Jairo Sánchez

El aislamiento, quien lo vive, es quien lo sufre.

Es innegable que un gran número de nuestros lectores son personas de edad que han padecido por el encierro forzoso, voluntario y preventivo durante los meses transcurridos desde la aparición del Covid 19, y ahora, irónicamente, después de recibir la vacuna, el aislamiento continúa.

No es una situación envidiable la de ver reducida la presencia familiar, las visitas, los desplazamientos, la asistencia a lugares habituales de esparcimiento con amigos, y mucho menos, amanecer, cada día, con noticias sobre enfermedad o desaparición de familiares, amigos, conocidos o desconocidos que elevan el número creciente de contagios y muertos con que bombardean al oyente o televidente, todos los días las noticias nacionales o internacionales.

Durante los meses anteriores a la vacunación, los padres y nietos cuidaban del abuelo, de su aislamiento social y de cualquier circunstancia que lo pudiera contagiar. Ahora, irónicamente, los papeles se han invertido. Son los abuelos quienes están viendo como sus hijos y nietos se contagian y mueren por relajamiento y contagios de aglomeración y apertura comercial.

Esa persona adulta que no volvió a reunirse con su grupo de amigos a jugar dominó, parqués, tertuliar, tomar tinto y mucho menos a ser visitado o visitar personas como lo solía hacer, no puede sentirse menos que inhibido en su persona y libre albedrío, pues de ser completamente independiente, pasó a depender de circunstancias que él no puede controlar y que han limitado o borrado completamente su rutina cotidiana con la cual se sentía feliz y realizado.

El adulto mayor contrae problemas mentales y físicos asociados a una situación que lo agobie, la pandemia está mostrando su incidencia en la salud mental de la tercera edad.

No es necesario recalcar sobre un fenómeno que todos estamos sobrellevando. El aislamiento, el temor, la cesación laboral, la pérdida de las habituales ocupaciones, el temor a los servicios de salud intrahospitalarios, las enfermedades crónicas con aplazamiento de diagnóstico y pronóstico por parálisis en cirugías y presencialidad médica que despachan virtualmente, permiten que aparezcan señales que no pueden pasar desapercibidas cuando se trata de adultos porque su salud mental es un tesoro a cuidar.

¿Cómo puedo saber si una persona mayor cercana está teniendo un problema en su salud mental? 1.

Señales de alerta: cambios en la conducta.

• Aislamiento social.

• Quejas persistentes de memoria.

• Alteraciones de sueño.

• Preocupaciones excesivas acerca de la enfermedad y la muerte.

• Ansiedad de reciente inicio.

• Rechazo a alimentarse.

• Abandono del cuidado personal.

Algunas situaciones del adulto mayor pueden exacerbar su estado mental y llevarlo a condiciones de inestabilidad emocional o hasta el suicidio.

• Enfermedad crónica (de larga duración, por ejemplo: artrosis, diabetes, artritis).

• Diagnóstico reciente de una enfermedad temida (cáncer, demencia, etc.).

• Hospitalizaciones recurrentes o prolongadas.

• Cambios recientes o frecuentes de lugar habitual de residencia.

• Estar siendo sujeto de abuso o maltrato (físico, psicológico, económico etc.).

• Duelo de menos de 1 año o viudez reciente.

• Cuidar a una persona con dependencia.

• Dificultad para adaptarse a la jubilación.

Los psiquiatras han determinado perfectamente las estadísticas del suicidio de ancianos y aunque no se difunden como otras, si son muy representativas y recurrentes.

¿Cuáles son las señales que nos inducen a pensar que nuestro adulto mayor puede o quiere acabar con su vida?

Cuando en su conversación expresa que:

• Se siente una carga para otros.

• No tiene razones para seguir viviendo.

• Siente haber perdido la dignidad.

• Se siente atrapado.

• Se siente sin esperanzas.

• Explícitamente, que quiere matarse.

Señales en la Conducta:

• Abandonar actividades significativas.

• Aumentar el consumo de alcohol o fármacos.

• Impulsividad e imprudencia.

• Aislamiento de la familia y amigos.

