Del libro inédito: DEMONIOS DE UN DÍA

RELATO ONÍRICO

Los sueños son puertas abriéndose al infinito por donde aparecen personajes reales e imaginarios, la mayoría producidos por lapsus de la conciencia, “vía regia al inconsciente”. Esta fue parte de una conferencia dictada por el neurólogo Sigmund Freud en un sueño que tuvo Anna, su inspiradora de la teoría de la personalidad. “El sueño (la ilación de sus contenidos manifiestos) es una formación producida por el trabajo del sueño que transforma el material latente mediante la condensación, el desplazamiento, el trastorno en su contrario y diversos tratamientos que las representaciones inconscientes reciben, en virtud de su estructura, y que designo como desfiguración onírica”, terminó explicando el célebre neurólogo. Anna sigue soñando. Observa a Freud despertar. Lo ve abrir las ventanas del consultorio. Una luz infrarroja baña su cara, es la misma utilizada por el psiquiatra en horas de consulta. Un olor a alcohol la alerta y la regresa al estado de vigilia. Freud con una mano abre las ventanas y con la otra sostiene una lámpara de luz infrarroja que pone junto a la cara de la paciente. El científico tropieza con una botella, al caer se produce un olor a alcohol. Todo este instante le hace recordar a Anna el sueño anterior con exactitud. Freud atraviesa el consultorio traspasando el cuerpo de Anna, se encuentra ansioso y melancólico porque hace tiempos no se ha podido comunicar con Anna, su paciente preferida.             

TODO PARECE…

Lo soñé, lo creé. A la vez, el me soñó, me creó. En este momento ambos erramos entre el sueño, con temor de despertar. Leo sus pensamientos, lee mis pensamientos. Uno y otro creemos que la vida es un sueño y estamos en la obligación de respetarla, por lo tanto es necesario acatar nuestros límites oníricos. Los instantes pasan, con ciertas reservas de parte nuestra. En este desconocido mundo voy a la farmacia a comprar una aspirina, él va a la tienda a conseguir pan, panela, huevos y otros artículos para el desayuno. Después de dos horas nos hemos vuelto diestros en las labores de rutina. De pronto despierto y miro hacia él y lo observo también vigilante, no nos decimos nada. Sale a la tienda a conseguir pan, panela, huevos y otros artículos para el desayuno, en el mismo instante voy a la farmacia a comprar una aspirina. Al regresar la casa ya no estaba en su lugar, nos encontramos en un desierto por donde pasa una caravana de camellos y tres hombres que nos saludan, todo parece un espejismo, un sueño.      

RECETA

Al darse cuenta que se había convertido en una metáfora, se acomplejó. Por esto fue  donde un sicólogo para que le tratara esta enfermedad, así entendía dicho suceso. El profesional de la salud le recomendó no exponerse a la luz de la inspiración. También le anotó que para volver a ser una frase normal debía ingresar, con cautela, al mundo de lo real a través de algún agujero cerebral de un escritor con los pies bien puestos sobre la tierra, hasta lograr alejarse del poeta maniático de la metáfora. Por último le insinuó que esta receta lo expondría a convertirlo en el único personaje suicida de la literatura.  

ONÍRICA 

“Conozco tus sueños tontos”, manifestó el emperador al esclavo. El siervo respondió: “Lo sé, majestad. Yo también sé de sus sueños dorados. Sin embargo, ¿qué diferencia hay entre lo suyo y lo mío, si todo es un sueño?” Emperador y esclavo tuvieron el mismo destino cuando el hombre que los soñaba entró en estado de vigilia. 

REFUTÓ

El poeta se enamoró del verde, del amarillo, del rojo. Todo lo veía de estos tres colores. Unas veces vacas verdes, otras sombras amarillas, mujeres rojas. Le parecía perfecto ver el mundo de esta manera. Cuando le dijeron que había vacas blancas, sombras oscuras y mujeres negras, argumentó que él no percibía el mundo surrealista.   

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