Ivón Vanessa Gómez

Estudiante de 8 semestre de licenciatura en literatura en la Universidad del Valle, sede Palmira.

En marzo del 2015, me sentía muy indispuesta, no quería comer, vomitaba… llevaba días con retraso, suponía que podía ser eso. Así que me fui hacer la prueba de embarazo, de sangre para que fuera más concreto. Llegué al lugar, muy formal la enfermera me preguntaba que si tenía retraso, que si lo suponía y no sé cuántas preguntas más me hizo, que no recuerdo de lo nerviosa que estaba.

Fue la hora más eterna de mi vida, llegué, no quería entrar, había algo que me decía que el resultado sería positivo. La muchacha me pasó el papel doblado, con las manos temblorosas lo abrí… en mayúsculas y en negrilla POSITIVO.

Sentía que el mundo se me vino encima, tenía 15 años, mis papás me iban a matar. Duré con esa respuesta una semana, sin saber que hacer, ni a quien decirle. Un día no quise ir al colegio de lo indispuesta que estaba y mi mamá me dijo:

  • ¿No va a ir a estudiar? Vamos a tomar un examen de embarazo…
  • Diooos, se me bajo el azúcar, la presión, quería morirme. Enojada le dije no má, no hay necesidad.
  • ¡Que vamos!, no le estoy preguntando.
  • Pero … por favor, tuvo 4 hijos, claro que sabía los síntomas de un embarazo y la mirada en los ojos y no sé qué tantas vainas más.

En efecto fuimos y de salida de la toma del examen me dijo: “Dígame la verdad… ¿usted está en embarazo?

Mis ojos naufragaron un mar eterno de lágrimas, el silenció fue obvio. Mi mamá en un mar de llanto, me decía ¿Pero por qué? Yo te lo dije, te lo advertí…

– ¡Perdón! Era lo único que salía de mi boca.

Vamos a la casa del papá del niño, esto tenemos que hablarlo todos. Fuimos a su casa y mi mamá le dijo, él no supo que decir, la abuela escucho y empezaron a llorar. Quedamos en vernos en mi casa más tarde, mis papás, con los de él.

Fueron los 15 minutos más eternos de mi vida mientras llegábamos a casa. Pero faltaba otro tormento más… decirle a mi papá. Mi mamá me dijo que cuando llegáramos yo le iba a contar. Entramos y él pregunto ¿Cómo le fue a la niña, que tiene? Mi mamá que parecía chimenea, le dijo está en embarazo.

Mi papá se paró de la sala, enojado, tratándome mal, diciéndome hasta de qué me iba a morir, salió y se fue. De nuevo era un mar de lágrimas, fue el día más eterno de mi existencia. Llegaron las 6 p.m. y en eso, tocaron la puerta… eran ellos, entraron y se sentaron y mi mamá al frente y yo al lado del muchacho. Un silencio perturbador acoplo la sala, mi mamá dijo qué vamos hacer, ella como ya han de saber (y su voz temblorosa empezó a escucharse) está en embarazo. Yo sin querer ver a nadie a los ojos, escuche que alguien dijo: “estamos aquí, porque ese bebé va a contar con nuestro apoyo de todas las maneras posibles”. En sus palabras escuche algo de alivio, que aplano mi vida en esos segundos, lo dijo él papá del muchacho y en eso responde la mamá “siempre estaremos para ustedes y lo que necesiten”. El papá de mi hijo, me abrazo y me dijo “todo va a estar bien, vamos a salir adelante los tres”.  Sus palabras hicieron de mí un refugio.

Durante los próximos 6 meses la situación en mi casa no fue la mejor, mamá lloraba desde que se levantaba hasta que se acostaba, papá no me hablaba y casi que todos los días estaba con una botella de licor en su mano. No me atrevía a no decirles nada más, solo que me perdonaran. Un día mi papá se levanto de buenas pulgas y me trajo unas fresas con crema, él sabe lo antojada que soy, me las paso y me dijo: “vea, para que coma” Dios mío fueron las palabras más felices de mi vida, con una sonrisa en la mano le dije “gracias pá” y me las comí con un gusto. Las cosas empezaron a mejorar.