• Buscar mecanismos para hacerse daño.

• Hacer cartas de despedida.

• Entregar elementos con valor sentimental a otros.

Señales físicas:

• Dolor intenso o prolongado.

• Aumento o disminución marcada en las horas de sueño.

• Falta de energía extrema.

• Disminución importante del apetito y del consumo de alimentos.

Señales anímicas, Empeoramiento de:

• Depresión.

• Ansiedad.

• Pérdida de intereses.

• Irritabilidad y rabia.

• Sentimientos de humillación.

¿Qué hacer?

Lo más aconsejable y obvio es la ayuda profesional del psicólogo o psiquiatra, pero, si en tiempo y condiciones normales estas personas son inaccesibles para los usuarios de las EPS, mucho menos ahora, que ni siquiera con consulta particular se accede a ellas, pues la consulta está sobrecargada y centralizada.

Entonces, la ayuda recae en la familia y sus recursos de primera mano como son la atención y seguimiento al adulto.

¿Qué SÍ hacer?

  • Escuchar, sin juzgar.
  • Validar lo que la persona está sintiendo.
  • Acompañar.
  • Orientar a buscar ayuda profesional.
  • Una vez que una persona mayor pidió ayuda es importante seguir acompañándola.
  • Si es necesario, alertar a otras personas cercanas que puedan colaborar en estas
  • mismas acciones.
  • Ofrecer ayuda con las gestiones necesarias para ser atendido en su red de salud.
  • Ofrecer ayuda en temas prácticos que puedan alivianar la vida cotidiana.
  • Mantener contacto frecuente personal o telefónicamente.

¿Qué NO hacer?

  • NO considerar que sentirse mal es una condición normal de la vejez.
  • NO señalar que es algo que pasará con el tiempo y que no requiere tratamiento.
  • NO insinuar que solo las personas débiles piden ayuda a los servicios de salud
  • mental.
  • NO atribuirlo exclusivamente a elementos de índole religiosa.
  • NO descalificar lo que la persona está sintiendo.
  • NO hacerle sentir que es una carga.
  • NO suponer que, porque está acompañado, no puede sentirse solo.
  • NO amenazar con institucionalizar u hospitalizar.
  • NO negar que existe el riesgo de autoagresión.

Existen factores que ayudan a mantener la salud mental de las personas adultas. Debe darse un acompañamiento y animar a que se realicen.

  • Realizar actividad física.
  • Mantener actividades sociales.
  • Participar de actividades de la comunidad.
  • Realizar actividades que le gusten y sean significativas para esa persona.
  • Pasar tiempo al aire libre y fresco.
  • Descubrir potencialidades o roles sin realizar.
  • Los adultos son muy espirituales, cultive esa cualidad.
  • Cuando hay acercamiento familiar de hijos, nietos y allegados se puede discutir con el adulto acerca de libros, películas, viajes, experiencias. Dejarlo que exprese sus vivencias.
  • Procurar que se mente no se deteriore y que aprenda cosas nuevas. Lecturas, crucigramas, juegos de mesa.
  • Jamás suponga que la sexualidad en el adulto mayor desapareció. Esa es una función biológica como las demás inherentes a la vida.
  • Tampoco crea que el aprendizaje no se da en la adultez. Inscríbalo en un curso de su gusto.
  • Aprender un nuevo idioma es un arma poderosa para fortalecer el cerebro, darle vitalidad y crear nuevas conexiones nerviosas o despertar aquellas latentes, además de ser un recurso para prevenir la enfermedad del olvido, el Alzheimer.
  • El SENA, tiene cursos para todos los gustos y edades, incluyendo el inglés como curso libre sin horarios y comenzando de cero.
  • Si es necesario convivir con el Covid 19, entonces, hagamos que la vida y convivencia de nuestros adultos mayores sea soportable y agradable, pues están viviendo lo que nunca habían imaginado les tocaría vivir: enmascararse para salir, hablar y rezar. Cambiar el abrazo caluroso por un frio roce de puños y sobre todo la incertidumbre de si habrá un mañana.
  1. Salud Mental en personas Mayores. Ministerio de Salud, Chile.
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