Del libro de La Canción Colombiana, su historia y sus compositores—

Jaime Rico Salazar

De Medellín viajaron a Quibdó en marzo de 1906, recorriendo cientos de kilómetros abriendo trocha por la selva (si actualmente es casi imposible hacer esa ruta por tierra cómo sería en esos años) y de allí por el río Atrato llegaron al golfo de Urabá y ya en el Atlántico viajaron a Cartagena a mediados de 1906.

En enero de 1907 se embarcaron para Panamá, en donde tuvieron mejor suerte cantando. Hasta una buena sastrería alcanzaron a organizar. Pero no podían estarse quietos. El 4 de julio de 1907 se embarcaron para Jamaica y de allí continuaron a Santiago de Cuba. Muy mal les fue en la región más musical de Cuba, como que tuvieron que aguantar hambre y dormir muchas veces en los parques. Al ver que no conseguían hacer gustar los pasillos y los bambucos, decidieron emprender la larga travesía por la isla, de población en población, hasta llegar a La Habana en el mes de septiembre de 1907. Allí no cambió mucho su suerte como trovadores. Consiguieron emplearse como ayudantes de sastrería y pudieron subsistir así durante algún tiempo. Allí se encontraron con otros dos antioqueños trotamundos que también andaban pasando trabajos: Marcos Tobón Mejía (escultor) y Miguel Angel Osorio, que primero se identificó con el nombre de Main Jiménez, después como Ricardo Arenales y más tarde, Porfirio Barba Jacob. Durante algún tiempo compartieron las mismas dificultades hasta que un día cuando Pelón y Marín estaban cantando en un café, un empresario cubano llamado Raúl Del Monte los escuchó y los contrató para formar parte de una compañía teatral que viajaba a México.

 En el vapor Mérida llegaron a la ciudad del mismo nombre el 22 de julio de 1908 (fecha que encontrara el amigo Roberto Mac Swiney excelente investigador de la canción yucateca) y comenzaron con gran éxito sus presentaciones haciéndose llamar Los Trovadores Colombianos. Pero figuran como León Franco y Juan José Rosel en el Cancionero de Chan-Cil editado en Mérida en 1909. La canción que más gustaba era “El enterrador”. Pasaron luego a Veracruz y por tren siguieron a la capital azteca, llegando a principios del mes de septiembre.

 En la pensión en donde se hospedaron, Adolfo conoció a una mujer que había estado anteriormente dedicada al canto y nació entre ellos un gran amor que poco tiempo después los llevó al altar. Su nombre era Abigail Rojas. Con su colaboración consiguieron muchos contratos en teatros y además ella logró que la Casa Columbia, que recientemente (1904) había empezado a grabar artistas, los contratara.

Pelón

 Heriberto Zapata Cuéncar nos informó que fueron 40 los títulos que grabaron, (les pagaron US 400) según la información que el mismo Pelón le diera (ya estando muy viejo). Gracias al Dr. Pablo Dueñas, importante investigador musical y coleccionista mexicano pude conseguir copia de un catálogo de la firma Mosler, Bowen & Cook de México en el que figuran únicamente 36 temas. Se vendían a $1,75. Posteriormente otro importante coleccionista de California, Zachary Salem me proporcionó dos grabaciones más que no figuran en el mencionado catálogo: el Nº 400 “Todo por ti” y “Acuérdate de mí”. En fecha reciente en la discoteca del Dr. William Ponce de Envigado encontré el Nº 310, que por una cara tiene la danza “No más enojos” y en el reverso trae la danza “Así te quiero amar” grabada por Manuel Romero Malpica. Ya hemos encontrado 39 títulos. Falta por hallar una sola canción… ¿Cuál será?

Pedro Vargas contaba en su autobiografía que la primera canción que había cantado cuando tenía 7 años de edad, en 1913, en San Miguel de Allende había sido “Flores negras” … seguramente se la había enseñado su papá o su mamá. ¿Y ellos cómo la aprendieron? Pelón y Marín estuvieron 4 años cantando por muchas regiones de México y en su repertorio estaba “Flores negras”. La había aprendido Pelón en su estadía en Bogotá en 1898. Ese debe ser el disco que falta por encontrar… 

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