“CUENTO MUY CORTO”

Patricia Monard

Revista Digital Arrierías 73

La vida de un árbol es tan profunda, como sus raíces, y tan misteriosa como sus “entre hojas”. ¡¡¡¡

Este pensamiento surgió el día que tope de frente con quien desde hace más de un año se ha convertido en mi más grande ídolo natural y obviamente Mi Amigo. Su sencillez y a la vez su majestuosa presencia me han llevado a buscar entre sus ramas, entre sus hojas, pero como no quiero que me tilden de “loca” lo hago con mis ojos y no con mis manos, y el poder más maravilloso que tengo…mi imaginación.

Así empieza este breve relato de lo que significó y marco un buen rato de mi vida.

“ENCUENTRO CON EL SAUCE”

¿Existe la palabra hablada cuando de belleza y esplendor se trata?, ¿puedo ante este maravilloso elemento de la naturaleza encontrar algo diferente de lo que podría encontrar cualquier otro ser humano?

Eran las preguntas que segundo a segundo aguardaban a Matilda cada vez que paseaba en el parque, sin atreverse a mirarlo de frente, había algo que se lo impedía, pero ¿qué era eso? Le atraía su enorme tronco, sus brazos y todo lo que salía de ellos, pero seguía mirándolo de reojo, no se atrevía a hacerlo de frente y mucho menos a tocarlo, le parecía que si lo hacía, él podría abrir sus enormes ojos y obligarla a entrar a su alma.

Hasta que un día su mejor amigo, Ernesto, dos años mayor que ella, he olvidado decirlo Matilde hará nueve años en tres días, le conto que sus padres marchaban de la ciudad y que a él le tocaba ir con ellos, por lo tanto no podrían volver a ir a jugar al parque con ella.

Al principio no pareció importarle, pero al día siguiente cuando fue al mismo sitio donde acostumbra encontrarse con Ernesto, recordó que no volvería a verlo ni a jugar con su amigo.

Sintió un fuerte viento que le entro por la nariz, y por alguna razón que no logró entender, sus ojos se toparon con los del árbol que tanto llamaba su atención y descubrió que sus sospechas eran ciertas y que además aparte de ojos tenia boca y peor aún la obligaba a entrar a su recóndita alma.

-. ¿Cómo estas Matilda?, le preguntó el sauce

-. ¿Me habla, como sabe mi nombre?, pensaba la niña

-. ¿Porque estás jugando sola?, acaso tu amigo no vendrá hoy?, le dijo el árbol.

-. No, contesto ella. Ha marchado con sus padres y no volverá. Contestó Matilda, fue como un reflejo, le estaba contestando al árbol.

Él, al ver la sorpresa de la pequeña, le dijo:

-. Podemos hablar, sin mirarnos, solo permite que tus oídos me vean y tus ojos me escuchen.

Ella contesto:

-. Vale, y siguió jugando confiada, segura de que el enorme árbol la estaba observando.

El Sauce le conto que así como tenía muchas hojas, también tenía muchos ojos, y Matilda quiso saber cómo se veía el Valle a treinta metros de altura….

¿Desde ese día, el gran árbol y la pequeña niña juegan juntos y se miran con los oídos y se escuchan con los ojos, sin atreverse a tocarse, para qué?, no lo necesitan. Cada vez que Matilda quiere saber cómo se ve desde lo alto cierra sus ojos y mira su alma.

Escrito para mis niños hace ya muchosssssss años.

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