Para: Arrierías 69

Son varios los escritos, libros, audios, comentarios y asuntos de valía que desconocen muchos lectores por varios motivos: poca difusión, lecturas muy especializadas, asuntos que circulan exclusivamente en la academia, en fin, el desconocimiento respecto de asuntos que competen a toda la humanidad, que, según nuestro criterio, deben ser rescatados y publicados luego de una exhaustiva revisión como eventualmente lo hacemos en Arrierías.

El texto que publicamos en nuestra edición de febrero, es un audio que pertenece a un sobresaliente y muy conocido escritor colombiano, Mario Mendoza. Es una invitación a la paz, la concordia, el respeto como forma de rescatar al ser humano de la hecatombe de la guerra, del conflicto que deviene del odio como cultura impuesta y muy arraigada en el mundo.

Para nadie es un secreto la situación de convulsión económica, política y social que vive el mundo: guerras, hambre, miseria, asesinatos, genocidios, luchas por el poder sin medir consecuencias ni afectación en las sociedades del mundo anhelantes de paz. Por supuesto, nuestro país, Colombia, no escapa de la gran crisis mundial, pero a las circunstancias internacionales, agregamos a esa crisis la corrupción en todos los sentidos dentro de lo que gratuitamente hemos rotulado en nuestro Ordenamiento Jurídico: COLOMBIA ES UN ESTADO SOCIAL DE DERECHO.

Un Estado, como el nuestro, no puede cumplir los parámetros establecidos en sus 380 artículos, cuando son desconocidos por la mayor parte de la población con el agravante de que muchos de quienes han leído, conocen y estudian la Constitución, la utilizan para fines personales y no para favorecer a los más pobres, a la población más necesitada. Si usted. amigo lector, ha leído paso a paso nuestra CN, la entiende y conoce de su esencia, de la naturaleza escrita en el artículo 1: “Colombia es un Estado Social de Derecho organizado en forma de República unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista, fundada en el respeto de la DIGNIDAD HUMANA, en el trabajo y la solidaridad de las personas que la integran y en la prevalencia del interés general”. (surayado y resaltado nuestro) y la aplica correctamente, usted es un ciudadano, un ciudadano de bien. Si la desconoce, pero es una persona correcta, por favor, léala, aplíquela y así será un puntal de apoyo para una Colombia mejor, pero si la ha leído, la entiende, tuerce la ley para torvos beneficios y le interesa muy poco el resto de colombianos y, además, es un violador de la ley, usted no es un ciudadano, usted es un delincuente, un bandido.

La razón de la transcripción que adjuntamos y escrita por Mario Mendoza, lleva un mensaje de esperanza, de futuro para una Colombia mejor. Si aplicamos esos principios y seguimos puntualmente ese escrito, seguro, empezaremos a cambiar. Creemos que padres de familia y maestros, deben ser los primeros en reflexionar con respecto al mensaje del autor que citamos hoy en esta edición de Arrierías

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Por: Mario Mendoza

En una biblioteca de Bello, Antioquia, al finalizar al finalizar una grata conversación en público con dos escritores de la región, se levantó un señor que estaba sentado en la primera fila del auditorio y pidió la palabra. Fue una intervención memorable. Habló de cómo desde niño le enseñaron a odiar. Creció en un hogar de católicos recalcitrantes y le enseñaron a odiar a los otros, gente sin fe y sin Dios, sospechosa de llevar vidas licenciosas y desordenadas. Luego, en sus años de adolescente, unos tipos de Cuba hicieron una revolución y, entonces, le enseñaron a odiar a los comunistas, gente rara que no creía en el trabajo ni en la propiedad privada.

Más tarde le enseñaron a odiar a los negros, una raza de perezosos y sinvergüenzas que, si no la hacían a la entrada, la hacían a la salida. Y así, a lo largo de su vida, toda su educación había sido siempre en contra de algo o de alguien, consejos para defenderse, para contraatacar, para no dejarse, para protegerse de los demás.

