“Me acuerdo tanto”, “no recuerdo” y “me quería morir”, son tres frases que marcan las memorias de Carla. Cercana a la familia de su padre, especialmente a la esposa de su abuelo, iba cada vez que podía a su casa a pasar el rato con doña Orfa. Una tarde, su madre le insiste para que se vaya con ella:

-Alístese, que vamos donde su abuela.

Resuelta a no obedecer a la orden de su madre, ella insistía en llevarle la contraria, haciéndole “berrinche”.

-Quiero ir donde mi abuelito.

Finalmente, después de varios lloriqueos, la madre accedió a los caprichos de su hija de 6 años, llevándola a la casa de su abuelo. “Lo que me transmitía Orfa era lo que me hacía ir, ella era super cariñosa conmigo, era muy amorosa. Sentía que ella me daba más ese amor de madre que lo que me daba mi mamá, me sentía aceptada”. Sus dos tíos, Jerson y Andrés, quienes también vivían ahí, llevaban una buena relación con ella. “Yo no sé por qué, esa tarde, terminé entrando en la habitación de Jerson”, afirma con el ceño fruncido y la mirada perdida.

-Qué hubo Carla, vení haceme unos masajes.

Jerson, de 15 años, cierra la puerta y Carla procede con los masajes que le pidió: “Mi mamá dice que de pronto él ya había tenido ciertos acercamientos que habían sido sutiles cómo para luego demostrar que no es algo malo lo que va a hacer después”.

– ¿Paro ya?

-Espere.

“No sé cómo, pero de un momento a otro me estaba penetrando”. Carla, tratando de indagar en sus recuerdos, se da cuenta de que tiene lagunas mentales de aquel día.

-Métaselo a la boca.

Jerson, sin conocer qué reacción tendría Carla luego de lo sucedido, le hace este pedido.

-Yo no voy a hacer eso. Si usted me vuelve a molestar yo le voy a decir a mi papito.

Carla, al verle el miembro, siente repulsión y sale de la habitación confundida. “Después de eso, no recuerdo que pasó luego ni los días siguientes”. Con el paso de los días, Carla deja de ser constante con las visitas dónde su abuelo. “Yo creo que me empezó a dar miedo, miedo de que él me dijera algo, me hiciera algo”, afirma Carla, con la mirada aguada y los labios temblorosos.

Los años pasaron, se cambiaron de casa y Carla nunca le dijo nada a su mamá. Sin embargo, un día, su madre entra a su habitación y empieza a observar flujos de color amarillo en su ropa interior y a raíz de eso empieza a hacerle preguntas a Carla:

– ¿Le pasa algo, Carla?

– ¿De qué, mamá?

– ¿Alguien la tocó o algo alguna vez? Por los flujos de su ropa, eso no es normal.

-La verdad es que sí, mami, Jerson lo hizo. -Dijo con la mirada baja y la voz cortada.

La madre de Carla toma la decisión de llevarla al médico para revisar que todo estuviera bien, afortunadamente, no detectaron ninguna anomalía en sus partes íntimas. No obstante, su madre no le dio muchos detalles sobre el diagnóstico clínico: “Yo siento que mis papás tomaron sus propias decisiones conmigo, durante todo ese tiempo sentí que ellos hicieron lo que quisieron respecto a eso”. Su rostro, contraído, pensativo y con el entrecejo fruncido, son una característica que reflejan la gran decepción que siente con respecto a sus padres.

Meses después, el padre de Carla, quien se encontraba en otro país, viaja para Colombia encontrándose nuevamente con su hija: “Mi mamá le comentó lo que pasó a mi papá”. Días después de su llegada, hubo una reunión familiar, en la que se encontraban su abuelo, sus tíos Jerson y Andrés, su tío Pablo, doña Orfa, su padre y ella. “Me acuerdo de que estábamos hablando de eso, no recuerdo mucho de todo, sino que recuerdo Jerson estaba allí y lloraba”.

  • ¡Es mentira lo que Carla está diciendo! ¡¿Cierto?! ¡¿Cierto que yo no le hice nada?!

Jerson, en medio del llanto y el desespero se acerca a Carla, quién se encontraba al lado de su padre, y extiende su mano hacia ella.

  • No me toque.

Al ver que Jerson le iba a tocar la mano, se escondió detrás de su padre: “Él decía que no era cierto lo que yo decía y lo reiteraba”. Así, culminó la reunión familiar y Carla y su padre se fueron. Al día siguiente, la madre de Carla recibió una llamada de la hermana de su padre, Mireya, quién vive en Holanda:

  • Todo lo que Carla y usted están haciendo es perjudicar a la familia. Ella está mintiendo y usted la está manipulando para que diga mentiras.
  • No se meta en esto, usted no sabe nada.

Así, se creó una brecha la familia. Al parecer, lo único que importaba eran los lazos familiares, más no el abuso cometido y el sufrimiento que eso trajo para Carla a largo plazo: “Mi papá le dejó de hablar a mi tía por un tiempo, y también cree que mi abuelo tuvo que ver en eso, en lo que dijo mi tía. Mi papá dice que de pronto mi tía habló con mi abuelo y que él la manipuló para hacerle creer que era mentira lo que decían mis padres, pero nunca fue así, cuando realmente eso pasó”.

Pasaron los días y los años, Carla nunca supo que pasaba consigo misma, lloraba y se encerraba. Su madre por su parte se mostraba indiferente ante el sufrimiento de su hija, haciendo que su relación se tensionara con el paso de los años: “Yo con mi mamá ahora vengo a hablar es porque yo tuve la iniciativa de hacerlo”. Así mismo, la comunicación con sus padres tampoco ha sido la mejor desde ese entonces: “Yo creo que esto que pasó ni siquiera lo saben mis hermanas, yo les cogí rabia a mis papás por eso mismo, me chocaba que mi papá me tocara incluso, porque yo la verdad no he tenido casi comunicación con ellos”. Su tío, Jerson, nunca se pronunció ante lo que hizo, y actualmente vive una vida normal: “Yo ahora lo veo y no siento nada, me parece que fue un irresponsable, diciéndome que negara algo que él había hecho”, afirma, mientras mantiene una mirada dura y un gesto de indiferencia.

A pesar de los padecimientos, complejos y perturbaciones que este hecho trajo Carla, ella se encuentra decidida a continuar su vida, superando poco a poco esta etapa con ayuda profesional que actualmente recibe: “Mi decisión fue perdonar, yo no quiero cargar con eso toda mi vida. En este momento creo que esto hace parte de mí porque creo que tiene que ver mucho con mis complejos y frustraciones que desarrollé, a veces me pregunto si mis ganas de no querer experimentarme sexualmente tienen que ver con esto”.


Laura Marcela Monroy Gutiérrez

Universidad del Valle sede Palmira

Lic. En Literatura

8vo Semestre.

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