Llegó el día en el que me hacían la ecografía para definir el sexo, en mi familia querían niña, él papá quería niño, su familia querían la mitad niño y la otra niña y yo, no importaba su sexo, después de que estuviera sano, era más que suficiente. Pero yo sabía que era niño, pues en la ecografía de 4 meses la doctora me dijo: “yo creo que es niño, pero no estoy cien por ciento segura, porque no se deja ver mucho, solo que no lo dije delante de las personas que estaban aquí, porque estaban muy emocionadas y no quería equivocarme” La doctora sacó a mi mamá y a la abuela paterna del cuarto, para poder decirme eso, para no poder generar mucha emoción, porque no estaba segura. La ecografía de los 6 meses, lo confirmo. ¡ERA UN NIÑO!  Ahora seguíamos en busca del nombre, Matías, Juan, Andrés, Felipe, Sebastián. No nos poníamos de acuerdo, mientras al papá le gustaba uno, a mi otro. Así pasaron los días y aún no sabíamos cómo ponerle, al paso que íbamos nacería sin nombre.  Hasta que el papá vio una noticia y aparecía el nombre del periodista Juan Jacobo y me dijo: “¿y si le ponemos así?” Le dije:  me gusta Jacobo solo y me dijo esta bien. A todos les gusto el nombre, además de que su significado era “A quien Dios protege”, el nombre era perfecto.

Llegaron los dolores, eran algo suavecitos, entré a la clínica a las 9 de la noche con 2 de dilatación, me mandaron a caminar, así que recorrí todos los pasillos de la clínica, los dolores eran cada vez más fuerte, a eso de las 2 a.m. me revisaron de nuevo y ya estaba en 7 de dilatación, me mandaron a sentarme y  entre a la sala de partos, donde habían más mujeres, el dolor me hacía llorar fuerte, le pregunte a la doctora que a qué hora salía y me dijo: usted se demora, sale por ahí a las 6 a.m.

Los dolores eran intensos, lloraba y gritaba, le decía que ya lo sentía. Pero ella me decía que todavía no. Cuando me calme un rato, escuche a la doctora que regañaba a las demás mujeres, que no se fueran a parar o que no fueran al baño, que la sensación que tenían era normal. En eso se para enfrente de mi camilla y le dice a la practicante, que a ella le hicieron cesaría. Con razón que iba a saber ella de esos dolores. Pasó como una hora cuando le pedí a la doctora que me revisará que sentía que el bebé ya venía y así fue, estaba en 9 de dilatación solo que no rompía fuente y ella no se había dado cuenta. En una contracción puje y rompí fuente, fuimos a la sala de parto, dos pujones y listo, salió. Jacobo estaba llorando, lo limpiaron y lo pusieron en mi pecho, sus suspiros derritieron mi alma, sus pequeñas manitos suavizaron mi piel y él me llenó de amor el corazón.

Jacobo todos los días recibía visita, mis amigos del colegio, mi familia, la familia del papá, mis vecinos. Todos querían cargarlo, verlo, mi casa es extremadamente feliz con su presencia.

Ahora 6 años después comprendí qué es el amor, es en esencia esos pequeños detalles que llenan el corazón y el alma. Verlo reír, mirarlo mientras duerme, como juega, como es de risueño, de preguntón, miedoso, amoroso, cariñoso, como es simplemente tan él en esa pequeña perfección.

 Esto será un proceso largo, a ratos divertido, con carcajadas, lleno de alegrías. Pero también entraré en un colapso de llanto por el desespero y la impaciencia. Sin embargo, no solo estoy para enseñarle, estoy aprendiendo de él, de la vida y de cómo ser mamá.

