Arbolista Paisajista

Revista Digital Arrierías 72

Tenemos que mejorar el éxito de las siembras de árboles y existen una serie de factores que deberían tenerse en cuenta a la hora de poner en marcha plantar arbolitos en los jardines de nuestras residencias. Cuando plantamos un árbol en el patio de la casa, la velocidad con la que la plántula se acopla al nuevo ambiente es un factor clave para garantizar su supervivencia y desarrollo.

Este acoplamiento depende del contacto efectivo entre las raíces y el suelo. Mientras que se produce este contacto, la plántula continúa transpirando, pero sin la capacidad de satisfacer esta demanda hídrica mediante la absorción de agua por parte de sus raíces. Esto le lleva a sufrir un estado de estrés hídrico conocido como choque pos trasplante.

Para evitar este estrés es fundamental realizar una buena preparación del terreno que suele combinarse con un riego abundante tras la plantación conocido como riego de establecimiento. A pesar de su efectividad, su viabilidad es limitada. En ambientes de urbanizaciones, sí es posible hacer dicho riego continuo, pero cuando la plantación se realiza en el monte sólo queda esperar que llueva lo antes posible.

En ambientes caracterizados por la sequía, el choque pos trasplante se recrudece. Entre estos factores, el tamaño es un buen indicador de la supervivencia en campo y además es barato y sencillo de evaluar. Se ha demostrado a escala global que cuando se plantan árboles de la misma edad y de distinto tamaño, la probabilidad de supervivencia es mayor en las plantas más grandes.

La razón de esta diferencia tiene que ver con ese acoplamiento entre el suelo y la planta. Las plantas de mayor tamaño tienen una mayor capacidad fotosintética y unas mayores reservas nutricionales, lo que favorece su tasa de crecimiento tras la siembra. Esta mayor tasa de crecimiento se relaciona con la capacidad de crear nuevas raíces y, por tanto, acoplarse al nuevo ambiente. Por eso el tamaño es un buen indicador de la calidad de la planta.

Sin embargo, cultivar plantas de calidad requiere planificación, inversión e infraestructuras. En este sentido, muchas de las plantaciones que se realizan en la actualidad no son planificadas con suficiente antelación como para que se puedan producir plantas con unas características adecuadas.

Los escenarios climáticos para muchos pueblos son desalentadores. El aumento de la frecuencia y magnitud de eventos de sequía y olas de calor aumenta la mortalidad en las nuevas siembras.

Tenemos que combinar el uso de tecnologías orientadas a mejorar la disponibilidad de agua para los árboles y plantas ornamentales. Estableciendo sistemas de riego automatizados. En este contexto cabe recordar que plantar árboles no es sinónimo de disfrutar de los servicios eco sistémicos que una masa forestal puede proveer.

Se requiere décadas para que estos árboles actúen como sumidero de CO2. Para que esto ocurra es necesario una buena gestión a largo plazo de estas plantaciones que garantice un estado de salud óptimo.

Sembrar árboles es fundamental para restaurar áreas degradadas, mitigar el cambio climático y mejorar el ambiente de los entornos urbanos.  Es una actividad esencial de educación ambiental al implicar a la comunidad en la recuperación de espacios que han sido talados por otros Seres Humanos.

Hay decenas de personas que les molesta la tala indiscriminada de árboles y deciden inventárselas de un día para otro, sin ton ni son y no cuentan con la planificación y los medios adecuados para ejecutarlos con garantías plenas de éxito. El resultado de una mala planificación y ejecución es un cementerio de árboles secos, caídos de un lado por los vientos y secos por falta de agua, lo que es una pérdida de tiempo y dinero.

! Planifica tus siembras.!

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