal existe algo de intención semiológica; para auscultar la producción de sentido que le alberga al bolero. Es bueno preguntarnos qué sentido tienen sus títulos y sus versos, a la luz de mis clasificaciones personales. Qué presume el bolero, qué es lo que adivina; cuáles son sus pálpitos, sus señales, sus voces, sus códigos. Qué significan sus gemidos, sus gritos y sus susurros. Mejor dicho, ¿qué hay detrás de su tarara ra ra?

Entre la perspectiva elemental de cierta hermenéutica y cierta semiología, se va construyendo un corpus de comprensión y un campo de mínimo saber; solo para degustar más profundamente el bolero y, conocer por la vía de la escucha, algunas aportaciones a la cultura musical iberoamericana; ya que el bolero, en su producción e interpretación, ha trascendido el marco latinoamericano. Y, en esto, su profunda relación con la poética de lengua española ha sido clave. Una y otra, la lírica y la música se han autoalimentado, para bien del espíritu del ser, allende de la península y para prestigio del hombre nativo e híbrido, que ha actuado bellamente en la historia de la cultura contemporánea.

Cuando pretendemos hablar del ser en general y de sus propiedades trascendentales y, esto se lo acomodamos al discurso del amor y por ende al del bolero, estamos tratando de hacer muy libremente una cierta ontología. Las elucubraciones acerca del ser amado, de la búsqueda del amor, de sus relaciones con la eternidad y la trascendencia, son propias de las letras y las intenciones expresas o sugeridas de los boleros. La ontología también contiene los siguientes elementos que se le pueden aplicar al análisis del bolero: la contradicción fundamental entre amor y desamor, la pretendida identidad amorosa del ser (ya sea hombre o mujer), el famoso tercer excluido; precisamente cuando se refiere a la infidelidad o la competencia y, la llamada razón suficiente; que en este caso es el corazón, no la razón y; por él se vive, se ama y se muere. O, dicho de otra manera, él le da razón a la existencia. Y esta es toda una filosofía muy propia del bolero. 

Aristóteles habló de la metafísica como “ciencia primera”, Kant habló de ella como “la necesidad inevitable” y Schopenhauer denominó al ser humano como “animal metafísico”. En general hablamos aquí de la pregunta profunda por la condición del ser; incluso, más allá de la experiencia y de lo fáctico. El hombre es amoroso, necesita amar y ser amado, toma el amor como vía para la trascendencia, se constituye así mismo amando. El bolero, en su aparente elementalidad y sencillez, toca demasiado estos temas; tiene múltiples versiones de las mismas preocupaciones constitutivas del ser y su existencia fenoménica. Por todo lo anterior, en las reflexiones que continúan, en las categorizaciones, en las descripciones y en los ejemplos que se citan, nos permitimos decir que este ensayo es una pretensión de cierta ONTOLOGÍA METAFISICA DEL BOLERO.

CONTEXTOS Y HERMANDADES

“Soy prisionero del ritmo del mar/

De un deseo infinito de amar/

Y de tu corazón”

(Prisionero del mar. Luis Alcaraz)

“Esa negrura que ronda por tu ser/

Talvez sea un gran querer lejano”

(Negrura. Luis Guicho Cisneros)

Hemos sido receptores activos del amor caballeresco, de los aires y formas cortesanas, de lo andaluz, de lo flamenco, de los trovadores y por supuesto de la habanera, el bolero español y nos hemos quedado con la guitarra. Hemos sido influidos por todo El Siglo de Oro, la Generación del 98, la Generación del 27. Aquí se han leído con alborozo las Rimas y Canciones de Gustavo Adolfo Bécquer, hasta los versos y canciones de Manuel Serrat y Joaquín Sabina, pasando por todo nuestro adorado Lorca, el exquisito Pedro Salinas, el sencillo y atormentado Miguel Hernández, el caminante de las olas Antonio Machado, Alberti, Diego y tantos otros que nos han dado ánforas llenas de amor y pasión para la elaboración de nuestros más bellos boleros. 

En Latinoamérica, para no hablar del mundo, siempre han estado adheridas la poesía y la barbarie, la música y la muerte y, en muchos casos, siempre han sobrevivido el tango, la ranchera, la salsa, el rock y el bolero, ante las ausencias personales y colectivas. Por eso, el gran Manuel Mejía Vallejo, el mismo de Aire de Tango, nos canta así:

“Le gustaba su música, cantaba sus canciones, hasta que lo encarcelaron. Por muchos días la guitarra calló, pero a ciertas horas oíamos seis cuerdas sin que nadie las pulsara, como ensayando un aire de ausencia” (MEJIA Vallejo, Manuel y MUTIS, Álvaro. 2013. Una canción. En: La Intacta materia de los días.  Alfaguara. Bogotá. Pág. 24). Y Borges nos remata: “Un símbolo, una rosa, te desgarra y te puede matar una guitarra” (poema “1964”).

