Mi hija Paula Andrea estudiaba en el Colegio San Luis Rey. Tenía 5 años. La mamá le organizaba todo, hacía las tareas y muy contenta se iba. Siempre uniformada, arregladita y lista para ir a estudiar muy temprano.


Mientras tanto, yo trabajaba en la Universidad del Quindío.


Un día, recibimos una nota. La traía mi hija. La profesora había escrito, no para felicitarnos por la hija que teníamos, sino para invitarnos a una reunión para hablarnos acerca de Paula Andrea, pues no podía entender su indisciplina. Y pensaba en qué habría hecho Paula Andrea que nos habían solicitado presencia en el colegio. La profesora de preescolar.


Mi hija no dijo algo al respecto, pues nos decía que ella no hacía nada malo en clase. No entendía por qué la profesora nos había mandado esa carta o citación, mejor.


Nos esperaba la profesora el viernes. Decidí ir a solucionar todo, antes de que se pusiera peor la situación y que mi niña siguiera haciendo locuras. Debía haber sido una catástrofe, porque era la primera vez que nos citaba la profesora de la niña. Algo muy grave para que nos haya enviado esa carta.
El viernes, muy temprano y aprovechando que no tenía clases en la universidad y había dejado todo listo, fui al colegio. Al llegar, el portero, me indagó:


– ¿A dónde va el señor?
– A buscar la profesora de preescolar.
– Un momento, por favor.


Esperé tranquilamente, aunque con un poco de angustia, pensando y repensando en lo que podría haber pasado.


– Siga, señor. Suba. A la derecha está el salón.
– Gracias


Entré y busqué: preescolar. Allí estaba la profesora. Simpática, agradable y muy formal.


– Buenos días, señor. ¿Usted es el papá de Paula Andrea?
– Sí, como no. Nos envió una citación y estamos muy preocupados por la situación, pues queremos entender qué pasa con la niña
– Señor, es muy indisciplinada. No se está quieta un momento. Les digo que sentados y ella va y se para atrás, camina por el salón y cuando quiere, se sienta.
– Bueno, quisiera saber cuál es el problema con la niña.
– Ya le dije, señor. es muy indisciplinada. No se está quieta un momento. Les digo que sentados y ella va y se para atrás, camina por el salón y cuando quiere, se sienta.
– Sigo sin entender cuál es el problema. Ella tiene 5 años y a esa edad, los niños no se pueden estar quietos. ¿Usted tiene niños?
– No, señor
– Entiendo. Le soy sincero, pero no encuentro problema alguno y, por consiguiente, no hay nada grave en cuanto a disciplina.
– Pero es que no se queda quieta un momento. Les digo que sentados y ella va y se para atrás, camina por el salón y cuando quiere, se sienta.
– No se preocupe, profesora. Es igualita a mí.

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