El acontecimiento / Por Ivón Vanessa Gómez

Estudiante de 8 semestre de licenciatura en literatura en la Universidad del Valle, sede Palmira.

En marzo del 2015, me sentía muy indispuesta, no quería comer, vomitaba… llevaba días con retraso, suponía que podía ser eso. Así que me fui hacer la prueba de embarazo, de sangre para que fuera más concreto. Llegué al lugar, muy formal la enfermera me preguntaba que si tenía retraso, que si lo suponía y no sé cuántas preguntas más me hizo, que no recuerdo de lo nerviosa que estaba.

Fue la hora más eterna de mi vida, llegué, no quería entrar, había algo que me decía que el resultado sería positivo. La muchacha me pasó el papel doblado, con las manos temblorosas lo abrí… en mayúsculas y en negrilla POSITIVO.

Sentía que el mundo se me vino encima, tenía 15 años, mis papás me iban a matar. Duré con esa respuesta una semana, sin saber que hacer, ni a quien decirle. Un día no quise ir al colegio de lo indispuesta que estaba y mi mamá me dijo:

  • ¿No va a ir a estudiar? Vamos a tomar un examen de embarazo…
  • Diooos, se me bajo el azúcar, la presión, quería morirme. Enojada le dije no má, no hay necesidad.
  • ¡Que vamos!, no le estoy preguntando.
  • Pero … por favor, tuvo 4 hijos, claro que sabía los síntomas de un embarazo y la mirada en los ojos y no sé qué tantas vainas más.

En efecto fuimos y de salida de la toma del examen me dijo: “Dígame la verdad… ¿usted está en embarazo?

Mis ojos naufragaron un mar eterno de lágrimas, el silenció fue obvio. Mi mamá en un mar de llanto, me decía ¿Pero por qué? Yo te lo dije, te lo advertí…

– ¡Perdón! Era lo único que salía de mi boca.

Vamos a la casa del papá del niño, esto tenemos que hablarlo todos. Fuimos a su casa y mi mamá le dijo, él no supo que decir, la abuela escucho y empezaron a llorar. Quedamos en vernos en mi casa más tarde, mis papás, con los de él.

Fueron los 15 minutos más eternos de mi vida mientras llegábamos a casa. Pero faltaba otro tormento más… decirle a mi papá. Mi mamá me dijo que cuando llegáramos yo le iba a contar. Entramos y él pregunto ¿Cómo le fue a la niña, que tiene? Mi mamá que parecía chimenea, le dijo está en embarazo.

Mi papá se paró de la sala, enojado, tratándome mal, diciéndome hasta de qué me iba a morir, salió y se fue. De nuevo era un mar de lágrimas, fue el día más eterno de mi existencia. Llegaron las 6 p.m. y en eso, tocaron la puerta… eran ellos, entraron y se sentaron y mi mamá al frente y yo al lado del muchacho. Un silencio perturbador acoplo la sala, mi mamá dijo qué vamos hacer, ella como ya han de saber (y su voz temblorosa empezó a escucharse) está en embarazo. Yo sin querer ver a nadie a los ojos, escuche que alguien dijo: “estamos aquí, porque ese bebé va a contar con nuestro apoyo de todas las maneras posibles”. En sus palabras escuche algo de alivio, que aplano mi vida en esos segundos, lo dijo él papá del muchacho y en eso responde la mamá “siempre estaremos para ustedes y lo que necesiten”. El papá de mi hijo, me abrazo y me dijo “todo va a estar bien, vamos a salir adelante los tres”.  Sus palabras hicieron de mí un refugio.

Durante los próximos 6 meses la situación en mi casa no fue la mejor, mamá lloraba desde que se levantaba hasta que se acostaba, papá no me hablaba y casi que todos los días estaba con una botella de licor en su mano. No me atrevía a no decirles nada más, solo que me perdonaran. Un día mi papá se levanto de buenas pulgas y me trajo unas fresas con crema, él sabe lo antojada que soy, me las paso y me dijo: “vea, para que coma” Dios mío fueron las palabras más felices de mi vida, con una sonrisa en la mano le dije “gracias pá” y me las comí con un gusto. Las cosas empezaron a mejorar.

