La etapa de violencia que venía padeciendo la región del Quindío, y de manera especial Génova, marcada por una influencia nefasta que llegaba desde diversos puntos cardinales, no disminuyó como era de esperarse con la llegada al poder del General Gustavo Rojas Pinilla, en el mes de junio de 1953, y ante los continuos sucesos de dolor, hubo alborozo aquel 10 de mayo de 1957, cuando la cayó la dictadura.

Ese día, desde muy temprano, las estaciones radiodifusoras, de las que la población se encontraba pendiente, entregaron continuos informes sobre el retiro del hasta entonces mandatario de los colombianos y la consiguiente asunción al poder de la Junta Militar, la que estaría encargada de regir los destinos del país hasta el 7 de agosto de 1958, de acuerdo a una plataforma de catorce puntos que fue dada a conocer como programa de gobierno.

La caída del régimen tuvo como principales artífices a los doctores Alberto Lleras Camargo, quien a la postre fue ungido como el primer presidente del Frente Nacional, y Laureano Gómez Castro, quien figura en la historia como el presidente derrocado por la dictadura de Rojas Pinilla.

El hecho produjo regocijo entre la ciudadanía. En el partido liberal se experimentó alguna prudencia, las mayores manifestaciones consistieron en apretones de manos. En el partido conservador hubo otras explosiones de júbilo; desde muy temprano integrantes de ese partido se dedicaron al consumo de bebidas embriagantes especialmente en el bar Social, complementado con la formación de broncas.

La difícil situación de orden público que se vivía a la par en la ciudad de Armenia, obligó al traslado casi total de las unidades del ejército, lo que determinó que el municipio quedara bajo la dirección del alcalde, un teniente de la policía de nombre Pablo García, un dragoneante y cuatro soldados.

El alicoramiento permitió movilizar una manifestación con visos violentos, ya que las descargas de revólver se escuchaban con intensidad, mientras la gritería anunciaba la complicación de los hechos.

Pronto los disparos se oían en la plaza y allí fue herido el dragoneante mientras los manifestantes procedían con distintos elementos a destruir el busto del ya ex presidente Rojas Pinilla, el cual fue arrancado de su pedestal situado en uno de los costados de la plaza principal y arrastrado por las calles del poblado. El mismo había sido erigido durante la administración del teniente Henao Giraldo.

En otro de los costados de igual manera se erigía un busto de quien fuera presidente Laureano Gómez Castro, el cual aquel 10 de mayo fue respetado, y posteriormente desmontado de su pedestal para entrar a hacer parte de la historia conservadora del municipio, ya que sus líderes guardaron busto tiempo el busto, y el que restaurado se mantuvo en una sede de ese partido, en tiempos cuando de manera especial los partidos tradicionales mantenían sedes partidistas durante todo el año.

// Foto 3 Rojas

Los días siguientes marcaron un recrudecimiento de la violencia partidista con varias masacres en diferentes sitios, especialmente en la zona rural, situación que mantuvo al poblado en el ojo del huracán por varios años más, casi llegando a mediados de la década de los sesenta, cuando el clamor de la iglesia y el acompañamiento de las autoridades militares de la época, crearon un clima de tranquilidad, que por igual se mantuvo durante varios años.

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