COLUMNA PALABRA EMPEÑADA

Cuando empezamos a despertar de la difícil situación generada por la inactividad mundial debido a la aparición de la pandemia por el COVID-19, vemos y sentimos lo que anunciábamos en escritos anteriores: crisis sanitaria, crisis económica, desasosiego generalizado y mucha desesperanza.

Y si a esto le sumamos la indisciplina nuestra para evitar un rebrote del coronavirus, pues la cosas van de castaño a oscuro.

Somos muy dados a justificar nuestra falta de disciplina argumentando que los colombianos somos así. Muchos creen que el problema del coronavirus pasó porque sencillamente ya se ha abierto la mayoría de operaciones económicas y sociales en el mundo. Otros piensan que son cuerpos gloriosos y que a ellos NO les va a dar la virosis. Y la mayoría creemos que con un cuidado moderado todo volverá a la normalidad.

Pero la realidad es muy distinta.

Aunque muchas entidades gubernamentales hicieron ingentes esfuerzos para mitigar el efecto devastador de la inactividad económica y se implementaron protocolos sanitarios y de emergencia para salvaguardar nuestras vidas, la verdad muchas actividades se frenaron de tal manera, que lo asemejo a como cuando apagamos la luz a través de un interruptor eléctrico. ¡PARALISIS Y OSCURIDAD TOTAL! Pero hoy al reanudar e intentar normalizar muchas actividades después de seis meses de lentitud en nuestras vidas y cambio de costumbres para realizar lo que rutinariamente efectuábamos, nos encontramos que no es tan fácil reanudar la dinámica de meses anteriores: No es como cuando queremos volver a encender el bombillo que genera luz. Volver a retomar las actividades personales, sociales y económicas va a ser muy dispendioso e inclusive, vamos a tener que adaptarnos a un nuevo mundo con reglas de juego distintas a las que veníamos teniendo antes de la aparición de esta desafortunada pandemia.

Muchos expertos se atreven a asegurar que lo que viene es lo más parecido a una pos guerra, aun, sin acabar de terminar el problema de los altos niveles de contagio y muertos por culpa del COVID-19. 

Nueve meses después de la aparición del coronavirus en China, de contabilizar más de un millón de muertos en el mundo por esta causa y de sentir una recesión económica insospechada, hoy vemos que aún se conservan muchas restricciones y limitaciones frente a la movilización y actividades sociales.

Reconocemos que la tarea de los trabajadores del sector salud, y en especial de los médicos ha sido titánica, y que las decisiones de nuestros alcaldes, gobernadores, ministros y de la presidencia de la republica nunca la entenderemos como medianamente acertadas, pero es culpa de las tragedias en todos los ámbitos y que parecen no detenerse.

Lo que sí es claro es que debemos entre todos evitar la transmisión y el contagio del coronavirus, y que, además, es una actitud innegociable. No podemos justificar por ningún motivo el descuido que estamos viendo y viviendo entre nuestros conciudadanos.

No es fácil adaptarse de manera tan inesperada a un estilo de vida diferente al que traíamos, pero frente a la amenaza de muerte como nos lo hace ver la pandemia, no hay más remedio que aceptar las nuevas condiciones mundiales.

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