Arqueólogo

Coordinador Comité de Protección

Arqueológico del Quindío

MEMORIA HISTORICA

Desde los años 1880, el saqueo de tumbas, conocido en Suramérica como “guaquería”, prosperó con fuerza en la zona conocida arqueológicamente en la actualidad como el Valle Medio del Río Cauca, y que específicamente en la región, que después sería nuestro departamento del Quindío, se saquearon miles de estas estructuras verticales, conocidas popularmente como “tumbas prehispánicas”, en la medida en que fueron arrasados nuestros bosques primarios y secundarios, que inicialmente eran los protectores de nuestra hermosa y fértil tierra.

En 1878 se fundó el municipio de Filandia y unos años más tarde, en el sector descrito como La Soledad, fueron saqueadas aparentemente “dos” sepulturas prehispánicas con una vasta ofrenda de orfebrería y cerámica, que inicialmente se conoció como el «Tesoro de Calarcá», supuesto territorio del cacique Quimbaya que opuso resistencia a los españoles (Versión del historiador de arte Pablo Gamboa H.).

Luego se le dio el nombre de «Tesoro de los Quimbaya», con el cual el año siguiente, 1892, se haría famoso internacionalmente durante el IV Centenario del Descubrimiento de América.

El presidente Carlos Holguín (20 de julio de 1982), en su mensaje al Congreso, dice de esta colección:

«Es la más completa y rica de objetos de oro que habrá en América, muestra del grado de adelanto que alcanzaron los primitivos moradores de nuestra patria. La hice comprar con ánimo de exhibirla en las Exposiciones de Madrid y Chicago y obsequiársela al Gobierno español para un museo de su capital, como testimonio de nuestro agradecimiento por el gran trabajo que se tomó en el estudio de nuestra cuestión de límites con Venezuela y la liberalidad con que hizo todos los gastos que tal estudio requería. Como obra de arte y reliquia de una civilización muerta, esta colección es de un valor inapreciable.»

La Presidencia de la República encomendó a don Vicente Restrepo, ex ministro de Estado para conducirlo a Madrid, integrante de la Comisión Colombiana durante la participación de Colombia en la exposición Hispano-Americana, inaugurada el 12 de octubre por la reina regente de España, María Cristina de Habsburgo, con la presencia de los reyes de Portugal.

Un artículo de la época de J. Ramón Mélida, reza: «Por lo que a España respecta, baste recordar la brillante concurrencia de Colombia a la Exposición Hispano-Americana, la novedad y la riqueza de sus antigüedades, y muy especial la espléndida colección “regalada” a España, a no dudarlo, el presente más valioso que ésta ha recibido hasta el día de sus hijas allende el Atlántico.»

En el año de 1892, se firmó la disposición durante el evento de celebración del cuarto centenario del descubrimiento de América en la Biblioteca Nacional de Madrid, donde la reina española María Cristina de Habsburgo recibió un “regalo” de 122 piezas de la orfebrería Quimbaya, que incluían poporos, alfileres, estatuillas, adornos corporales, entre otros. La intención también se dirigía a que dicha colección fuese la cuota colombiana en la exposición del cuarto centenario.

Para esta fecha se había calificado como uno de los hallazgos precolombinos más importantes de América. El representante del Museo Comercial Italiano en Bogotá y miembro de la Sociedad Geográfica de Roma, Carlo Vedovelli-Breguzzo, editó un catálogo en francés que relacionaba las piezas del Tesoro. Además de incluir tres fotografías, también escribió un prefacio, en el que se atrevía a comparar la colección con la magnificencia del arte egipcio antiguo (cf. MSS4170 Documentos manuscritos e impresos sobre el “Tesoro Quimbaya”, Bogotá, 1891; Botero, 2001).

En 1893 se exhibió el tesoro con motivo de la Exposición Histórico Natural y Etnográfica, en Madrid, cuando el presidente Carlos Holguín lo donó oficialmente a la reina María Cristina, quien a su vez lo asignó al Museo Etnográfico de Madrid. Mientras permaneció allí, la colección se exhibió en una sala especial, llamada Sala del “Tesoro de los Quimbayas”.

” LOS QUIMBAYAS”, es el nombre genérico con el que se conoce a uno de los numerosos cacicazgos indígenas del Valle medio del Río Cauca, región esta, que por un error histórico se le denominó como «Cultura Quimbaya». Con este nombre se incluyen los diferentes estilos prehispánicos del antiguo Caldas, norte del Valle y sur de Antioquia. 

Paralelo a la colonización antioqueña en el Quindío, se produjo una intensa actividad de «guaquería» y el interés de los primeros estudiosos que analizaron la cerámica, las figuras modeladas y su orfebrería generalizaron su nombre.

