Arrierías 84.

Francisco A. Cifuentes S.

“Era más blanca que el agua

Que el agua blanda

Era más fresca que el río, 

Naranjo en flor”

(Naranjo en Flor. Homero Expósito y Virgilio Expósito)

Casi siempre, desde una mirada excluyente, ya tradicional, se ha escuchado el tango y se le ha considerado como una música esencialmente machista, de barriada y, que le canta fundamentalmente al desamor y a las situaciones violentas. En verdad, tiene mucho de eso; pero en esta ocasión nos vamos a permitir resaltar el papel de la mujer dentro de este género muy popular, no solo en América Latina, sino en el mundo entero; a partir de otras miradas y otras escuchas. Aquí se trata de colocar el acento en el protagonismo femenino; tomando las letras más dicientes, su poesía romántica, la exaltación del amor femenino o del hombre hacia la mujer. Su sitial como objeto y sujeto activo en la producción del discurso musical y en todo el agenciamiento simbólico que la lleva a participar en una escena de escritura, voz, danza, coreografía y a circular por las redes de la radio, la televisión, el teatro, el cine y la virtualidad contemporánea. Así, el discurso tanguero, su melodía, su danza y sus ademanes han configurado un ethos cultural, que ha permitido visibilizar el sentimiento, el espíritu y el goce del cuerpo durante más de un silgo, dejando una marca específica en la memoria y en la cultura del hombre latinoamericano, con influencia en muchos entornos sociales y en otras latitudes.

El tango le canta a la mujer en sus diversas condiciones: como madre trabajadora y sufriente, alegremente a la mujer demiurgo de la vida y del sostenimiento de generación en generación. A la esposa fiel y abnegada, pero también a la aventurera, infiel y traicionera. A la hija, a sus cumpleaños y a la prolongación de la estirpe. A la mujer en condición de prostitución, como opción de vida o como víctima del engaño y la explotación; pero también se le hace toda una loa como compañera eterna de varones en cualquier situación, ya sea de goce o de sufrimiento. A la amante en toda su obsesión y delirio, contra las cohibiciones sociales, contra el tiempo y la muerte. Al amor, como un absoluto, pero lleno de instantes maravillosos. A las mujeres trabajadoras en varios oficios e incluso al proletariado femenino de inicios del siglo XX. A las mujeres inmigrantes de Europa que contribuyeron a la construcción de la nación y la sociedad argentina. A la que emigró a las tierras europeas, principalmente a Francia, en busca de mejores condiciones de vida. En este panorama se hallan escritoras de música y letras, instrumentistas, directoras de orquesta, cantantes, bailarinas, actrices y las llamadas propiamente “orquestas de señoritas”, tanto antiguas como contemporáneas. Aquí es preciso ver la renovación del género en voces y figuras muy bien dotadas para el ejercicio tanguero y, que están descollando en el mundo entero.

Pero a diferencia del bolero, el tango no es solo romanticismo o música del amor, es poético, filosófico, político, es música pampera y ciudadana, le canta a la vida y a la muerte. Aprecia musical y líricamente las calles, las carreras, los puentes, las ventanas y la arquitectura. Estos elementos anteriores los toma como objetos autónomos de tratamiento, relacionados o no con la mujer y el hombre.

Las mujeres han dejado huella desde los inicios de la cultura candombera, milonguera y tanguera; desde la pampa, el arrabal, el cabaré, el salón, el club y los mejores escenarios nacionales e internacionales. Se puede hablar de una prehistoria femenina en este género, de su presencia en la “Guardia Vieja” y en la “Guardia Nueva”, de su figuración exitosa en la llamada “Época Dorada del Tango” y su lucimiento en la contemporaneidad. La lista es larga, pero aquí vamos a dar cuenta de algunas que han hecho historia desde los inicios del siglo XX:

Azucena Maizani (1902), Rosita Quiroga (1901), Mercedes Simone (1904), Libertad Lamarque (1904), Ada Falcón (1905), la española Tania o Ana Lucía Divis (1900), Sofía Bazán (1904), Amanda Ledesma (1911), Dorita Devis (1906), Sabina Olmos (1916), Nelly Omar (1911), Maruja Pacheco Huergo (1916), Paquita Bernardo (1900), Martha Lucía Cornelli (fines de XIX), Tita Merelo (1904), la uruguaya Rosita Melo (1900). 

