Aprender a ver las cosas como son, no implica que las veamos como queremos o creemos. De hecho, cada vez que reflexiono  sobre esto pienso que nada es como lo vemos, por lo menos con estos ojos tan humanos. Rara vez decimos lo que realmente pensamos, nos guardamos comentarios, ideas y todo porque nos perturba la idea de no ser reconocidos, aceptados por la sociedad a la que pertenecemos. Qué sería de nosotros si la familia, los vecinos, compañeros de trabajo o estudio, nos hicieran a un lado, nos anularan, sería como la muerte en vida, ¿no? ¿Porque esa necesidad de pertenecer a algo o a alguien? ¿Porque nos aférranos tanto a eso que creemos nuestro, como pertenencias, títulos, personas, etc., si ni siquiera somos dueños de nosotros mismos), de donde viene ese miedo a perder algo, si no somos dueños de nada? Sera acaso ese bicho metido en el ADN que nos obliga, sin darnos cuenta a hacer su santa voluntad, que se enmascara permanentemente para que sigamos cediéndole el trono, camuflado y maquillado para que no veamos su verdadero rosto? A veces parece amigable, pero cuidado, no lo es, podría serlo en algunos momento, si le damos un papel secundario, pero rotundamente NO si le permitimos llevar las riendas de nuestras vidas.

Nos han enseñado a  alimentar ese ego, pero mientras más difícil sea ver, reconocer y vencer el ego en sus distintas manifestaciones, el trabajo será de más conciencia y acercarse  la luz ser más fácil. ¿Nuestro HUESPED, aquel que albergamos dentro, lo alimentamos, nutrimos y le damos todo el poder, como desenmascararlo? Solo veo una manera: elevando conciencia, viviendo en un eterno presente, cambiando la realidad que vemos, incluyéndonos a nosotros mismos.

El juego del ego es bastante refinado, ya lo decía Herman Hesse en El Lobo Estepario, “Hacia el espíritu, hacia Dios lo impulsa la determinación más íntima; hacia la naturaleza, en retorno a la madre, lo atrae el más íntimo deseo: entre ambos poderes vacila su vida temblando de miedo”…Poderes avasallados por el miedo, una de las manifestaciones más fuertes del ego y caemos por miles de años en su hechizo. ¿Se nos va la vida y no logramos entender que activar la magia para romper el hechizo empieza por identificarlo y que además es muy fácil, saben por qué?… Porque todo es ego.

Cuando las cosas no salen como queremos o esperamos, cuando el dolor, la frustración o la enfermedad entran en nuestra vida, se puede elegir entre ser víctima o entregarse al proceso, una es la conciencia del sirviente y la otra es la conciencia del Rey. En ambas está presente el ego, la cuestión es elegir con cual versión quieres jugar, ya sabemos que pasara con la una o con la otra, pero elegir sin rendición, es un buen camino para desentrañar ese falso amo, llamado ego.

Ganarle al ego no es otra cosa, que obligarlo a entender que no es el jefe, que no manda, que esta para servirnos y obedecernos, algunos sostienen que hay que destruirlo, como el Kabalista Yehuda Berg , en su recomendado libro “SATAN, una autobiografía”, donde manifiesta que al ego hay que darle una patada y mandarlo lejos. Con respeto a él digo que al ego hay que enseñarle  que él no  manda y para hacerlo debemos tener la certeza absoluta de que somos los únicos dueños de nuestras vidas y que solo ganamos cuando aprendemos a soltar.

El proceso de soltar, aplica para todo, no sólo para aquello que no nos gusta, sino incluso aquello que nos da bienestar y nos complace. Soltar no es entregar nuestras pertenencias a otros o dejar de querer a los que queremos, soltar es un acto de liberación con conciencia, de entendimiento y por supuesto  que el ego entrara en alerta y pondrá más trabas al proceso, incluso dirá ” esta oveja se me esta saliendo del rebaño”, y ahí el juego se pondrá más interesante, algunos desistirán, otros seguirán adelante talvez tome varias o muchas encarnaciones , pero al final del final seremos conscientes de que somos conscientes, y despertaremos de esta ilusión  y abriremos los ojos para reconocer a nuestro amigo infiel: el ego, esta vez empequeñecido y a nuestro servicio, dispuesto a obedecer al verdadero amo: Nuestra conciencia.

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