Así, el bolero en España retumba en las voces de Sarita Montiel, Rocío Dúrcal, Ana Belén, Pasión Vega, Luz Casals, Concha Buika, Rosalía y Diego El Cigala, por nombrar solo algunas estrellas de la pléyade hispana. Y todos ellos le deben demasiado al cubano Don Antonio Machín, que lo llevó a España y Francia, con frutos imperecederos. 

Ingresaron a nuestra sangre y se quedaron en nuestra piel las vibraciones de los negros, parte de su vocabulario, su cadencia y su arrebato. Toda la música cubana y antillana da bellas muestras de toda esta magia, que asiste la destreza de los pies, el vaivén de las caderas y los hombros, para quedarse enternecida

en el corazón de Latinoamérica. Toña La Negra, Bola de Nieve y Benny Moré, son apenas algunas de nuestras insignias de color, que nos han arrullado las noches, en la playa, en el bar o en cualquier aposento, donde halla pasión o donde estemos recordando con verdadera obsesión. 

Desde estos lares hemos tributado tambores, aires, silbidos de la selva, colorido y magia de las montañas, historias increíbles, mucho amor, mucho amor por la tierra, el cosmos y el ser humano cobrizo, pintado, salvaje y musical.  Por eso se le ha dado al bolero una exquisita percusión para acompañar las cuerdas europeas. Nuestros tambores se han dado un banquete musical, en un mano a mano con el piano, sin precedentes en la Opera y en la Camareta. Por eso, con esta invasión musical, Ramón Ilián Bacca habla de “Maracas en la Opera”, Héctor Favio Martínez nos trae “El Tumbao de Beethoven”, Luis Rafael Sánchez nos deleita con “La Guaracha del Macho Camacho” y Humberto Valverde nos remata con “Bomba Camará”.

De estas aguas, montañas y poblados impredecibles; mejor dicho, desde esta “Vereda Tropical” se ha aportado todo el modernismo poético, hecho bolero; pues para mí, este género es toda una derivación de esa cantera lírica. Por eso han irrumpido con sus maravillosos versos José Martí, Rubén Darío y Amado Nervo, entre muchos otros cantores del alma y el paisaje americano. Esta tributación ha llegado metamorfoseada en Agustín Lara, Los Panchos, Roberto Cantoral, Álvaro Carrillo, Pedro Flores, Rafael Hernández, Cesar Portillo de la Luz y Armando Manzanero, pasando por Julio Jaramillo y Olimpo Cárdenas. Y, para que “no me estés haciendo falta», cabe citar con orgullo nuestro Jaime Rudecindo Echavarría. 

Definitivamente este es “Un mundo raro”, híbrido, mestizo y por supuesto multicultural; expresado en el bolero cubano, antillano, puertorriqueño, mexicano, venezolano, panameño, colombiano, argentino, brasilero, chileno, ecuatoriano, peruano, español y los escritos, compuestos y cantados desde Norteamérica. En esta “Convergencia” confluyen Nat King Cole, Miltiño, Consuelito Velásquez cantada por los Beatles, Granada y Noche Criolla hasta los Angelitos Negros. De allí saldrán unas mezclas que particularmente me emocionan: Los boleros en salsa y los tangos en bolero.  

En la música conocida como salsa, magnifica expresión de la identidad latinoamericana confluyen las culturas indígena, negra, española y las generadas en los E.E.U.U. Aquí, por efectos de delimitación temática, solo me refiero a una fusión.

Nadie osaba imaginarse que una sombra nada más acariciara en vano; algo tan fugaz y contradictorio; hasta que llega justamente una luciérnaga para iluminar el hastío. Esto es lo que veo, siento y escucho en la voz de Héctor Lavoe. Entre tanto anhelo una Longina seductora, orlada de belleza y de boca nacarada como una flor primaveral. Por eso digo que Hay que vivir el momento, así como me lo recomienda Manteca y, que, para mayor delicadeza, debo acariciarte con Dedo de Guante, a la manera de Miltinho o arriesgarme y darte En un Beso la Vida y así esperar El último Acto, mientras llega el Amigo Sol, a despertarme de esta Fantasía Tropical. Claro que Cheo Feliciano me aterriza, recordándome que ese

es Mi Triste Problema, justamente Cuando Me Digas Que Sí, como ya me lo habían advertido Richie Ray y Bobby Cruz. Perdonen esta Confidencia, pero es que tengo el Corazón Herido y en consecuencia me embriaga la Nostalgia.  Sálvame de este Deseo Salvaje en esta Mala Noche o déjame en esta Cama Vacía con los Nervios de Acero. De todas maneras, Que Te Vaya Bien, pues tu eres la Dueña y Señora, así con tu Verdad Amarga me cauces un Desengaño. Aun así, yo tuve el Privilegio en La Noche Más Linda, de haber gozado un Amor Fugaz, llegar al Idilio y quedar Sin Palabras. 

