Colombia amarga (primera parte)

Para: Arrierías 70

A los lectores de la Revista Digital Arrierías debe parecerles extraño que retome títulos reconocidos de grandes obras de la literatura colombiana, la primera del escritor antioqueño Héctor Abad Faciolince, aunque cambio su título original El Olvido que Seremos, por El Olvido que Somos (ya explicaré el por qué) y una de las más reconocidas del escritor y periodista Germán Castro Caicedo Colombia Amarga donde analiza la violencia partidista en Colombia y, justificadamente, cita a Caicedonia, mi pueblo, por ser -en aquella época-, uno de los sitios más violentos de Colombia en cuanto a los asesinatos cometidos en nombre de partidos políticos tradicionales y de los  dueños del poderpor décadas.

Como estudioso que soy de la historia y de los conflictos armados en Colombia y el mundo, me parece extraño y engañoso que muchos analistas, políticos, educadores y gobernantes expresen por todos los medios que el conflicto armado en Colombia tiene una vigencia de “60 años”, falacia esta que entra fácilmente en el imaginario de todos los colombianos; una mentira que ha hecho carrera y día a día es el mensaje que reciben los niños, estudiantes y gente del común vivir.

Planteamos, como tesis central, que nuestro territorio ha estado en permanente conflicto sin contar ni detenernos en la expansión pre hispánica mediante guerras de poder y territoriales de los grupos dominantes, Incas -por ejemplo-, que mediante invasión violenta llegaron hasta el sur de Colombia. Miles de muertos, por supuesto.

En la violenta dominación española cientos de miles de muertos es el resultado de esa dominación a través de las armas, las violaciones, el desplazamiento, el dominio con una cruz por delante y una violenta destrucción de valores, sitios y principios de las comunidades indígenas. No podemos olvidar ni ocultar que la primera guerrilla campesina organizada y estructurada en contra de un dominio de poder fue la liderada por la cacica Gaitana en razón del asesinato y tortura de su hijoTimanco, asesinato que llevó a la captura y descuartizamiento de Pedro de Añasco, el capitán que previamente arremetiera contra la comunidad indígena. La vindicta, la venganza como reacción del pueblo contra el abuso del poder.

No podemos dejar a un lado el levantamiento comunero ya en albores del siglo 19 (1781), la reacción del imperio español capturando, torturando y asesinando a quienes protestaban por abuso en los exagerados impuestos, la violencia española y la miseria del pueblo, hechos queoriginaron ese rechazo popular; luego la iniciación de las campañas libertadoras en cabeza de Bolívar y otros dirigentes en contra de la corona, del imperio; posteriormente, ya derrotados y expulsados los españoles, la lucha por el poder entre quienes habían logrado la liberación y los asesinatos bajo la dirección de Bolívar:Córdoba, el almirante Padilla y otros más; asesinatos de Estado.

En la segunda mitad del siglo 19, nuestro territorio vivió en una guerra constante. La constitución de Rionegro, la desamortización de bienes de manos muertas que originó la anexión de la iglesia católica a un sector partidista, lo mismo que la liberación de esclavos en el gobierno de José Hilario López en 1851, llevaron a Colombia a una guerra sin fin que trajo como consecuencia el debilitamiento del Estado y la pérdida de Panamá.

La lucha partidista y el dominio de grupos élites defensores de la acumulación de tierras, más el desplazamiento de cientos de miles de seres humanos a lo largo de la geografía nacional, especialmente desde Antioquia originó una odisea catalogada como un verdadero ejemplo de osadía, empeño, trabajo familiar en búsqueda de un futuro mejor: la gran colonización antioqueña.

No se han contado muchas historias sobre el impacto de la reacción de los dueños de las concesiones, de la violencia que ejecutaronen Colombia sobre inermes campesinos: aparece, a finales del siglo 19, la modalidad de paramilitarismo y sicariato tan enauge en la actualidad en nuestro azotado país. En próxima edición, continuaremos esta historia, la realidad del olvido que somos en la Colombia amarga.  En ese relato, plantearemos nuestra tesis sobre la falacia de la guerra que arrastramos cuando muchos aseveran que sólo son 60 años. Una mentira.

POST SCRIPTUM: El llamado Congreso de Colombia, es un nido de burócratas que debe asombrar a los colombianos que extienden qué es un verdadero Estado Social de Derecho. Con el pago de un mes de esa enorme burocracia, se podría resolver el problema del hambre y mal nutrición de los niños de la Guajira por espacio de un año. En próxima edición presentaremos cifras para que se aterren, amigos lectores.

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