Pero más acá de esta prehistoria del tango femenino, es preciso hacerle un homenaje a muchas damas que enorgullecen la cultura como Virginia Luque, la española Sarita Montiel, la hermosa Valeria Lynch, la mítica madre Mercedes Sosa, los tangos con mariachi de Rocío Durcal, Amelita Baltar, Lida Borda, María Graña, Rosana Falasca, Nina Miranda, Susana Rinaldi a quien Julio Cortázar le dedico todo un poema y “La Gata” Adriana Varela. La contemporaneidad está representada por ellas.

Ellas y el tango están entrelazados en un hibridaje cultural, donde las principales vertientes son el criollismo, el porteñismo y el europeísmo francés y español; donde sobresale la influencia del cuplé, el sainete y zarzuela española. En ese ámbito ya eran sobresalientes las mujeres como cantoras, bailarinas y actrices.

Existe en sus inicios un contexto marcado por el fenómeno de la prostitución, las llamadas casas, salones o patios de baile, principalmente nocturnos, donde asisten criollos, porteños y muchos miembros de la emigración europea en diversas vertientes, principalmente italiana, alemana y francesa. Aquí se presenta la mujer con una sensual coreografía y una danza provocativa, con unos movimientos muy eróticos, bien distintos de lo pornográfico. Por consiguiente, era apenas natural que las señoritas, damas y meretrices fueran objeto de admiración, de franca conquista; tanto para el compromiso, como para el disfrute pasajero. 

En los inicios del tango canción, con piezas ya canónicas, como “Mi noche triste” y “Flor de Tango”, ambas datadas en 1917 e interpretadas por Carlos Gardel, se pueden apreciar los temas y los motivos relacionados con el desamor, las vivencias de la noche, las experiencias y momentos falsos, como las promesas incumplidas, que llevan a la perdición. Estos elementos van a ser constantes en la cultura tanguera;

pero vamos a tratar algunas variantes y otros fenómenos que la enriquecieron, desde sus comienzos.

La cantante Tita Merello es toda una insignia para estas reflexiones. En la canción “Arrabalera” expresa de manera contundente su filiación porteña y musical; destacando la nobleza de esta condición, en los siguientes versos: “llevo un sello de nobleza/soy porteña de una pieza/tengo alma de bandoneón”

Y su magnífica voz añade estos trazos a este paisaje, donde ya se advierte el surgimiento del capitalismo, con la presencia del proletariado; lo que no desdice de características sociales y morales, marcadas por la modestia y lo sano. Por eso canta así: “Mi casa fue un corralón de arrabal, bien proletario…para mostrar mi blasón pedigree modesto y sano”. Esto se lo debemos a Catulo Castillo y Sebastián Piana, justamente en la película de 1959; donde se puede apreciar el proceso de ascenso social, desde una mujer analfabeta hasta convertirse en ícono de la cultura musical argentina y latinoamericana.

Existen otros temas donde prosigue el empoderamiento femenino, a pesar del llamado “qué dirán”, característico de una cultura conservadora y mojigata, que la cantora osa desafiar, incluso, en términos cómicos. A esto se refiere la famosísima canción “Se dice de mi” y “A mí no me cambia nadie”. Mientras en el tema “La milonga y yo”, es enfática en señalar su origen y su condición, expresando: “con la milonga la voy de igual a igual/somos del mismo arrabal”. Y en la canción “Que vachache” se da el lujo de desafiar al hombre. Y en “Que haces, que haces” se presenta toda una demanda social.

Un caso muy especial, donde se manifiesta el compañerismo y la relación de nobleza entre la pareja, está contenido en “La Morocha” (1905), que Flora Rodríguez de Gobi lo grabó en Paris con letra de Ángel Villoldo y música de Enrique Saborido, donde dice bellamente: “Soy la gentil compañera/del noble gaucho porteño”.

La maravillosa Nelly Omar en la milonga “La Descamisada” (Antonio Helú y Enrique Maroni. 1951), toma una postura política de izquierda, al lado de Juan Domingo Perón y Evita, cantándole a “los descamisados de Argentina”; a partir de los cuales surgiría el Movimiento Peronista y posteriormente el Partido Justicialista. Esto la llevó al exilio en 1955, con la caída del caudillo popular. Este tango ya no es amatorio, ni meramente de contenido social, sino fundamentalmente político; justamente expresado por una mujer.