El tango y el bolero son mis hermanos de la noche, el bailongo y la pasión; es más, casi son gemelos; pues el primer bolero impreso fue Tristezas compuesto por Leonardo Acosta en 1883 y, ya es común entre los historiadores de la música porteña, afirmar que el tango nació a finales de 1800; aunque el primer tango registrado como tal es Mi Noche Triste (1917) de Pascual Contursi, popularizado por Carlos Gardel. Ellos son de la parentela del dolor, la nostalgia y la tristeza, así se bailen con mucha emoción en la fiesta, en el club y en el cabaret. Están en el linaje del desplazamiento; unos desde el África y otros desde Europa. Pero como este no es un ensayo sobre el tango, aquí solo deseo resaltar algunos que bellamente han derivado en boleros. Precisamente por eso mismo “cien años pienso en ti» y llevo “cien años unido a tu existencia”, como reza el bolero aquel cantado por Pedro Infante. Pero, además, para enfatizar su contemporaneidad, hay que señalar que Carlos Gardel nace en 1890 y Agustín Lara nace en 1897.

El tango y el bolero también son músicas ciudadanas y productos de nuestra típica modernidad. Por eso hablan de pueblos y ciudades, de plazas, calles, puertas y ventanas. Con ellos, se puede afirmar, que se da el inicio de la expresividad latinoamericana moderna. Pues la manifestación indígena ya estaba en otros aires, en otras prosas y en otras poesías. Pero en el candombe, la salsa, en ciertas milongas y en el bolero se siente la raíz negra y anticolonial.  Continuando con la simultaneidad cronológica y de procesos históricos y socio-culturales, es preciso recordar que la emigración europea hacia la Argentina se produce entre finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX, la Revolución de Independencia Cubana del Imperio Español se da entre 1895 y 1898 y la Revolución Mejicana sucede entre 1910 y 1917. En estas circunstancias se crean tres géneros de música muy especiales para la cultura latinoamericana: el tango, el bolero y la ranchera.

Ahora sí. Nunca he podido decidir cuál es la mejor versión de Garúa, pero aquí apunto la del Puma, en la traslación referida. Igual me sucede cada noche con Niebla del Riachuelo y, por hoy, me quedo con José Luis Morenó. Más bien me voy Por La Vuelta de Felipe Pirela y me quedo en las Sombras de Javier Solís.  Sigo por el Caminito, porque Quiero Verte una Vez Más. Por eso En Esta Tarde Gris digo Adiós Pampa Mia. Pero el mejor atrevimiento es el de los dos jefes de la música del continente; es decir, escuchar a San Daniel cantando a Gardel:  Volver, Por una Cabeza, Mi Buenos Aires Querido, Ladrillo, Golondrinas, El Día que me Quieras y Cuesta Abajo. He ahí “La importancia de llamarse Daniel Santos: fabulación” (SANCHEZ, Luis Rafael. 1989. Universidad de Puerto Rico).  Y la verdadera fusión entre estos dos aires se da en la canción titulada Bolero, que es un tango de Reinaldo Yiso y Santos Lipeskur: “ella cantaba y tocaba boleros, y el, quería tangos”.

El mejor bolero que hayan hecho unos tangueros pertenecientes a “la aristocracia arrabalera” indudablemente se lo debemos a Virgilio y Homero Expósito; que entre otras cosas tienen nombre de cantores clásicos de la antigüedad griega. Entre Altemar Dutra y Antonio Machín, prefiero que sea Bola de Nieve quien me diga que veo “fantasmas en la luna de trasluz” y que oigo “el canto perfumado del azul” y, que se despache diciendo, entre sus inmensos dientes y sus negros labios: “yo que he luchado contra toda la maldad, seré en tu vida lo mejor de la neblina del ayer” (Vete de mí). 

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Sobre el autor.

Francisco Antonio Cifuentes Sanchez.

Lic. Sociales. A.M.Historia. U.Quindio.

Esp. Cultura, Educacion y Pedagogia. U. Javeriana.

Esp. Gerencia Cultural. U. Rosario.

Mag. Filosofia. U. Santo Tomas.

Mag. Planeacion Socio Economica. U. Santo Tomas.

Profesor universitario. Columnista en La Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales SUR de Bogotá y en El Quindiano.com. Programa de radio Música y Cultura en la FM EDÉN ESTEREO. Miembro de la Academia Departamental de Historia del Quindío.

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