Esa lista, si empezamos a ampliarla, se vuelve infinita. Los cónclaves masculinos hablando en contra de las mujeres. Las madres y abuelas previniendo a sus hijas y nietas  contra los hombres; los de Santa Fe detestando a los de Millonarios y viceversa; cierta gente de la capital hablando en contra de “los paisas”, los de Cali hablando de “los rolos”, los del Caribe hablando de “los cachacos”, los de una creencia religiosa hablando de las otras creencias o de los que no tienen ninguna; los conservadores hablando contra los liberales, los liberales hablando contra los conservadores; los de tal universidad contra otra, los de una tribu urbana contra las otras; los del norte contralos del sur. Los del sur contra el norte; ciertos fanáticos religiosos alegando contra los gais, los bisexuales y transexuales; ciertas pandillas de homofóbicos aborreciendo a sus colegas homosexuales. Los flacos contra los gordos, los apologistas de las buenas costumbres contra los yonkis; a los que no les gusta el deporte contra los deportistas; los que se creen exitosos detestando a los fracasados, los resentidos en contra de los que hacen bien su trabajo. Todos contra los judíos, todos contra los musulmanes, todos contra los extranjerosque practican costumbres raras, en fin, ASÍ CRECIMOS, ASÍ HEMOS VIVIDO, aprendiendo siempre a odiar a alguien: el machismo, el maltrato infantil, la segregación social, el racismo, el clasismo, la violencia laboral, todas esas taras tienen su origen en una educación cuya base fundamental es EL ODIO. Nos alimentamos de él, no sabemos vivir sin su influjo constante y nefasto y, lo peor de todo, que es muy fácil de contagiar. Por eso, algunos expertos en salud pública lo consideran hoy en día una pandemia, una enfermedad que se ha propagado a velocidades alarmantes. Las verdaderas consecuencias aún no las hemos medido. Odiar va creando, además, una personalidad narcisista que se va anclando cada vez con mayor fuerza en el YO. Lo único importante eslo que me sucede a mí; yo soy el centro del mundo. Yo tengo la razón. Nadie se da cuenta de la verdad, excepto yo.  Nadie ha sufrido tanto como yo. Es que nadie sabe por las que me ha tocado pasar a mí. Mi vida no ha sido cualquier cosa. Todo mundo está muy mal menos yo, que si me doy cuenta de todo. YO, YO, YO.

Las consecuencias físicas y mentales de ese exceso de presencia en sí mismo, son muy negativas. El sujeto no puede expandirse, explayarse, compartir, enriquecerse con las experiencias de los otros. Es difícil también que pueda darse a los demás, entregarse, disfrutar de la generosidad. Por ende, cada vez estará más atrapado, más encarcelado y su odio se irá agigantando también. Es un círculo vicioso que se retroalimenta cada día. ODIAR debilita mucho. Las consecuencias económicas son, también, devastadoras. No logramos trabajar en equipo, no podemos cooperar, no sabemos hacer grupo para crecer como sociedad. El odio impide asociarse para alcanzar metas comunes.

Darnos cuenta de esta educación perversa ya es un paso. Quizás el siguiente paso sea empezar a respetar y a estimar a aquellos que, aunque sean diferentes en su raza, sus equipos de fútbol o sus creencias políticas o religiosas, pueden llegar a ser nuestros mejores amigos, nuestros socios o nuestras parejas sentimentales.

Quizás allá dondeme enseñaron que era territorio enemigo, me está esperando alguien para darme UN ABRAZO.

POST SCRIPTUM: Desde ARRIERÍAS invitamos a maestros de escuelas, colegios, universidades, reuniones con padres de familia para leer este documento, explicarlo, impulsar su esencia. Si logramos crear conciencia del respeto por la dignidad del ser humano, por el reconocimiento del otro, seguro, Colombia será otro país. Tenemos riqueza natural para disfrutar y erradicar, definitivamente, la pobreza, el hambre,  pero debemos empezar a cambiar nuestro imaginario del egocentrismo.

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