Los temas que entona la pionera Mercedes Simone ahondan en la cuestión amorosa, vista desde la condición femenina, ante la posición preponderante del macho que toma, ama y deja. Por eso, en esta línea de tratamiento, cabe citar a “Celosa”, “Cantando”, “Cuando Silva el Viento” y “Negra María”, principalmente.

Uno de los poemas más bellos de amor, que ha propagado la música tanguera es “Margarita Gautier” (Julio Jorge Nelson y Joaquín Mora. 1943); justamente dedicado a la hermana del gran intelectual puertorriqueño Teófilo Gautier “el que llamó a Puerto Rico La Perla de los Mares”, como consta en “Lamento borincano» de Don Rafael Hernández. A continuación, solo los primeros versos del poema en mención, para apreciar su magnitud, sentimiento y significado:

“Hoy te evoco emocionado, mi divina Margarita.

Hoy te añoro en mis recuerdos,

¡Oh, mi dulce inspiración!

Soy tu Armando, el que te clama. 

Mi sedosa muñequita,

El que llora… el que reza,

Embargado de emoción.”

Muchas otras mujeres han sido dignas de ese tratamiento poético y musical, tan  sublime; valga la pena traer al escenario de este breve discurso, los nombres o el  calificativo de “Marion”, “Margot”, “Grisetta“, la “Papusa del Barrio”, la “Mocosita”,  “Tania de Buenos Aires», «La que murió en París”, la “Muñeca de losa”, la del “Percal”,  “Grisel”, la de la “Milonga linda”, “La Chicana” y la “Mariposita: muchacha de mi barrio”  y, un largo etcétera de deidades barriales y encumbradas; pero todas llevadas a su  podio por el tango.

La cantante japonesa Ranko Fujisawa, es la que ejecuta una de las mejores versiones del tema “Mama yo quiero un novio”. Con ello se desea resaltar la libre elección de la mujer en el contexto de una cultura tradicional y, a su vez, el sacrificio de la amada por lo que firmemente desea: “Mama, yo quiero un novio guapo y compadrón… mama si encuentro ese novio yo me pianto, aunque te encabrés” (Roberto Fontaina y Ramón Collazo. 1928)

Otra de las canciones más bellas de la música argentina es precisamente “La Pulpera de Santa Lucía”; que, entre las innumerables versiones, se destaca la de Gina María Hidalgo. La caracterización y las comparaciones son magníficas. Valga citar algunos versos:

“Era rubia y sus ojos celestes

Reflejaban la gloria del día

Y cantaba como una calandria

La pulpera de Santa Lucía

Con el alma la quiero pulpera

Y algún día tendrás que ser mía

Mientras lloran las noches del barrio

Las guitarras de Santa Lucía”.

(Enrique Macial y Héctor Pedro Blomberg. 1928). Esta pieza tiene un trasfondo histórico muy importante, al referirse al año 1840, cuando se protagonizaba la famosa campaña militar de la llamada “coalición del norte”, liderada por el General Lavalle, contra las tropas de los federales, en cabeza del General Juan Manuel Rosas y Manuel Oribe; que son símbolos de la historia argentina.

Un tema muy popular y divertido es “Azúcar, pimienta y sal”, cantado por hombres y mujeres y, que en algunos apartes dice: “con su corazón de grillo…rebelde y angelical…cara de muñeca…cabecita hueca…con sus sueños de papel…así te quiero yo”. (Ernesto Ovidio Rossi, Mariano Abel Aznar y Salustiano Roco Varela), para demostrar la aceptación total de la mujer, tal como es, cuando el amor pretende ser puro, por encima de algunas características baladíes. 

Existe todo un poema con carácter de himno vital; que tiene mucha vigencia en estos tiempos aciagos, donde la vida no vale nada; ni en la contienda callejera, ni en la degradante guerra política de las potencias. Ese es precisamente el titulado “Honrar la Vida” y, cuyas mejores versionistas son damas insignes del tango como Eladia Blázquez, Susana Rinaldi y Sandra Mihoevic. En esta misma dirección, es muy importante rescatar a Susana Rinaldi, cuando canta “Sin Piel”, “Los pájaros perdidos” y “A un semejante”. Pero antes de que detonen la próxima bomba atómica los locos guerreros que se disputan el mundo y sus riquezas, es preciso escuchar con mucha precaución y un silencio ritual a Gina María Hidalgo cantando “Las voces de los pájaros de Hiroshima”.

