Quise entrar a un chat virtual, aunque no nos veríamos, pero de algo serviría. Así lo hice y el contacto fue casi que inmediato:

Hola, hermosa, ¿cómo estás? Así comencé mi conversación, esperando que, al otro lado, allá, no sé dónde, alguna bella mujer me contestase. No le había visto una foto siquiera. Entré al Messenger y ella estaba ahí. No tenía nombre, ni señal alguna. Solamente decía: mujer solitaria.

–          Hola. Me contestó.

El nombre perfecto para empezar una relación por internet. “mujer solitaria”. Ni podía creerlo, pero entendí que era conmigo y que nadie más estaba chateando con ella.

-¿Eres casada o soltera? Me encantaría saber para continuar y elegir las palabras correctas.

–     Soy casada, pero aburrida. Casi todo el día la paso sola, pues mi esposo está siempre trabajando, llega tarde, cansado y ni mira los niños. Conmigo, nada.

– ¡Pobrecita! Y lo más triste es que ni sales. Imagino que haces el oficio diario, comidas, arreglo de casa, lavada de ropa, todo eso.

–      Cierto. Y lo más triste es que el fin de semana se pone a ver televisión y especialmente el fútbol.

Ese es un verdadero zoquete. Lo pensé, no lo dije, por temor a que ella contestara que su vida era esa y que no me metiera en lo que no me importaba

– ¿Eres casado? Me preguntó.

–      Sí, mi mujer es cansona y molesta demasiado. No me la aguanto. Llego tarde por mi trabajo, pero refunfuña y me sirve una comida fría. Es muy difícil. Además, no hacemos el amor hace años. Tenemos tres hijos.

–          Qué bien. ¿En qué ciudad vives? Le pregunté

–          En Cali. Al norte.

–          Uyyy. Estamos cerca, entonces.

Esto se estaba poniendo mejor de lo que me imaginaba. En Cali, cerca, podía ser en el centro, por la 14, pero tan poco tan rápido debía ir yo. Sin conocerla y, además, podría disgustarse si acelero todo.

–          ¿Por dónde vives?

–          La Flora.

–          Excelente. Cerca de mi casa, porque vivo por el mismo sector.

–          Y ¿qué haces en la tarde?

–          Nada. Si quieres, puedes venir. Mi marido no está, llega como a las 8 y mis hijos andan en el colegio hasta las 6.

– ¿En serio quieres que vaya?

–      Claro, nos conocemos y una no sabe.

Está hecha la tarde. Suspendo todo a las 3 y voy a visitarla. Mi mujer ni se enterará.

– ¿Cuál es tu dirección?

–          Calle 11 N 24 – 125

Esa es la dirección de mi casa ¡Mierda! ¡Mi mujer!

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