REVIVIENDO NOSTALGIAS

“El Duelo”

Por Fernando González Muñoz (General Retirado del Ejército Colombiano)

Arrierías 82

Ismar mi primo hermano, hijo de mi tío Luis Ángel González Herrera, hermano mayor de Agustín, mi padre, curioso de recoger viejos datos se ha convertido en fuente de información y me ha enviado historias y documentos sobre acontecimientos hasta ahora, desconocidos de la cotidiana y apacible vida de nuestros progenitores en el Siglo XX.

Algunos detalles aparentemente fieles a la verdad han llamado mi atención, para compartirlos hoy coloquialmente con mi familia, y sigan conociendo sus raíces. Lejano recuerdo de tiempos idos, difíciles de reconstruir a futuro por obligada ausencia de fuentes y autores.

Por eso he creído conveniente hilvanar estos recuerdos para que algún día en años que quizá ya no veré, alguien siga recogiendo la madeja histórica de nuestros orígenes.

Ahí van:

Doña María Tomasa Herrera, nacida en Ibagué Tolima, se casó en Palmira con Agustín González Carvajal y tuvieron dos hijos: Luis Ángel y Agustín mi padre.

Maria Tomasa, enviudó joven y se trasladó a Sevilla, con sus dos

hijos adolescentes. Luis Angel se convirtió en torero y fue temporalmente famoso con el remoquete de “Luis de La Palma” como figuraba en los emblemáticos carteles de la época, habiendo recorrido con una cuadrilla de reconocidos toreros españoles a la Suramérica taurina con merecidos éxitos y efímera gloria como matador de toros de lidia en aquellas plazas. Mientras tanto, Agustín terminó con gran sacrificio su bachillerato e ingresó como secretario de un juzgado civil del circuito, donde adquirió y asimiló con excelente aptitud y capacidad las lides de abogado penalista litigante, itinerante y empírico. Profesión que ejerció con éxito y penurias durante toda su vida, de pueblo en pueblo por la comarca del “Viejo Caldas” hoy Quindío, Risaralda, Caldas y norte del Valle.

Maria Tomasa Herrera mi abuela, afirmaba ser sobrina del famoso General y líder político Benjamin Herrera, según relatos de sus hijos y nueras, versión que nunca he podido indagar, ni confirmar.

Cerca de la improvisada plaza de toros de Sevilla Valle, donde practicaba a diario Luis Ángel González “Luis de La Palma”, vivía Carlina Londoño, bella joven, caracterizada por una esplendorosa voz, con la que cantaba y encantaba a toda la barriada. Su voz era idéntica, o según algunos, más bella que la de Libertad Lamarque, la “Novia de América” y reconocida artista de fama universal.

Para enamorar a Carlina, Luis Ángel acudió a su hermano Agustín, para escribirle cartas de amor, aprovechando la inspiración y prosapia del aprendiz de abogado que conjugaba con su linda y elegante caligrafía que lo distinguía del común de su generación.

Las cartas existen, yo las conservo. Están fechadas en el año de 1933, en la población de Sevilla.

Al poco tiempo del acontecimiento narrado, año 33 del pasado siglo, Agustín había adquirido y asimilado de maneras sobresaliente, conocimientos básicos y esenciales de derecho penal y atrevidamente bajo los ímpetus de su juventud y natural inteligencia, decidió renunciar como secretario del Juzgado y poner oficina independiente, con el ostentoso rotulo de Abogado, sin haber cursados estudios superiores de Derecho, ni haber obtenido título que lo acreditara como tal.

Fue así como se solventó en la vida y 

mantuvo a su familia, sin riqueza, pero con holgura y sencillez durante sus cincuenta y dos años de vida.

Murió en Bogotá un 19 de marzo de 1963 día de San José, en el Hospital Militar, dos semanas después de haber sufrido un ataque cardiaco, como se decía en ese tiempo en su oficina de abogado en San Martín, departamento del Meta, donde vivía mi familia. Yo era cadete en la Escuela Militar. Por eso mi padre fue enterrado con honores militares, gracias a la generosidad y benevolencia del Director de la Escuela, insigne General Guillermo Pinzón Caicedo.