Siempre se ha dicho que el tango es la música ciudadana por excelencia y, dentro de la música y la poesía contemporánea, es en el siguiente tema donde se halla una similitud bastante interesante entre la ciudad y la mujer. Este es el caso de “Yo Soy María” o “María de Buenos Aires” (Horacio Ferrer y Astor Piazzola. 1968), cuyos apartes dicen:

“Yo soy María de Buenos Aires

María tango, María del arrabal

María noche, María pasión fatal

María del amor de Buenos Aires soy yo

….

Soy una bruja cantando y

Amando también

Le muerdo fuerte la boca…

Con diez espasmos en flor

Que yo tengo en mi ser

Yo soy mi ciudad”

En síntesis, aquí se puede encontrar una sinonimia con varios elementos que le dan Identidad femenina, relacionados con la pasión, la noche, el arrabal y la cultura ciudadana, que configuran su ser.

Pero para citar solo música, es preciso asomarse al escenario y ver, escuchar y sentir el tema “Loca” interpretado por la Orquesta de Juan D¨Arienzo; en cuyos acordes los músicos nos muestran la pasión amorosa hasta el delirio y, el director con sus ademanes y movimientos teatrales nos hace sentir la danza de aquella mujer amada.  Y, la letra del tango “Pasional”, nos deletrea aquellos movimientos, donde pasión, ansiedad y locura dibujan el paisaje del amor: “No sabrás, nunca sabrás/lo que es morir mil veces de ansiedad/no podrás, nunca entender/lo que es amar y enloquecer” (Mario Soto y Jorge Caldara. 1951)

Pero el tango por excelencia dedicado a la mujer, en la cual se confunden amor, pasión, música, noche y bandoneón, es el icónico “Malena”; que ya se ha convertido en el símbolo universal de la música argentina, al lado de la “Comparsita”. Solo basta leer parte de sus versos para apreciar su verdadera dimensión. Tal vez por todo eso, declararon el 6 de marzo como “El Día de las Malenas”:

“Malena canta el tango como ninguna

Y en cada verso pone su corazón

A yuyo del suburbio su voz perfuma

Solo se que, en el rumor de tus tangos, Malena,

Te siento más buena,

Mas buena que yo.

Tus manos dos palomas que sienten frío

Tus venas tienen sangre de bandoneón

(Homero Manziy Lucio de Mare 1945)

El hombre le sigue cantando a la mujer con esa dulzura poética, justamente en la canción “Muchacho”, donde le declara su amor pasional hasta el llanto, vertido en sus senos, ante la luna, pero comparándola con la magnificencia del sol:

“Que no sabes el encanto/de haber derramado llanto/sobre un pecho de mujer…decime/si en tu vida pelandruna/bajo la luz de la luna/o sino bajo un farol/ni te has sentido poeta/ni les has dicho a una pebeta/que era más linda que el sol.”  (Edgardo Donato y Celedonio Flores. 1926).

Para terminar este breve recorrido por la presencia de la mujer en el tango o la relación entre el tango y el género femenino, es necesario citar la composición de dos grandes de la música contemporánea, como lo son Astor Piazzola y Horacio Ferrer.  Tal vez el tango más representativo de la modernidad, sea “Balada para un loco”,

donde se confunden romanticismo, erotismo, el tono altamente urbano, con una composición muy surrealista y, en el cual se invita a la mujer a vivir esa locura del amor. En el siguiente aparte se pueden ver y apreciar estos elementos distintivos:

“… vení, volá, sentí el loco berretín que tengo para vos…por la ribera de tu sabana vendré/con un poema y un trombón/a desvelar tu corazón…como un acróbata demente saltaré/sobre el abismo de tu escote saltaré/hasta sentir que enloquecí tu corazón de libertad…quererme así piantao, piantao, piantao /trépate a esta ternura de locos que hay en mi /vivan os locos que inventaron el amor, vivan, vivan…”

Finalizando la simbiosis humana y cultural, representada en el tango, es preciso afirmar que el mejor diálogo entre Europa y Argentina, a nivel del amor y el intelecto, se da entre una mujer y un hombre, con un telón de fondo histórico y político, en la canción “Con la frente marchita”, interpretada por Adriana Varela y Joaquín Sabina.

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