Llegó el día en el que me hacían la ecografía para definir el sexo, en mi familia querían niña, él papá quería niño, su familia querían la mitad niño y la otra niña y yo, no importaba su sexo, después de que estuviera sano, era más que suficiente. Pero yo sabía que era niño, pues en la ecografía de 4 meses la doctora me dijo: “yo creo que es niño, pero no estoy cien por ciento segura, porque no se deja ver mucho, solo que no lo dije delante de las personas que estaban aquí, porque estaban muy emocionadas y no quería equivocarme” La doctora sacó a mi mamá y a la abuela paterna del cuarto, para poder decirme eso, para no poder generar mucha emoción, porque no estaba segura. La ecografía de los 6 meses, lo confirmo. ¡ERA UN NIÑO!  Ahora seguíamos en busca del nombre, Matías, Juan, Andrés, Felipe, Sebastián. No nos poníamos de acuerdo, mientras al papá le gustaba uno, a mi otro. Así pasaron los días y aún no sabíamos cómo ponerle, al paso que íbamos nacería sin nombre.  Hasta que el papá vio una noticia y aparecía el nombre del periodista Juan Jacobo y me dijo: “¿y si le ponemos así?” Le dije:  me gusta Jacobo solo y me dijo esta bien. A todos les gusto el nombre, además de que su significado era “A quien Dios protege”, el nombre era perfecto.

Llegaron los dolores, eran algo suavecitos, entré a la clínica a las 9 de la noche con 2 de dilatación, me mandaron a caminar, así que recorrí todos los pasillos de la clínica, los dolores eran cada vez más fuerte, a eso de las 2 a.m. me revisaron de nuevo y ya estaba en 7 de dilatación, me mandaron a sentarme y  entre a la sala de partos, donde habían más mujeres, el dolor me hacía llorar fuerte, le pregunte a la doctora que a qué hora salía y me dijo: usted se demora, sale por ahí a las 6 a.m.

Los dolores eran intensos, lloraba y gritaba, le decía que ya lo sentía. Pero ella me decía que todavía no. Cuando me calme un rato, escuche a la doctora que regañaba a las demás mujeres, que no se fueran a parar o que no fueran al baño, que la sensación que tenían era normal. En eso se para enfrente de mi camilla y le dice a la practicante, que a ella le hicieron cesaría. Con razón que iba a saber ella de esos dolores. Pasó como una hora cuando le pedí a la doctora que me revisará que sentía que el bebé ya venía y así fue, estaba en 9 de dilatación solo que no rompía fuente y ella no se había dado cuenta. En una contracción puje y rompí fuente, fuimos a la sala de parto, dos pujones y listo, salió. Jacobo estaba llorando, lo limpiaron y lo pusieron en mi pecho, sus suspiros derritieron mi alma, sus pequeñas manitos suavizaron mi piel y él me llenó de amor el corazón.

Jacobo todos los días recibía visita, mis amigos del colegio, mi familia, la familia del papá, mis vecinos. Todos querían cargarlo, verlo, mi casa es extremadamente feliz con su presencia.

Ahora 6 años después comprendí qué es el amor, es en esencia esos pequeños detalles que llenan el corazón y el alma. Verlo reír, mirarlo mientras duerme, como juega, como es de risueño, de preguntón, miedoso, amoroso, cariñoso, como es simplemente tan él en esa pequeña perfección.

 Esto será un proceso largo, a ratos divertido, con carcajadas, lleno de alegrías. Pero también entraré en un colapso de llanto por el desespero y la impaciencia. Sin embargo, no solo estoy para enseñarle, estoy aprendiendo de él, de la vida y de cómo ser mamá.

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