Volviendo al inicio de su profesión, a la novel oficina de Agustín un día llegaron dos de los doce hermanos Muñoz en busca de los servicios del joven abogado para que les atendiera un litigio de tierras. Iban acompañados de Ana Rosita, su hermana menor que con sus 14 años de lozana y bella adolescencia cautivó de primera vista a Agustín de 22 años. Era el verano del año 1933.

Mientras tanto Luis Angel, mi tío, escribió por mano de Agustín las cartas que  enamoraron, convencieron y conquistaron a Carlina, la de hermosa voz, hasta  llevarla al altar en diciembre de 1933, bajo la promesa exigida por su novia de  dejar el oficio de torero, obligándolo a convertirse en Técnico Agrícola, como  administrador de la hacienda “El Tesoro”, cuyo dueño Don Jesus Valencia, lo  contrató en agradecimiento por la defensa que le hizo Agustín a su hijo Julio  Valencia, acusado de asesinato en brillante y elogioso juicio que le dio fama y  prestigio al joven abogado en toda la comarca.1

Luis Angel murió a los 80 años en lamentables condiciones de pobreza convertido en medico homeópata empírico luego de haber procreado 12 hijos con Carlina y llevar una vida aventurera y licenciosa. Carlina vivió durante 70 años, con dignidad y entusiasmo, manteniendo de milagro su hogar con enormes dificultades y padecimientos.

La familia Muñoz Ospina, cuya matrona era la abuela Ramona Ospina Bermudez,  viuda de Marcos Muñoz Marin, con quien tuvo doce hijos, siendo la menor y más  consentida de la casa Ana Rosita Muñoz, protegida y cuidada de sus hermanos  mayores, famosos en las comarcas de “El Manzano” y “El Cañón de Aures” donde  tenían haciendas cafeteras, por ser pendencieros “macheteros” que enfrentaban  en las fondas tradicionales de campo, todos los fines de semana, cuando se batían  a duelo a físico machete en combates, donde eran aclamados y aupados por los  trabajadores de las fincas veredales, que disfrutaban estos duelos con pasión y  algarabía, apostando todo lo que tenían por los contendientes de su predilección.  Antonio Muñoz, “Toño el Invencible”, hermano de Rosita era el machetero más victorioso, ganador de la mayoría de las contiendas en reñida competencia con dos hermanos mellizos. Dumar y Omar, de la comarca rival “El Cañon de Aures” las cicatrices y mutilaciones en los cuerpos de estos gladiadores eran trofeos de exhibición. Muchos no sobrevivían a las heridas y en el caso de los mellizos, en una de esas fratricidas contiendas, ambos murieron el mismo día en sendos duelos.

Agustín de 22 años y Ana Rosa de 14 se enamoraron y casaron después de un año  de furtivos amores el 7 de noviembre de 1934 en la parroquia de San Luis  Gonzaga, hermosísimo templo que se conserva intacto en la población de Sevilla  Valle, en ceremonia presidida por su párroco, el presbítero Narciso Rentería y  actuando como testigos – padrinos Azahel y Aníbal Valencia.

La perseverancia del joven litigante y de sus influyentes padrinos, lograron que el matrimonio se celebrara a escondidas de los hermanos de Ana Rosita, quienes 

1 Existen documentos originales en mi poder que comprueban el hecho fechados en la población de Sevilla Valle, julio de 1934.

se opusieron desde el primer momento al noviazgo de su niña consentida y reina de la casa a tan tierna edad y además con un pobre, desconocido y orgulloso aprendiz de jurisconsulto, sin título ni merecimientos.

La trayectoria de este novelesco romance, se encuentra documentado en las treinta y dos hermosas cartas que Agustín le enviaba a “Rosa de su alma” cuyos manuscritos están compiladas en el libro. “Añoranzas – Cartas de Amor y otros Escritos”2

María Tomasa Herrera, murió en el año de 1936 relativamente joven a la edad de  50 años en la bella población de Marsella Caldas, cuando vivía en compañía de la  joven pareja recién casada después de conocer a su nieta Marinita González, primogénita de la unión Agustín – Ana Rosa. Después nacieron, Luz Nevia, Augusto, Luz Mary, Jairo y Fernando.