Esta devastadora acción de los guaqueros generó  un mercadeo y una salida de innumerables piezas arqueológicas para diferentes partes del mundo, tanto así, que la tradición oral reza hasta hoy las narrativas de nuestros familiares de “cómo se guaqueaba” y se comercializaban piezas prehispánicas sin ningún requerimiento, como por ejemplo, el prestigioso odontólogo Evelio Quintero V. recordaba como en su niñez en el municipio de Montenegro llegaron ciudadanos de nacionalidad rusa y a lomo de mulas sacaban innumerable material cultural: piezas de cerámica y oro de dicha región (comunicación personal), lo cual genero un comercio de saqueo de este valioso material, dispersándose por los más importantes museos del mundo, como el Británico de Londres, el Etnográfico de Berlín, el de Madrid, y también en museos de prestigiosas Universidades Norteamericanas.

Este conjunto de piezas arqueológicas inicialmente estaba compuesto -según inventarios- por 433 piezas, de las cuales el “regalo histórico”, fue de 122 piezas, con un peso aproximado de quince kilos, obras que responden a formas rituales y funerarias. En su inventario hay doce clases de objetos:

Seis estatuillas, una cabeza, dos instrumentos musicales de viento, once recipientes o «poporos», dos cuencos, ocho alfileres, una corona, seis cascos, 21 narigueras, 31 orejeras, once collares, cinco cascabeles, seis pendientes y nueve pasadores.

El cual refleja el preciosismo orfebre de nuestros grupos ancestrales y que no evidenciábamos que se convertiría en objeto de polémica en la memoria política de nuestro país. Dicha relación de piezas no corresponde a la cantidad descrita por varios especialistas.

“Estéticamente, las obras de mayor interés son las estatuillas desnudas masculinas o femeninas, de pie o sedentes; pequeñas esculturas áureas de bulto redondo, huecas, modeladas previamente en cera y luego fundidas con la destreza característica que lograron los Quimbaya en la representación del cuerpo humano, caracterizado por el modelado anatómico muy esquemático, mediante formas simples y macizas, pero haciendo especial énfasis en el tratamiento de la cabeza, de acentuado naturalismo en la ejecución de rasgos faciales. Es de advertir que estas figuras son huecas porque, a la vez, son recipientes. El tesoro también cuenta con los clásicos «poporos», de formas globulares que representan frutos, o de formas esquemáticas y redondas, y algunos decorados con figuras.

Objetos únicos del tesoro son los instrumentos musicales y la cabeza, que es un sahumador. Igualmente los cascos son muy interesantes por su técnica de laminado, y por su decoración con motivos geométricos y figuras. Los demás objetos son recipientes semiglobulares que imitan la forma de la totuma, alfileres con figuras, collares de figuras esquemáticas, orejeras en forma de carrete y narigueras semejantes a las que ostentan los personajes representados en las estatuillas. Las 122 piezas del tesoro tienen especial importancia, tanto por su sistema de representación que exalta el cuerpo humano, como por el diseño, por su perfección formal y por su depurado sentido estético. En cuanto al estilo, sin embargo, es preciso aclarar que no todas las piezas son Quimbaya: hay alfileres de estilo calima y pendientes del Darién”. (Gamboa, 2002).

Desde los años setenta de este siglo, el Museo del Oro del Banco de la República y el Gobierno colombiano iniciaron gestiones del entonces embajador en España, Belisario Betancur, una negociación sobre el “Tesoro de los Quimbayas”, pretendiendo la recuperación de esta mínima parte de nuestro Patrimonio Arqueológico.

 “La Arqueología ha identificado estos objetos como parte de lo que hasta hoy se conoce como la Cultura Quimbaya (200 a. C.-900 d. C.) […]. Muchas de las piezas fueron fundidas, en la mayoría de casos sin siquiera hacer un bosquejo de ellas para la posteridad, mientras que otras fueron sacadas del país y terminaron en colecciones en el extranjero (Field, 2012, p. 70).

Según aseveran varias fuentes, la región donde fueron hallados los objetos ya era célebre por la presencia de los buscadores de tesoros (“guacas”) o entierros con material cultural con metales preciosos, que despertaban tanto la curiosidad de científicos, comerciantes y políticos, como el temor mágico-religioso de aquellos que se rendían ante la ambición (cf. Bonilla, 1985; Botero, 2001; Field, 2012; Perea, Verde y Gutiérrez, 2016).

En la hacienda La Soledad, donde aparentemente se presenta una errónea información, ya que dentro del paraje donde se presume se encontraron las tumbas prehispánicas, en inmediaciones de lo que era el municipio de Filandia de aquel entonces, en el actual departamento del Quindío, no se conoce sitio denominado “Hacienda La Soledad”.

