Era yo un muchacho cuando conocí al poeta Oscar Piedrahita González. No me era ajeno en sus versos ya que había leído algunos de ellos compartidos por el poeta Jairo Serna Salazar.

Me había gustado ese tono que tenían sus poemas; unos en sonetos y otros en verso libre que al leerlos se sentía la musicalidad de ellos como una caricia.

Su poesía estaba basada en el hombre, en sus haceres, en sus angustias, en la cotidianidad, en sus sueños. Así lo señala en la presentación de su libro: Donde es cauce la luz (1964):

«Son versos que pudo haber escrito cualquiera de mis angustiados hermanos de peregrinaje terrenal: el carpintero, el zapatero, el jornalero. Y es que son de ellos, pues yo únicamente les he prestado mi voz —modesta como una espiga— porque; señaló citando a León Felipe:

“Yo no soy nadie.Un hombre con un grito de estopa en la gargantay una gota de asfalto en la retina”.

Por ese entonces Óscar trabajaba en la cervecería Bavaría en la ciudad de Armenia. Venía mucho a Caicedonia y hacia honor a su trabajo tomando grandes cantidades de cerveza de la marca de su compañía, con los amigos que llegábamos a saludarlo.

Fueron muchas las veces que esas tardes en la Samaritana, se convirtieron para nosotros en recitales personalizados, pues el poeta, entre cerveza y cerveza, nos regalaba su versear, que era pausado, nítido y muy sentido, pues a cada palabra le daba el tono preciso de la emoción que contenía.

Uno de los poemas que más me gustaba escucharle era Digo Caicedonia, un retrato verseado de esa ciudad que yo vivía y sufría también; y que cuando le decía que lo declamara empezaba:

Digo Caicedonia con la voz del niñoy se vuelve de mieles mi saliva.Caicedonia se dice fácilmentey es la dulce patria de la espiga.

Me encantaba cuando en el poema recordaba a su amigo Julio Gutiérrez a quien estaba dedicado:

Y me iba con Julio a las laderasa contarle luceros a la nochey a soltar nuestros sueños que salíancomo briosos corceles al galope.

(Julio amaba a Clarita. ¡Ah, Clarita!si hubiéramos estado más varones….!En el parque rizado de palmerasera el nido de los niños amores…)Y luego llegaban versos estremecedores refiriéndose a la época de horror de Caicedonia:

Pero un día soltaron a la muertepreñada de fusiles y puñalesy los hombres rodaron por el suelo manchando con su sangre tu paisaje.

—Hombres malos soltaron a la muerterudos hermanos de Caín, Chacales;los torvos enemigos de la espigaque defiende su vida en los trigales—.

Y qué tal el remate de ese poema que conmueve, que entristece:

Ya el cielo de la infancia está tan lejoscomo la hermana muerta y su sonrisa…¡Digo Caicedonia con la voz del hombrey se vuelve de hieles mi saliva!

La pausa era inevitable y el dolor, que de manera extraña escarbaba en nuestro pecho, lo apaciguábamos llevando el vaso de la cerveza a nuestros labios para prolongar el silencio, para no decir nada.

Me dolió mucho enterarme de su partida, porque de alguna manera me guió en el oficio de los versos, me regaló su amistad y alguna noche hicimos un recital en la Casa de la Cultura de Caicedonia del que me quedó el registro en audio de su manera suave de decir su poesía.

Voy a terminar esta evocación con unos versos de un poema que él dedicara a Jorge Alzate García, pero que vienen muy bien al momento:

Que rápido te has ido, compañero,tierra adentro, camino de la espiga.Rota quedó tu voz en el senderobuscando quién la cante y quién la diga.

Oscar era licenciado en lingüística  y literatura y también  periodista.

Creador y director de la sección lengua y habla, del programa cultural “Monitor” de Caracol, poeta, cuentista y crítico literarioEscribió : «Cantos del torturado»;  «El poeta le canta a su pueblo»; “Memorias del mestizaje”; «Dinastía poética»;  «Cantos de Dioneo”; «Donde es cauce la luz»,  «Vigencia de la angustia».

Fue colaborador en el espectador, Magazín Dominical y casi todos los suplementos literarios del país, revistas, etc., con publicaciones de cuentos, poesías, artículos y ensayos de crítica literaria.

Perteneció al Nadaísmo en su última etapa, por invitación de Gonzalo Arango, después de ser finalista en el último concurso nadaísta de poesía con el libro «Cantos de Dioneo». Aparece firmando el último manifiesto en la revista del movimiento, «nadaísmo 70»

Cerremos este homenaje con uno de sus poemas dedicados a Caicedonia

MI PUEBLO

 Caicedonia es mi pueblo, así, clavadoa su cruz, exánime y rendidoo sobre el pedestal inadvertidode su propio destino y su pasado.

Al Valle por Antioquia arrebatadocon la ruana y la arepa, y defendidopor la hidalga barbera que ha sabidovencer a los tiranos y ha dejadorotos los lazos de la tiranía;

Así, sobre la alta serraníaparado con su tiple y su carriel,Caicedonia es mi pueblo, y su regazoes tan caro a mi alma que yo acasoni el mismo cielo cambiaría por él.

Oscar Piedrahita González

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