De la inesperada muerte de María Tomasa, existe una carta muy triste y testimonial del hecho, donde Agustín narra con desgarradora prosa, tan intenso acontecimiento dirigida a su hermano Luis Ángel, ausente de la tragedia y de los funerales que se realizaron con mucha pompa y asistencia en la iglesia y el bello cementerio de Marsella, donde su hijo Agustín la despidió organizándole una hermosa tumba que describe con detalle en la aludida misiva y que posiblemente se conserva todavía en ese camposanto.

La primera vez que Agustín vio a esa  primorosa adolescente, quedó prendado de inmediato y empezó a escribirle cartas declarándole su amor.

Al enterarse los hermanos de Rosita le declararon la guerra a este romance, hasta el punto de que amenazaron a Agustín y precedidos de su fama de “macheteros” lo retaron a un duelo a muerte escogiendo a su mejor adalid Antonio Muñoz “Toño Invencible” para enfrentar a Agustín “Novio Indefenso”.

Por orgullo y por honor, Agustín aceptó el reto prevalido de su temor y condenado a su suerte.

2 Libro publicado en el año 2000 de autoría F.G.M. en poder la familia.

Día feriado, sábado, plaza de mercado de Sevilla Valle, hora 11 de la mañana, se inició el anunciado duelo con bombos y platillos. La multitud ansiosa hacía eco a la algarabía, sedienta de sangre y emoción.

El duelo estaba casado y perdido para el novio, quien pálido, sudoroso y sorpresivamente desarmado se presentó vestido de negro riguroso como presintiendo el trágico desenvolvimiento. Toño radiante y armado de dos filosos machetes llegó aclamado por la turba enardecida por el efecto del alcohol ingerido desde tempranas horas como era costumbre, al inicio del macabro espectáculo.

En el centro del ruedo un combatiente armado, valiente y decidido, frente a un hombre inerme, indefenso y desahuciado.

–“Sus machetes”, dizque gritó Toño. Agustín respondió –“solo vengo armado del valor que da el amor” y empezó dirigiéndose a la multitud, cada vez más alborotada por el espectáculo del duelo a muerte.

– “Tengo ganada esta contienda porque voy a luchar por la mujer que amo y no hay en el mundo nada ni nadie que pueda herir mi corazón porque el mío ya se lo entregué a mi amada y si hoy muero por ella también gano, porque prefiero morir ahora que vivir sin ella para siempre”.

Esas palabras pronunciadas con auténtica de emoción, resonaron con profundo eco en la sensiblería de los enardecidos espectadores y a la voz de –“Viva Agustín, viva el novio”. El duelo se definió, sin sangre y con júbilo en favor del condenado.

Agustín, aprendiz de abogado hizo su mejor defensa, salvo su honor, conservo su vida y salió victorioso en el amor.

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Acerca del Autor.

Nuevo colaborador

Nos ha llegado un escrito del General retirado del ejército, el quindiano Fernando González Muñoz, cuyo padre, Agustín González Herrera fue alcalde de Caicedonia iniciando la década del 40. El General González ha seguido muy vinculado a nuestro pueblo y a Sevilla, de donde es oriunda su señora madre. Es miembro de la Academia Colombiana de Historia Militar. Mucha parte de su labor histórica la ha hecho con base en la vida de Simón Bolívar.

Tiene en su haber varios ensayos y escritos entre los cuales sobre sale un libro donde recoge muchas de sus experiencias:  PALABRAS DEL OLVIDO.

De fácil y elegante prosa, ha incursionado en la poesía y en relatos costumbristas. Fue nombrado intendente de Arauca donde llevó a cabo una gran labor administrativa que acercó mucho a la comunidad afectada por la violencia.

Son varios los escritos que nos ha hecho llegar para su publicación en sucesivas ediciones de Arrierías. Bienvenido, amigo.

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