“En referencia al Tesoro Quimbaya, algunos documentos oficiales señalaban que el señor Domingo Álvarez, propietario original de esta colección que pesaba 21.224 gramos, la había tenido en custodia en el Banco de Bogotá hasta el 19 de agosto de 1891, cuando notificaría a la entidad sobre su venta al señor Fabio Lozano. A su turno, dos días después, Lozano daría aviso al banco de haberla vendido al Gobierno colombiano por la suma de setenta mil pesos ($70.000) de contado.

Mientras se realizaba dicha transacción, el presidente de turno Carlos Holguín Malario formalizaba diligentemente el destino del Tesoro, junto a su gabinete ministerial y su secretario de relaciones exteriores, argumentando las razones por las cuales este conjunto arqueológico, de tan alto valor económico y científico, debía ser convertido en un “presente diplomático”. Por motivos de “decoro y cortesía”, el gobierno de España debía recibir un obsequio que subsanara su inversión como árbitro en el pleito limítrofe entre Colombia y Venezuela. Como consecuencia, en disposición oficial, el gobierno decidió que: En el mismo supuesto tal vez podría llenar este fin la colección de objetos de oro encontrados recientemente en Finlandia, Departamento del Cauca [sic], hoy de propiedad del señor Fabio Lozano T., cuya autenticidad está comprobada y cuyo precio podría ajustarse conforme al dictamen de peritos […] (MSS4170 Documentos manuscritos e impresos sobre el tesoro Quimbaya, Bogotá, 1891).” Biblioteca Luis Ángel Arango: Sala de Libros Raros y Manuscritos. *Angélica Ospina.

LA DECISION TOMADA POR ESPAÑA

Como es conocido recientemente por parte del país más implacable en contra de nuestro Patrimonio Arqueológico NEGO, rotundamente la devolución del conocido Tesoro Quimbaya.

Creemos que la manera en que las instancias que han querido abanderar la reintegración de este pequeño tesoro, en comparación con el vandalismo más despiadado contra nuestra cultura – sin contar otros aspectos que nos dejó semejante invasión- no ha sido la más apropiada.

Toda esta historia contiene, además, un dato curioso: la canciller de Colombia, María Ángela Holguín, cuya cartera debió gestionar el retorno del Tesoro Quimbaya, está conectada en su árbol genealógicocon el hombre que lo entregó a España, Carlos Holguín (su tío bisabuelo), y por la tanto España, argumento que el Tesoro había sido recibido en forma legítima.

LA RESTITUCIÓN DEL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO

Existen un innumerables Leyes y Restituciones de Bienes Culturales que protegen y secundan la recuperación de las innumerables piezas y artefactos prehispánicos que han salido de forma ilegal de nuestro territorio, aunado a las medidas de Estado y Convenciones sobre la Protección del Patrimonio Cultural y la repatriación de los mismos, como por citar: LA RESTITUCIÓN DEL PATRIMONIO ARQUEOLÓGICO – UNESCO. Ley No. 7 DE 1938. Control de la explotación y comercio de reliquias arqueológicas. LEY No. 6360 DEL 21-09-1979.

Entonces debemos preguntarnos:

  • ¿Dónde se encuentra el resto del conjunto de estas piezas, ya que se presenta una diferencia de 311 piezas?
  • ¿Dónde se encuentra el material cerámico, del que supuestamente estaba acompañado las piezas orfebres del tesoro?
  • ¿Por qué las entidades encargadas de repatriar el Patrimonio Arqueológico de La Nación nunca se han pronunciado por las miles y miles de piezas arqueológicas que, desde la misma invasión por parte de los españoles, fueron saqueadas y expropiadas de nuestro territorio?

IDENTIDAD CULTURAL Y SENTIDO DE PERTENENCIA

Creemos que se debe es dar inicio a la formación de nuestra sociedad con un trabajo pedagógico, dirigido a crear sentido de pertenencia proyectando criterios claros y puntuales sobre nuestra Identidad Cultural. 

La pérdida de identidad de las sociedades incide directamente con la falta de arraigo y por tanto, con el abandono del mismo. Sitios en los que nacimos y crecimos y donde compartimos los primeros años de vida y donde la familia, los amigos y el tiempo de ocio fueron fundamentales en lo que somos como personas.

Estos valores y atributos cotidianos, que se conformaron en esos primeros años de vida y que nos acompañan a lo largo de nuestra vida, vivamos donde vivamos, nos forman el que hacer del “Sentido de Pertenencia”.

El conjunto de valorestradicionessímboloscreencias y modos de comportamiento que funcionan como elementos fundamentales dentro de un grupo social, actúan inconscientemente para que los individuos que lo conforman fundamenten el Sentido de Pertenencia.

“EL INDIVIDUO DEBE CONOCER SU HISTORIA PARA CONSERVAR SU IDENTIDAD”.
Virginia América López Villegas.

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