Ahora, cuando han terminado el túnel de La Línea, con sus innumerables viaductos, puentes y demás, creo que vale la pena escribir que el tren es muy importante.

Recuerdo que, hace muchos años, en el tren se movía la carga para diferentes ciudades del país. Y desde Cali, llegaba el tren a Armenia con pasajeros y carga.

El tren fue un medio de transporte utilizado en Colombia hace muchos años. Con el paso del tiempo y el deseo de algunos pocos, desapareció como por encanto.

Hace unos pocos años, se trató de revivir el cuento del tren de azúcar y café. Pero todo quedó como café con leche. Sin nada de azúcar. Es decir, el tren apareció y desapareció.  Fines de semana que sí y fines de semana que no. Y así, el cuento fue aumentando de páginas, porque no había soluciones.

Y quienes no lograron subirse al tren en los días de gloria, es decir, antes de 1992, no conocieron lo que era bueno, agradable y barato. Porque se viajaba Armenia – Cali – Armenia. Y nuestra estación, abarrotada de viajeros, que subían y bajaban, esperaban, mostraba la vida del tren. La cafetería de la estación permanecía llena.

Ahora, no hay tren para pasajeros. El que se inventaron hace un poco más de dos años, fue el tren fantasma. Pasó sin pena ni gloria. Se inventaron el juego del Café y el azúcar. Los paseos turísticos. Es decir, quisieron revivir el tren, pero no se pudo.

Pero como todo aquí es así, nada pasó. A nadie se le ocurrió protestar, decir algo, los concejales, los diputados, los políticos se quedaron callados y el tren no volvió a salir, ni a llegar. A nadie le importó. El tren de pasajeros y de carga desapareció como por encanto, porque se sabe que es más barato que tomar un bus.

¿A quién se le ocurrió acabar con el tren hace años? ¿Quiénes no vieron con buenos ojos el auge del tren? ¿Serían acaso políticos que se volvieron dueños de empresas de transporte y prefirieron estas al tren?

Por eso, estamos como estamos. Aquí, en el Quindío, nuestros políticos están en nada. No hay liderazgo y vamos en reversa. Mejor dicho, se fue el tren.

Es muy fácil tener tren y no solamente turístico. Aquí le han pedido a todo mundo su colaboración para que el Quindío sea tierra de turismo y región de visitantes. ¿Por qué no pedir a la Embajada del Japón o a España, a través del Rey que nos regalen el tren? ¿Recuerda que el hoy Rey de España estuvo en Armenia cuando el terremoto en 1999?

A algunos les parecerá una locura, pero no es así. Creo que España nos debe muchas cosas. Además, el hoy Rey vino luego del terremoto y se dio cuenta cómo quedó la región. Ahora por qué no invitarlo a que vea qué hay de nuevo y cómo se ha medio recuperado el Quindío. Y me perdonan, pero es que con el desempleo tan horrible que hay por estos lados, es imposible pretender que todo está muy bien.

Estaba leyendo sobre el accidente en el túnel de Los Venados y de pronto, encontré una nota escrita por Darío Hidalgo:

“El accidente de La Línea de hace unos días -en el que murieron 8 personas, 5 de ellos pertenecientes a una misma familia– es uno más de los miles que han ocurrido en las carreteras colombianos porque a la gente nos obligaron a compartir las vías con los camiones para el transporte de carga.

Hace unas décadas las principales ciudades de Colombia estaban conectadas por ferrocarril. Pero por una siniestra decisión, se dejó deteriorar hasta la desaparición el transporte férreo y la carga hoy por hoy se mueve casi que exclusivamente por camiones”.

Las famosas tractomulas serpentean las montañas a 20 kilómetros por hora llevando tras de ellas una cola de decenas de vehículos que esperan la mínima oportunidad para sobrepasarlas, así sea que esté prohibido por que en las carreteras andinas prácticamente todo el trayecto está en doble línea continua, es decir, es prohibido el sobrepaso.

El conductor está obligado a decidir entre arriesgarse a un accidente fatal si se encuentra al final de la semirrecta con otro vehículo de frente, o en el mejor de los casos una multa de más de un millón de pesos por sobrepasar en doble línea continua o tener que mamarse kilómetros de carretera en montaña a 20 kilómetros por hora aguantando la polución que producen estos monstruos de más de 30 toneladas.

La carga debería moverse principalmente por tren, como se hace en los países desarrollados. Es mucho más barato y ecológicamente limpio, puesto que los trenes se pueden mover con motores eléctricos alimentados de energía eléctrica que en Colombia sobra gracias a las hidroeléctricas.

Mientras una tractomula mueve un solo contenedor de carga, un tren mueve cientos de contenedores. El asfalto se deteriora mucho más rápido por las pesadas cargas que manejan estos camiones y por eso las carreteras permanecen como trochas.

Pero detrás de la muerte del tren en Colombia hay intereses de poderosos empresarios camioneros que monopolizan el transporte de carga, tienen fichas políticas en las regiones y en el gobierno central e imponen las tarifas que les viene en gana, convirtiendo al transporte por kilómetro en uno de los más caros, contaminantes y peligrosos de todo el mundo. Hay senadores que, a través de sus testaferros, son propietarios de cientos de tractomulas.

Pocos se atreven a develar estas redes porque son tipos peligrosos que se mueven como peces en el agua entre la política, la empresa y la criminalidad. Un ejemplo muy vergonzoso lo denuncio Semana hace bastantes años en este articulo: ttps://www.semana.com/nacion/articulo/ferrocarril-del-pacifico-detuvo-sus-operaciones/472636/

Había gente que les pagaba a las personas para que invadieran el ferrocarril, construyendo casas y montando las famosas brujitas para evitar que el ferrocarril entre Buenaventura y Yumbo, en el que se habían invertido miles de millones, entrara en funcionamiento.

Finalmente, la solución “salomónica” fue ampliar la carretera a doble calzada y así dejar contentos a los poderosos empresarios camioneros y a los conductores de pasajeros, así sea que se deje en la basura toda la inversión que había salido de nuestros impuestos.

Como siempre, ellos engordan sus bolsillos con la plata y los muertos que les ponemos los ciudadanos”.

Es decir, la trampa se descubrió hace muchos años y por eso, el tren dejó de circular. Además, el señor Hidalgo da razones suficientes y claras acerca de los motivos por los cuales ya no hay tren. También conocemos algunos de ellos.

A nadie le interesa revivir el tren. Mientras en los países desarrollados es un medio maravilloso para desplazarse y enviar cargas.

Los invito a leer la Crónica del Quindío de julio 14 de 2015: El regreso del tren. O algunas de mis columnas en El Quindiano, por ejemplo: 0ctubre 12 de 2021.

Habrá políticos en campaña que saldrán a exigir que haya tren, no solo en esta región, sino en el país. Los oportunistas de siempre ya están listos…

Mientras tanto, aquí en esta región, el tren no existe.Busquemos que haya tren para la región. ¡Somos capaces, porque somos grandes!

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