En todas partes, ya predomina el odio. Una pandemia peor que el virus actual. Hay pandillas en los barrios, barras bravas en los estadios, frases incoherentes e hirientes en las redes sociales, manifestaciones donde se gritan frases llenas de rencor y donde imperan improperios y palabras de alto calibre como si los demás fuesen enemigos.

Mejor dicho, esta guerra virtual y en las calles está acabando con todo. No se razona, no se piensa. Se apoya una frase, se reenvía y esa frase es para acabar con el oponente sin conocerlo.

Facebook y Twitter son redes donde el odio se hace más claro. Se muestran frases, imágenes, nombre es y acaba con todo. La palabra perdón no existe, como tampoco la palabra afecto. Lo grave del asunto es que algunos, sin pensarlo, comparten textos, imágenes u otros elementos.

¿Cómo haremos para sembrar afecto? No es fácil, porque falta algo en cada persona. O falta alguien dentro de cada ser humano. Pero los seres humanos parece que sembramos más odio que amor y creemos que es más fácil matar que perdonar o dialogar.

Ejemplos en todas partes, en todo el mundo. Ahora, estamos distraídos con la guerra entre Rusia y Croacia, pero hay guerras internas en algunos países como en Yemen.

“El conflicto de Yemen no muestra indicios reales de remitir al entrar en su sexto año, y civiles de todo el país y de todas las generaciones continúan sufriendo las peores consecuencias de las hostilidades militares y de las prácticas ilegítimas que grupos armados estatales y no estatales utilizan por igual.

Se están cometiendo violaciones graves de derechos humanos en todo el país, algunas de las cuales podrían ser constitutivas de crímenes de guerra. Se calcula que, a finales de 2019, más de 233.000 yemeníes habrán perdido la vida por culpa de los combates o de la crisis humanitaria. Mientras, la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ha documentado más de 20.000 civiles muertos y heridos por los combates desde marzo de 2015. Una crisis humanitaria creada por el ser humano ha crecido de manera vertiginosa, con alrededor de 16 millones de personas que se levantan hambrientas cada día”.

Y nos aterramos que haya muertos y más muertos en Ucrania, no vemos a Yemen, pero lo más grave, no sentimos lo que sucede en nuestro país, gracias a esa maldita guerra de nunca acabar.

La paz que se firmó, pareciera de mentiras ya que cada día nos deja más odio, rencor, desplazados. Es el odio heredado. Más de cincuenta años contando muertos por todo Colombia y que nadie pare el desangre, es imperdonable.

Porque nadie habla de perdón. Como si el perdón diera más temor. Como si no se pudiera perdonar.

“El perdón se suele considerar un valor humano. El perdón puede servir por un lado, al ofensor para liberarse de la culpa y por otro lado, para que el ofendido se libere de posibles sentimientos de rencor. El perdón no siempre implica que el ofensor no tenga que compensar de algún otro modo su error.

Se suele valorar el hecho de saber perdonar, aunque también el saber pedir perdón, porque implica de algún modo, reconocer la culpa y el daño cometido a la otra persona. En Psicología, ambas acciones se consideran capacidades del ser humano, que también suelen tener efectos terapéuticos positivos.

Perdonemos. Hablemos de valores. Encendamos la hoguera del afecto. Sintamos a los demás como seres humanos. Los demás no son enemigos como en una guerra, donde sin conocerse se matan y nunca saben por qué.

Seamos seres humanos. El respeto debe primar siempre.

Perdonar constantemente.

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